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Tuvo que apartar rápidamente las rosas, porque ella le esperaba tras la puerta,
y se echó en sus brazos llorando. Pero era de alegría. Se besaron
interminablemente. Luego, él deslizó la mano por debajo del liviano camisón,
única prenda que llevaba ella, y acarició su vientre liso como siempre, en el
que aún no se apreciaba señal alguna de la pequeña vida que crecía en su
interior. Finalmente, se separaron.
- Has tardado mucho. Había preparado una cena especial, pero ya estará fría…
- No tengo apetito. Bueno, sí, pero de ti -respondió él-.
La tomó en sus brazos, y se dirigió al dormitorio. Ella reía, feliz.
- ¡Estás loco!, déjame.
De repente, reparó en las flores. Le forzó a dejarla en pie de nuevo.
- ¡Qué bonitas!. Nunca me habías regalado rosas. Pero se estropearán, si las
dejamos en cualquier parte.
Tomó el ramo de su mano, y después cogió un jarrón que había en el aparador,
frente a la ventana, y puso las rosas dentro, depositándolo otra vez en el lugar
que había ocupado antes. Se quedó mirándolas durante unos instantes. Luego cortó
una de las flores, que guardó en un cajón. Ya pondría las restantes en agua,
para que se conservaran más tiempo. Pero eso ahora podía esperar…
Después, se dirigió de nuevo al dormitorio. El la esperaba en pie, ya
completamente desnudo. Admiró unos segundos sus brazos y pecho musculosos, sus
fuertes piernas, su vientre, y el pene que sobresalía, erecto, entre la espesa
mata de vello de su entrepierna. Se quitó rápidamente el camisón, y se abrazó
estrechamente a su cuerpo.
Las manos del hombre acariciaron largamente la espalda de ella. Luego se puso
detrás, y tomó los pechos en sus manos, mientras sus dedos pulgares jugueteaban
con los oscuros pezones, y besaba su nuca, y la parte posterior de su cuello.
Las de ella se introdujeron a su espalda entre los dos cuerpos, y estrecharon el
falo, alojado entre las medias lunas redondas de sus nalgas.
Luego, él la levantó de nuevo entre sus brazos, y la depositó suavemente sobre
la cama, parándose a admirar una vez más aquel cuerpo, como si fuera la primera
vez, mientras ella le miraba expectante y estremecida de deseo. Luego se
arrodilló a su lado, y empezó a recorrer lentamente con su lengua el cuerpo de
la mujer. Sabía que a ella le encantaba sentir sus besos por todo el cuerpo, y
anticipar el momento en que su boca llegaría a su sexo…