Fotos de Sexo  fotos y fotos de sexo , fotos de sexo interracial, fotos de sexo amateur, fotos de sexo gratis

 

Aquí puedes encontrar fotos de sexo en todas las modalidades. Fotos sobre todo amateur que podras bajar gratis pinchando las fotos del final o entrar y espiar a nuestras chicas con sus camaras web

 

 



 

 

IR A LA PAGINA PRINCIPAL DE SEXO CASERO

| sexo gratis | sexo gay | juegos gratis | horoscopo gratis |

Fotos Porno Sexo Fetichistas Sexo Jovenes Fotos de Sexo

 

Un mini relato para todos vosotros:

Les dije que no era posible porque llevaba falda y que se me podría ver algo. Ellas me dijeron que no era probable que me viesen nada si me andaba con cuidado. Creo que a ellas también les gustaba la idea y por eso les dije que si ellas lo hacían, yo lo haría. No creí que aceptarían pero lo hicieron. Claro, que no me di cuenta que ellas llevaban shorts, y yo vestido. Ya no podía dar marcha atrás, así que con una mezcla de vergüenza y excitación, me bajé las bragas del bikini en la playa mismo. Mis amigas se reían de la situación. Les gustaba porque era algo emocionante.

Nos pusimos en marcha camino al autobús. Tardamos diez minutos en llegar. El camino se me hizo eterno puesto que había levantado viento y tenía que andar con mucho cuidado. Mis amigas se reían muchísimo pero yo no me encontraba a gusto. Me estaba arrepintiendo. Me sentía como si fuese desnuda por la calle y parte de razón tenía ya que mis pezones delataban mi frío y habían mojado un poco el vestido. Se marcaba la areola oscura a través del vestidito y estaban completamente empitonados.

Cuando llegamos al autobús, había una larga cola. Nos acercamos y enseguida me di cuenta a dónde se dirigían las miradas. Tanto los hombres como las mujeres, se giraban para mirarme y yo me moría de la vergüenza. Había miradas de todo tipo. La de los varones eran miradas lascivas en su mayoría. La de las mujeres variaban más; alguna mirada de odio, alguna de envidia (sobre todo de señoras de cierta edad), otras no las entendía. Había algunas señoras que miraban casi tan descaradamente como los hombres. Hubo una señora que nunca olvidaré; me miró de arriba abajo como si me fuese a comer. Me estremecí ya que no estaba acostumbrada a que una mujer me mirase de esa manera. Al estremecerme, mis pezones estuvieron a punto de reventar el vestido y eso que no lo llevaba demasiado apretado.

De nuevo se levantó el viento y casi monto el espectáculo en la cola del autobús. Digo casi, porque no llegó a verse mucho pero algo se vió. Miré al suelo esperando que nadie hubiese visto nada pero eso no fue así. Un hombre de unos 35 años, se me acercó disimuladamente y me dijo que tenía un chocho maravilloso. Tenía muy poco pelo en el coño y mis labios menores sobresalen a los labios mayores. Además tengo un lunar en el labio menor. Sé que no es común pero precisamente, eso es lo que le gusta a mi novio. Bueno, a lo que iba. El señor no se movió de mi lado y me iba diciendo cosas al oído. Me dijo que le gustaban mis tetas y sobre todo, mis pezoncitos. Ya he dicho antes que para entonces, mis pezones estaban duros como piedras a causa del frío. Continuó susurrándome al oído, diciéndome que era muy excitante ver a una niña tan guarra como yo que no llevaba ropa interior.

Yo estaba callada e intenté cambiarme de sitio pero con tanta gente era imposible. Si me adelantaba me decían que no me colase y si retrocedía, mis amigas me lo impedían porque no querían perder el sitio.

El hombre continuaba diciéndome cosas al oído y todas subiditas de tono, tenía cerca de 40. Dentro de mí pensaba que era un viejo verde pero también sabía que me lo tenía merecido por hacer caso a mis amigas. El viento seguía aumentando y yo hacía esfuerzos sobrehumanos para que no se me levantara el vestido. La mujer continuaba mirándome y cada vez era una mirada más descarada. Ya no sabía que hacer, excepto sujetarme la falda.

Por fin llegó mi salvación, el autobús. Con tanta gente ya no me tenía que preocupar de sujetarme la falda porque era imposible que se me levantara. Accedí rápidamente al interior y sin darme cuenta, me empujaron hacia atrás. Mis amigas se encontraban a un par de metros. Las veía pero el gentío impedía acercarme. Cuando me di cuenta de quien estaba detrás de mí, ya fue tarde. De repente, sentí una mano debajo de mi falda. Venía de atrás y ni siquiera me podía girar a mirar porque con tanta gente era imposible moverse. Intenté apartar la mano pero de nuevo, resultó imposible. Pensé en chillar pero sentía mucha vergüenza por no llevar ropa interior y además no quería que nadie se enterase y menos mis amigas. Intenté moverme, pero nada.

Me encontraba muy nerviosa ya que nadie excepto yo, me había tocado el chocho. Fue una sensación muy rara. El autobús giraba de un lado a otro y tuve que sujetarme al agarradero para no caerme. Estaba atrapada con las manos sujetas pegada a la persona que me estaba tocando. Estaba convencida de que se trataba del viejo verde. No era tan viejo y ni siquiera era feo pero en aquel entonces le veía muy mayor. El autobús frenó y caí de espaldas al pervertido notando toda su dureza. Eso me preocupó puesto que no había tocado nunca una polla. Mis pezones estaban respondones y la mano seguía acariciando los muslos. Supongo que al no encontrar una oposición por mi parte, el hombre se relajó y continuó adelante. La mano llegó al destino. Me estaba tocando el sexo. Sentí unas cosquillas en el estómago mientras miraba alrededor pensando en qué hacer. No había mucho que hacer porque en cada parada entraba más y más gente y parecía que nadie bajaba del autobús.

Se notaba que el pervertido estaba disfrutando pues se pegaba a mí para que notara su excitación. Parecía que la tenía grande y lo que sí era seguro era que la tenía dura, muy dura. La mano era bastante hábil aunque en aquella época no sabía mucho sobre sexo. El miedo iba perdiendo fuerza mientras aumentaba mi excitación. Mi cabeza ya no pensaba, no se ni qué fue lo que me pasó. El hombre de la mano se dio cuenta que me iba relajando y aumentó la intensidad del movimiento. De repente, noté cómo me introducía un dedo. El autobús seguía su curso y me resultaba increíble que nadie se diese cuenta. La experiencia más fuerte de mi vida y nadie era consciente. El dedo se introdujo con facilidad ya que sin quererlo, estaba muy mojada. Él se dio cuenta y probó con un segundo dedo. Este último se notó con más intensidad pero no tardó en ceder. La situación era muy complicada.

Mis amigas me miraron alarmadas ya que debieron darse cuenta por mi rostro que algo raro pasaba, así que les sonreí para no delatarme. En ese mismo instante me di cuenta que otra persona me observaba. Cuando dirigí mi mirada hacia la persona, me quedé anonadada. La mujer de la cola se estaba dando cuenta de lo que pasaba y estaba disfrutando