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Mini relatos:

A diferencia de los vampiros, las almas de los vamanos podían resucitar en otros cuerpos. Era el famoso fenómeno que todos conocen como la reencarnación. Algunas veces, podían recordar de sus vidas pasadas, pero la inmensa mayoría no lo pueden. Al ver el rostro pasmado de Schwan como si hubiera escuchado una pregunta más estúpida de su vida, William se arrepintió. Faltaba sólo eso, que le considere un loco...

- William... no me digas que tenés amnesia...

De nuevo esquivó su mirada. Hubiese deseado de tenerlo para borrar todo lo que había pasado en aquella noche. Pero no... Lo recordaba perfectamente, incluso aquel beso... Era como si besara un metal frío. Como si no tuviera nada de vida ni sentimiento.

-¨ Por favor, no lo hagas, Black...¨

Recordó la suplica de aquel muchacho. Era la segunda vez que lo salvaba... Pero, por qué lo hacía si apenas se conocen, al menos físicamente si lo conocían. Pues quien podía olvidarse de un cuerpo tan bello y perfecto. Había pasado la mejor noche de toda su vida, aunque la velada terminó de la manera menos deseada.

« Albert... » - pensó recordando su rostro asustado.

Por lo que había pasado, todo esto concluía que el chico era más un simple aliado de las bestias, sino una presencia importante sobre todo para Black. Había acertado su hipótesis.

Antes que Schwan dijera algo, apareció en la sala, un hombre que tenía puesto un traje claro con una gabardina larga.

- Qué tal se encuentra el muchacho, capitán Schwan? – era el comandante Wolf en persona quien al ver a su joven discípulo despierto, dibujó una sonrisa en su labio.

- Veo que estas de nuevo con nosotros...- y siguió riéndose. – Ahora no necesito preocuparme de nombrar a otro sucesor mío.

Los otros dos miraron con una mirada atontada a su jefe. Bueno, el viejo le encantaba hacer broma, pero no era un momento indicado...

- Bueno, capitán... Quiero hablar con el muchacho, en privado... – dijo esta vez con una seriedad de siempre.

Cuando el capitán abandonó la sala con la cara menos persuadida, con una sonrisa irónica el comandante continuó:


- Y ahora, vamos escuchar tu historia... Sé que estuviste involucrado con el gran pez..

- Albert, te traje algo para comer... – dijo Bill dejando la bandeja en la mesa.

- No tengo hambre – dijo Albert sin mirar el contenido. Estaba leyendo un libro en el balcón de su cuarto.

- Albert, no comiste casi nada – y suspiro al ver la frialdad del muchacho que correspondía su dedicación.

Había pasado 3 días desde que Albert regresó sano y salvo. Pero no tanto su memoria, pues Black utilizó su fuera para borrar todo lo que había pasado con William.

- Puedo pedir permiso al señor, y podemos salir a donde quieras – dijo Bill con la esperanza de animarlo un poco. Desde entonces, Albert estaba de castigo. Ni siquiera podía irse al colegio, algo que el muchacho no lo tomó a gusto. – Podemos irnos de compras...

- No recuerdo que haya hecho algo para dejarme castigado, de nuevo – opinó Albert esta vez mirando el rostro de Bill. – Y también no sé por qué Black está enojado conmigo...

- My lord no está enojado contigo...

- Ah... Si?.. Hace 3 días que no le veo. Ni siquiera se molestó de hacer una llamada por teléfono – dijo tirando bruscamente el libro que estaba en su mano. – Le odio... Hasta cuándo debo estar encerrado?... Ni siquiera me deja ir al colegio. Si me convierto en un necio, es todo por culpa de Black.

Bill se rió. A final, Albert seguía siendo un chico mimoso y caprichoso.

- Sabes bien que tu nivel de estudio no está atrasado, incluso ya aprendiste todo lo que enseña en un colegio – y continuó riendo.

Pronto la atención de los dos se centraron en un vehículo que venia hacia la mansión. Era una limusina negra.

