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| Mi historia empieza como la
de todos nosotros, de repente un día se empiezan a utilizar prendas íntimas
femeninas y se continúa hasta transformarse en una mujer. No recuerdo bien
cuando fue la primera vez, pero era muy pequeño. Una chica de servicio que
había en mi casa tenía unas preciosas prendas íntimas, que me llamaban la
atención cuando las veía tendidas. Un día hurgando en su maleta, saqué unas braguitas, después de mirarlas un buen rato, empecé a desnudarme y lentamente me las puse para sentir su suavidad. La sensación que experimenté, fue muy rara y a la vez excitante. Poco a poco fui repitiendo estas experiencias, y cada vez utilizando alguna otra prenda, siempre a escondidas sin que nadie de mi casa se enterara. Cuando estaba solo en casa, pensaba en esos momentos en los que colocaba esas prendas tan suaves y bonitas sobre mi cuerpo, dirigiéndome inmediatamente a la maleta a buscarlas. Unos años después, ya era bastante alto para mi edad, me vestía completamente con la ropa de la chica de servicio que teníamos en casa, colocándome un pañuelo en la cabeza, para ocultar mi pelo corto. Cada vez intentaba una nueva experiencia, la última había sido pintarme los labios. Jugaba con mis amigos y vecinos en mi casa a los maestros, eran todos más pequeños que yo y les explicaba en una pequeña pizarra que tenía como si fuera su profesor del colegio. Un día les dije que la clase se la daría una maestra, se extrañaron bastante y cuando me vieron aparecer no se lo podían creer. Esa fue la primera vez que aparecía delante de otras personas como una chica. Cada día que podía utilizar el maquillaje y la ropa femenina, probaba una nueva manera de hacerlo experimentando nuevas formas de aplicar el maquillaje. Ya había comenzado a maquillarme completamente toda la cara y cada día estaba más contento con el resultado de mi nueva imagen. En mi casa, nadie sospechaba lo que me estaba sucediendo y sin embargo yo mismo me encontraba cada vez más cambiado. Procuraba utilizar la ropa cuando en mi casa no había nadie, o bien me encerraba en el baño, pintándome los labios, colocándome unas braguitas, un sujetador y algún jersey. Cada vez intentaba realizar y probar nuevas formas de maquillaje, empezaba a fijarme en las demás chicas, en su forma de moverse, de arreglarse tanto en el peinado como en el maquillaje. Pasaron dos años y mi cuerpo no tenía ningún cambio significativo, el vello no había aparecido en ninguna parte de mi cuerpo a excepción de mi zona testicular. Empecé desde un principio a afeitármelo dejando solamente una pequeña zona sobre mi pequeño pene, lo había visto en una revista y me parecía muy femenino. Intentaba dejarme el pelo lo más largo posible para poder peinármelo como estaba aprendiendo ha hacerlo, pero mis padres no les gustaba y continuamente me decían que me lo cortara porque parecía una chica. En mi interior me repetía que eso era lo que quería ser, pero no me atrevía a decírselo. En los momentos en que podía quedarme totalmente solo en casa, mi única obsesión era vestirme y comportarme como una chica el mayor tiempo posible. Seguía con mis estudios en el colegio con muy buenas calificaciones, mi relación con mis compañeros era inmejorable, en ningún momento nadie podía imaginarse los momentos que en solitario pasaba en mi casa como una chica. Había conseguido tener controlado donde se encontraban cada una de las prendas que utilizaba y así poder en muy poco tiempo vestirme y disfrutar de ello el mayor tiempo posible. En lo referente al maquillaje había aprendido mucho, sabía como ocultar pequeños defectos en la cara como granitos, disminuir la nariz y la barbilla. Cada día mejoraba la forma de maquillarme y me encontraba cada vez más guapa en mi personalidad femenina. Me encantaba leer las revistas femeninas que había en mi casa aprendiendo de ellas lo referente a moda y maquillaje. Un día que mi madre había salido y no volvería