Sodomizado. Fotos de sexo gay totalmente gratis. El mejor sexo gay lo podrás encontrar aquí. Miles de fotos y videos gay gratis
otros links gay de interes:
| SEXO GAY | VIDEOS GAY | FOTOS GAY |
| chat gay,gay chat, chat gay chueca, chat gay gratis, chat chueca gay, chat gay madrid, chat gay euskadi, chat gay barcelona, chat gay de chueca, chat de gay, gay chat uk, chat gay valencia, chat gay malaga, chat gay canarias, chueca chat gay, chat gay andalucia, gay chat euskadi, chat gay bcn, chat gay sevilla, chat gay en españa, video chat gay, chat gay de chueca com, chat gay murcia, chat gratis gay, chat gay latino, chat gay zaragoza, chat gay navarra, chat gay internacional, gay chat chueca, chat gay webcam, chat gay paris, bcn gay chat, gay chat españa, chat gay en castilla la mancha, chat sexo gay, chat gay alicante, chat gay cam, chat gay gratuito, chat gay com, aragon chat gay, gay chat español, chat gay joven, gay chat gratis, chat gay irc, chat gay mexico, chat gay maduro, gay chat barcelona, gay chat mexico, chat gay vigo, irc chat gay, gay chat malaga, chat gay de badalona, chat webcam gay, chat gay mallorca, chat latino gay, chat gay valles, chat gay bisex, chat gay almeria, chat gay universal, chueca com chat gay, www gay com chat, chat gay aragon, chat gay web cam, chat gay en canarias irc, gay canarias chat, chat gay cadiz, chat gay de asturias, chat gay tarragona, gay bcn chat, chat gay en madrid, chat gay extremadura, chat gay cataluña |
Mini relato Gay
|
Toda su enorme polla estaba dentro de mi intestino. Subió las manos por mi vientre y mi cuerpo hasta mis pechos y los cogió, uno con cada mano, estrujándolos y apretándome con fuerza los pezones hasta hacerme dar grititos de dolor. "Venga, guarra, ahora sube y baja, hazme una buena paja con tu culo", me ordenó. Era fantástico. Yo veía pasar la carretera y los coches por el gran parabrisas del camión, mientras mi cuerpo desnudo subía y bajaba, empalado en la gruesa polla. Notaba todo mi cuerpo cruzado por latigazos de placer, que recorrían mi vientre, mi pecho, mis muslos y mi espalda. Mientras gemía sintiendo los golpes de la gruesa polla de Rafael dentro de mi culo, mis huevos empezaron a estremecerse y mi pequeña colita, tiesa como un palo, se corrió. Mi follador, que se dio cuenta a tiempo, me cogió la pollita y la puso bien hacia arriba y pegada a mi vientre, para que mis chorros de semen fueran a parar a mi cara y mi pecho y resbalasen por mi cuerpo desnudo. Entonces me agarró con fuerza las caderas para obligarme a acelerar mis movimientos de subir y bajar, noté las contracciones de su polla y de pronto me sujetó fuerte contra su pubis y sus huevos y noté los chorros de semen que penetraban en mi intestino, mientras yo gemía loco de placer y él soltaba un fuerte gruñido de satisfacción. Me quedé sentado sobre él un buen rato, con su polla dentro, tan caliente y cachondo que apenas podía abrir los ojos y mi acelerada respiración no se tranquilizaba. Por fin, empujó mis caderas para levantarme, sacó la polla y me volví a sentar a su lado, entre los dos camioneros. Rafael, el que me había follado, me ordenó que le limpiase bien la polla con la lengua y lo hice cuidadosamente. A pesar de acabar de correrse, la polla empezó a ponérsele tiesa de nuevo bajo mis lametazos. Alberto empezó a reducir velocidad y se detuvo en un aparcamiento de la autovía. "Bueno, ahora me toca a mí, así que conduces tu", le dijo a su compañero. Rafael se puso al volante y mi ligue del domingo ocupó su puesto. El camión arrancó de nuevo y volví a sentarme abierto sobre la otra polla. Esta vez no hubo necesidad de saliva, porque Rafael me había dejado el culo bien abierto, de manera que el grueso y largo pollón de Alberto entró sin dificultad, y estuvo buen rato follándome hasta correrse dentro de mi. Después de limpiarle también el rabo con la lengua, yo quedé literalmente exhausto, me dejé caer rendido y desnudo en el asiento entre los dos tíos. Así seguimos viaje durante un par de horas, conmigo sentado en cueros entre los