- Que raro... – pensó Bill, pues no esperaba a nadie a esa hora. Al menos que sea... un extraño.

Cuando la limusina paró enfrente del portón, bajó un sujeto que tenía puesto un T-shirt y un jean negro. Su largo cabello que llegaba hasta el hombro, era de color rojo caoba acomodada con un gancho. Sin molestar de llamar, abrió el portón como si se tratara de su casa. Al llegar al salón donde todo era oscuro, fue recibido por miles de vampiros quienes agacharon sus cabezas como si se tratara de un rey o algo parecido. Otras se acercaron para recibirlo con besos y gestos sexuales. Rozando su mano en los pezones, dijo:

- Me extrañaron, dulzuras?

Y agarró una de tantas y la besó apasionadamente, tocando todo su cuerpo.

- Veo que no hicieron tantas orgías durante mi ausencia... – continuó tocando la entrepierna de la otra.

- Nadie es tan enfermo como tú, Justin – dijo Bill bajándose por la escalinata principal. – Veo que has regresado...

Dejando sus actos sexuales, Justin se arrimó hacia a Bill quien lo miraba con una cara nada feliz por su regreso. Era como recibiera a un hijo problemático que siempre causa traba en la familia.

- Mi amigo... Veo que sigues siendo tan serio y también sexy... – y dibujó una sonrisa inocente. – Sabes, te extrañé mucho, baby... – y acercó para darle un beso en su mejilla, pero Bill negó moviendo bruscamente su cuerpo.

- Eres un demente – murmuró Bill con una mirada colérica.

Justin seguía mirándolo con una sonrisa tierna, como si su enfado fuese un motivo de risa para él. Un perfil delicado e inocente, sin ninguna expresión de maldad ni de odio, eran las cualidades principales de este joven que aparentaba tener unos 17 años. Era alto, pero no tanto como Bill. Apenas superaba unos centímetros a Albert. Delgado pero con músculos bien marcados por ejercicios y varias sortijas en su oreja derecha. Quien diría que este joven con aspecto tan delicado fuese unos de los cuatro caballeros de la noche.

- Quién es? – preguntó Albert llegándose junto a ellos.

Al ver al joven, Justin silbó expresando su sorpresa.

- No me digas que tú eres... Albert? – preguntó rodeándole.

Albert asintió con su cabeza intentando alejarse.

- Dios, como haz crecido tanto... – y envolvió su mano en la cintura del joven. – y también eres todo un bombón... Veo que Black no se ha equivocado cuando decidió quedarte contigo.

Albert se puso algo confundido. Nunca había escuchado que alguien pronunciara el nombre de Black con tanta confianza, como si lo trataba de un amigo o algo parecido.

- Veo que no me recuerdas, honey... Que pena... – sujetando el rostro del muchacho con sus dos manos obligándole a que se fijara en sus ojos – Yo te he visto desde que cuando eras un bebé... te pasabas jugando en mi regazo. Incluso yo te cambiaba los pañales...

- QUE! – gritó Albert totalmente ruborizando.

Al ver la reacción del pequeño, Justin se rió. Era tan inocente como figuraba su aspecto físico. A Justin le encantaba todas las cosas bellas, especialmente cuando se trataba de un ser humano. Tenía ganas de apoderarlo, inclusive llevarlo a la cama para ver cómo se movía mientras lo regocijaba todo su cuerpo. Hubiese sido su amante de todas las noches, su juguete preferido, pero el pequeño ya tenía un dueño, un dueño que él nunca lo desafiaría. Al menos por dicho estupidez.

- Ya basta, Justin! – dijo Bill separándolos. – Acaso no debes irte a la oficina del señor?

- Ah... Si... Olvidé ese detalle... – y se rió suavemente. - Me acompañas, dulzura? – preguntó mirando a Albert quien aun tenía su rostro enrojecido.

- Albert no puede salir, es orden del señor – dijo Bill poniendo un rostro enfadado.