hasta la tarde y además la muchacha estaba en su pueblo, decidí probar si realmente alguien podría reconocerme vestido como una chica. Eran las nueve de la mañana y tenía por delante todo un día para mi solo, mejor dicho “para mi sola”. Al levantarme por la mañana me había duchado y había rociado mi cuerpo con una crema hidratante que había en el cuarto de baño de mi madre. Empecé por hacerme una coleta estirándome cuanto pude el pelo hacía detrás. Tenía las cejas poco pobladas porque procuraba depilármelas, sobre todo el entrecejo y el inicio de las mismas, pero no eran nada femeninas, para conseguir arquearlas utilizaba un poco de simulador mezclado con el maquillaje y jabón. Lo aplicaba al principio de la ceja, para que esta comenzara más o menos en la vertical de las aletas de la nariz. Luego por la parte de atrás, lo aplicaba por debajo de la ceja para poder arquearla lo más posible. Estas pequeñas cosas son las que había practicado y experimentado varias veces hasta conseguir el mejor resultado. Una vez conseguido el resultado apetecible, empezaba aplicando el maquillaje sobre toda la cara, utilizaba sombras de color marrón para disimular la barbilla y en ambos lados de la nariz para estrecharla. Una vez aplicado el maquillaje, y con la cara bastante cambiada, maquillaba los ojos con una sombras de tonos terrosos, acabando por delinearme los ojos con un lápiz de color oscuro, para posteriormente difuminarlo con un pincel, esto se lo había visto hacer a mi madre cuando se arreglaba. A continuación me apliqué la máscara de pestañas aumentando, alargando y curvando las pestañas que en aquella época eran bastante largas para ser las de un chico. Mis ojos y pestañas siempre han llamado la atención desde muy pequeño eran muy grandes y las pestañas largas y pobladas. Comencé a vestirme despacio, cuidando cada uno de los detalles. Al ponerme la braguita me coloqué el pene hacía detrás como había aprendido a hacerlo, mis testículos que eran muy pequeños se ocultaban al realizar esta operación. Los pantys fue la segunda prenda que me ajusté, se deslizaban por mis piernas suavemente. Me colocaba unas hombreras en la zona de las caderas para aumentarlas, a continuación, un sujetador con corsé que se ajustó a mi cuerpo. Solo faltaba colocarme el vestido que había seleccionado. Lo coloqué sobre el suelo, y poco a poco lo fui subiendo desde mis pies hasta introducir mis brazos por las mangas para a continuación subir la cremallera. El vestido se ajustó a mi cuerpo como si estuviera hecho a mi medida, había conseguido que mi cuerpo aumentara y disminuyera en las zonas necesarias para la creación de un cuerpo muy parecido al femenino. Me solté el pelo, empezando a peinarlo lo mejor que sabía, dándole forma y volumen, dejando caer sobre mi frente un hermoso flequillo. A continuación me puse el pañuelo sobre la cabeza consiguiendo así un aspecto femenino. Había tardado dos horas en arreglarme y el resultado era maravilloso. Pretendía comprobar si alguien podía conocerme en mi identidad femenina y para ello iba a llamar a uno de mis amigos de la casa que vivía dos pisos más abajo del de mis padres. Saqué unos zapatos de tacón y después de colocármelos tomé un bolso a juego. Pasee unos minutos por el pasillo para acostumbrarme a los zapatos aunque no me resultaba extraño andar con zapatos de tacón, me los solía poner en todo momento en que me encontraba solo. Estaba muy nervioso, descolgué y marqué el número de teléfono de mi amigo, le pedí que subiera a mi casa, porque quería enseñarle una cosa. Abrí la puerta de mi casa y comencé a bajar las escaleras muy despacio cuando oí abrir la puerta a mi amigo, encontrándome con él entre los dos pisos, le saludé intentando poner una voz lo más femenina posible y pasé a su lado sin que se diera cuenta que era su amigo el que se acababa de cruzar con él. Me di la vuelta y le llamé por su nombre, se volvió extrañado y me preguntó que es lo que quería, seguía sin conocerme. |