dos camioneros, que me hicieron contarles mis andanzas sexuales y me recompensaban con buenos sobajeos por todo mi excitado cuerpo. De pronto, Rafael indicó a Alberto que tenían que repostar gasoil, y éste le contestó que condujera hasta "la gasolinera de Marcos", que apenas faltaban veinte kilómetros. Rafael asintió y se echó a reir. "Ya veo, seguro que lo dices por el chico". "Pues claro, me dijo Marcos que el chico ya tiene permiso y que se queda en la gasolinera". Entre risas, Alberto me explicó que Marcos era un amigo de ellos, antiguo camionero y que ahora estaba de encargado en una gasolinera, y que el chico era un negro mauritano "muy especial", sin querer explicarme por qué. La gasolinera de Marcos era como tantas. Varios postes de servicio a ambos lados de la autovía y a la derecha el edificio de caja, tienda y cafetería, y al lado un gran aparcamiento y un pequeño hotel de una estrella. En el aparcamiento estaban más de una decena de camiones, porque era cerca de mediodía y sus conductores estaban comiendo en la cafetería. Rafael paró el camión junto a uno de los postes de gasoil y yo iba a ponerme el short y la cazadora, pero Alberto me dijo que estaba bien en cueros. Un gigantón más o menos de la edad de Alberto se acercó al camión, saludó alegremente a mis compañeros de viaje y miró de arriba abajo mi cuerpo, visible por el gran parabrisas. "¿Qué hay, Alberto? Hola, Rafa. Ya veo que lleváis un buen coño para el camino", y se echó a reír. Alberto bajó del camión y le estrechó la mano entre risas de ambos. Rafael abrió la puerta de su lado y bajó del camión. Un chico negro joven, de unos veintitantos años, alto y delgado, vestido con un mono de trabajo, se le acercó. Sin duda era el mauritano del que me habían hablado. Me miró con curiosidad y se puso a llenar los depósitos de gasoil del camión. Yo me sentía en una situación muy rara, con el camión rodeado de machos y yo sentado solo en la cabina, como en un escaparate, con las puertas abiertas a los lados y ante el gran parabrisas de cristal. Alberto hablaba algo con Marcos y reían divertidos. Rafael y el chico mauritano estaban ocupados en llenar los depósitos y fuera de mi vista. En eso que Alberto se acercó a la puerta y me dijo: "Venga, guarra, date un paseo. Baja del camión y vete detrás del edificio". Fui a coger los shorts para ponérmelos y Alberto me paró: "Eh, eh, nada de vestirte maricón. Así en cueros estás más mona. No dirás que le da vergüenza ir en cueros a una guarra como tu". Me sentí al mismo tiempo excitado y un poco asustado. No había ningún otro coche repostando. Desnudo como estaba, sólo con las zapatillas rosa de esparto, bajé del camión y moviendo mucho las caderas y las nalgas, caminé lo más rápido que pude, pasé al lado del edificio de la caja y fui a la parte de atrás. Allí únicamente había campo y la puerta de los servicios. Quedé unos momentos sin saber que hacer, hasta que los cuatro, Alberto, Rafael, Marcos y el chico mauritano, vinieron a reunirse conmigo. Fue Marcos el primero que habló: "Bueno, maricona ¿cómo te sientes aquí sola con cuatro buenos machos?". Me puse muy colorado mientras todos reían y de nuevo noté la excitación en mis huevos y que mi pequeña polla empezaba a empalmarse. Marcos se acercó y dándome un fuerte azote en las nalgas me ordenó pasar a los servicios. Los cuatro entraron detrás de mi y el chico mauritano cerró la puerta con un pestillo. Era una sala grande, en una pared se alineaban cinco lavabos con espejos y a continuación como una docena de urinarios, sin separación entre ellos. Enfrente estaban las puertas de seis retretes, y ya al fondo se veían dos duchas, con las puertas abiertas. A esas alturas, yo me había dado cuenta que Alberto y Rafael habían decidido que yo hiciera de puta para Marcos y el chico y seguramente también para repetir ellos. Bueno, la cosa me apetecía y me dispuse a servirles con todas mis ganas para que me disfrutasen a tope. Marcos, Alberto y Rafael no tenían ganas de perder tiempo, porque rápidamente se desnudaron. Sus