Pero Justin no lo hizo caso y apoderó a Albert ente sus brazos y robó un beso. Si al menos no podía disfrutar su cuerpo, quería experimentar sus labios.

- JUSTIN!!! – y de nuevo los separó. Asiéndole su camisa: - Estás loco!... No empieces hacer tonterías.

- Ah!... Bill, sólo fue un beso de amistad... Que aguafiestas que eres – se acercó a su oído derecho y murmuró : - y no olvides que soy tu superior.... – y se rió irónicamente.

Con un rostro indignado, lo soltó maldiciéndose por dentro. Había olvidado que aquel chico con aspecto tan ingenuo y humilde, era en realidad el más despiadado y peligroso de la sociedad. Aunque ambos eran caballeros de la noche, Justin era quien tenía casi todo el mando después de Black convirtiéndose en su brazo derecho. No obstante todos pensaban a Bill como el más fuerte entre los cuatro caballeros, pero la verdad, Justin estaba en la cabeza. Tenía más experiencia en el vampirismo como así sirvió a su amo por más de 4 siglos. Como le gustaba viajar por el mundo, se hacía los cargos exteriores dejando a Bill el cargo del comando interior.

- Vamos Albert... Vamos a ver a tu antipático novio – dijo Justin estirándole el brazo de Albert quien aun estaba algo confundido por el beso.

- Pero... – expresó Bill con una cara nada amigable.

- Sabes que no puedo hacer nada, aunque – y guiñó su ojo – quisiera llevarlo a un hotel para jugar un poco...

- JUSTIN!!!

- Solo era una broma, mi querido Bill... – dijo esta vez duplicando la voz de Black haciendo que Albert matara de risa.

Bill se retrajo, sabía que el tipo era loco y que nunca tenía en cuenta sus quejas. Pero por otro lado, no era soso para oponerse en contra de Black. Sabía perfectamente el riesgo que corría si llegara a tocar al muchacho.

Los dos subieron a la limusina.

- Y Albert, qué hiciste durante todo esto tiempo? – preguntó Justin acercándose más al chico.

- Nada... – respondió Albert intentando alejarse sentado ya muy cerca de la ventanilla.

- Nada?...

Albert estaba arrepentido por haber aceptado el convite de irse junto a la oficina. Bueno, quería salir de aquella celda de cuatro paredes pero ahora, pensándolo mejor, hubiese quedado allí en vez de estar con este sujeto en un auto. Ya que se sentía como si estuviera en una cueva de los leones.

- Nada...? – repitió Justin tocando su mejilla – bueno, eso suena muy aburrido para ti, mi querido Albert... pero desde ahora, todo será muy diferente... – y buscó su labio.

Albert intentó alejarse, pero fue inútil. Le robó otro beso, pero esta vez mucho más intenso que antes.

- Ya déjame... – al sentir una mano en su cintura.

- Tranquilo... No te haré daño... – y se alejó no antes de mostrarle su simpática sonrisa.

Durante el resto del viaje, Justin estuvo sereno como un niño obediente, pero con esto no bastó que Albert se sintiera más seguro.

- Ya llegamos... – dijo Justin bajando alegremente de la limusina.

Había llegado a uno de los edificios más lujoso de la ciudad, para no decirlo más costoso. Era donde funcionaba una de las empresas industriales más importante del mundo, dirigido nada más por el mismo Black.

- Vamos, Black nos está esperando...

- Ah... si...

- Qué le puedo servirle, jóvenes? – preguntó una secretaria cuando llegaron enfrente de la oficina de Black.

- Dígale a Bla... a señor Vohg que su mejor amigo Justin y su novio Albert han venido... – dijo Justin mostrándole su tierna sonrisa.

- JUSTIN!!! YA BASTA!!! – gritó Albert ruborizándose.

- Espere un momento... – dijo la mujer con una cara pasmada y agarró el intercomunicador.

- Pero no pienses llamar a la seguridad, o sino la cosa se quedara muy fea... especialmente a usted, hermosa dama – dijo Justin tirándole un beso.