corpachones grandes, fuertes y velludos, y sus pollas gruesas y largas me hicieron sentirse de nuevo excitado a mil. Sin embargo, no se me acercaron, parecían esperar algo. Entonces el chico mauritano se bajó la cremallera del mono y se lo quitó. Tenía un cuerpo sin vello, delgado y muy musculoso, brillante la piel negra. Incluso antes de que se quitara los calzoncillos adiviné por qué había dicho Alberto que era "especial". Cuando se los bajó tragué saliva, entre cachondo y asustado. Aquello era increíble, entre sus piernas colgaba un rabo que incluso así, blando como estaba, le llegaba a más de medio muslo y era grueso como mi muñeca. Costaba imaginar cómo sería empalmado, aunque iba a tener ocasión de verlo y sentirlo enseguida. Sin contemplaciones, el chico me hizo arrodillarme y me ordenó lamerle el enorme pollón negro, que empezó a ponerse duro con rapidez bajo el estímulo de mi lengua. Por el grosor no podía ni intentar meterlo en mi boca, así que me puse a lamerlo intensamente, arriba, abajo, alrededor. Tieso era impresionante, un enorme cilindro de mucho más de un palmo de largo y como cinco o seis centímetros de diámetro. Pensé que mi violación por ese rabo iba a ser dolorosa, aunque no imaginaba cuánto. Los cuatro se habían agrupado a mi alrededor. Yo, de rodillas, iba chupando de polla en polla, metiéndome en la boca las de Alberto, Rafael y Marcos y lamiendo la negra del chico mauritano. Los cuatro las tenían ya tiesas a tope. De pronto, Marcos me ordenó ponerme de pie y me dijo: "Zorra, te ha llegado la hora, esto no lo vas a olvidar". Me llevó hasta un lavabo y me hizo apoyarme agachado, con las nalgas en pompa y con las piernas abiertas. El chico mauritano se puso detrás de mi, con su enorme rabo negro tieso como un palo. Yo lo veía por el espejo del lavabo mientras me acariciaba las nalgas y las abría. Empezó a poner crema en mi agujero y fue metiendo sin dificultades los dedos para dilatarme lo más posible. Luego llegó el momento. Marcos y Alberto se pusieron uno a cada lado y me sujetaron los brazos. El chico me cogió las caderas y noté la cabeza del enorme rabo entre mis nalgas, sobre el culo bien lubricado. Respiré hondo y procuré relajarme al máximo. De repente, casi al mismo tiempo, el chico empujó su pene contra mi agujero y Rafael me tapó la boca con su manaza, ahogando mi alarido de dolor mientras el enorme pollón negro se abría paso entre mis esfínteres y penetraba, despacio pero imparable, en mi interior. Las lágrimas salían a chorros de mis ojos y me hubiera caído de no sujetarme Marcos y Alberto por los brazos. En el suelo se hizo un pequeñito charco de sangre, formado gotas que caín de mi culo. Mientras el gigantesco pene invadía mis entrañas, noté la excitación de la próstata y empecé a orinarme sin poder impedirlo. El chico parecía incansable. Adaptado ya mi culo a su polla, dejaron de sujetarme los brazos y Rafael quitó la mano de mi boca. Mis gritos eran ahora gemidos entre de dolor y placer que excitaban aún más a mi violador, que estuvo metiendo y sacando la polla durante un rato que parecía interminable, quizá un cuarto de hora, antes de correrse con chorros largos y calientes en mi sensibilizado intestino. Los otros tres se corrieron en mi culo uno tras otro, estaban tan salidos con el espectáculo que se corrieron todos muy rápido. Yo, tras descansar un poco en el suelo, me levanté y me lavé bien el culo en un lavabo, tras limpiarme los chorros de semen que escurrían entre mis muslos. Los tíos se vistieron y yo volví en cueros a la cabina del camión. Alberto se volvió a poner al volante y salimos de la gasolinera hacia Almería. Notaba mi culo acorchado y tenía el cuello y los hombros llenos de moratones y señales enrojecidas en los pechos. Muy divertido, mientras me sobajeaba con ganas, Rafael me dijo que ahora venía lo mejor y que me fuese preparando porque íbamos a un sitio donde yo iba a hacer de coño para decenas y decenas de tíos salidos como monos. Joder, pronto sabría que se quedaba corto en lo que se avecinaba. |