Con la cara más que confusa, ella llamó a su jefe pensando que éste recusaría de recibirlo, pero para su sorpresa, lo hizo pasar.

Cuando entraron al salón vieron que todo estaba decorado con madera de nogal dando una sensación acogedora. Más hacia el fondo, estaba sentado un hombre enfrente de su escritorio. Era un hombre que aparentaba tener unos 50 años, tenía cabello blanco con algunas arrugas en su rostro. De nada se parecía a Black al menos si esa expresión insensible y fría.

 

- Veo de nuevo me desobedeciste, Albert – dijo el hombre dejando de escribir en la hoja.

 

La expresión de Albert se vigorizó de ira al escuchar la queja del hombre.

 

- Ah... Black, no seas tan duro con el muchacho. Sabes que yo le obligué que viniera conmigo – y abrazó a Albert quien aun tenía una mirada colérica. Dándole un beso en su mejilla: - si no quieres, puedo quedarme con él...

- Ya basta de tonterías – dijo Black levantándose de su sillón. Mientras se acercaba junto a ellos, se transformó a su apariencia real. – Veo que aun estando en el viejo continente, no haz mejorado tu conducta, Justin. Tuvo una ligera ilusión que aprendieras modales con el mayordomo Shinktzki.

- Sabes que nunca cambiaré... soy un caso perdido... – dijo golpeándose un par de veces su cabeza.

Black se rió sutilmente.

- Bueno, veo que conociste a Albert... Sabes, quien es en realidad?

- Tu juguete? – afirmó burlonamente.

- Justin! Qué estás... – pero Albert no pudo terminar de decir. Sus labios fueron sellados por el beso de Black quien lo abrazó sutilmente.

- Uh!... Que beso... – dijo Justin insinuando una cara sorprendida.

Después del beso, Albert se quedó inconsciente derrumbándose en los regazos de Black quien lo llevó para acostarlo en un sofá.

- Veo que quieres hablar algo que no debe saber el pequeño – dijo Justin sentándose en el sillón donde estaba sentado Black. – Nunca pensé que duraría tanto tu relación con aquel humano... bueno no es la primera vez que tiene una mascota... – y hojeó los papeles que estaban en su frente.

- Celoso?

- Yo?... Ni pensar... Sabes que no siento nada en especial por nadie. Carezco de sentimientos, especialmente aquello que se trate del amor – dijo Justin riéndose como un niño exaltado. – Sabes que nunca podré a amar...

- Bueno, eso depende de ti... y cómo están las brujas de Tyler? Ha solucionado el caso? – preguntó acercándose hacia él.

- Todo arreglado. No te preocupes, ya he solucionado a mi manera... – afirmó con una seguridad de siempre.

- Eso me gusta de ti, que sepas tomar decisiones por mí... – y agarró su largo cabello de color caoba obligándole a mirar a sus ojos – pero no lo olvides, yo mando aquí... y no vuelvas a tocar a Albert...

Justin miró coléricamente a su amo. No le gustaba que lo trate como un esclavo pero no podía hacer nada para impedirlo. De todas formas, era su amo, él era quien lo ha dado todo...

- Esta vez no se trata de una simple mascota – dijo Black soltándole. – Por eso, no juegues con el muchacho...

- Veo que encariñaste con el muchacho, Black – dijo Justin arreglando su peinado.

- Pues, él es Juliehn...

Continuará...

NOTA: disculpe por demorar tanto, es que no tuve idea de cómo seguir la historia. Se darán cuenta que cada vez está peor... ^_^U. Ya veo porqué hay pocos lectores que sigue la historia (es por escribir tonterías T.T), algo que me deprime un poco. Bueno, no puedo satisfacer a todos. Es mi primer relato yaoi (gay) y sé que debo mejorar mucho. Pero de verdad, disfruto mucho. Escribo lo que viene en mi mente (en simple palabras: tonterías). Gracias por los msj y comentarios. Hasta la próxima...

 

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