Desnuda vestida
 


 

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¡Esta puta es vuestro premio!

¡Hola!, soy Mayte,

Ya sabéis que somos una pareja de Cartagena (Murcia), él, Felipe de 40 años, y yo, tengo 30 años, morena, media melena, atractiva, con unos ojos y un cuerpo bonito.

Una de las fantasías eróticas de una mujer es entregarse a uno o varios hombres de forma inevitable, y si lo decide la suerte o el juego aún es más excitante. Como adicta al "dedo", me he dado mucho pensando en que mi marido me sortea, o me juega, o me vende, o cualquier otra cosa que anule mi facultad de disponer de mi cuerpo. Mi marido, que es mi mejor amigo, conoce mis gustos y mientras hacemos el amor me lo recuerda y me asegura que algún día hará conmigo alguna de esas cosas, me excita tanto que tardo muy poco en correrme mientras aprieto su culo para que me clave su verga aún más adentro si es posible.

Me encantan los relatos en los que un hombre se juega a su mujer o novia, me mojo casi inmediatamente y ahora mismo de solo pensarlo, pero siempre pienso que falta o sobra algo para ser del todo creíbles. Hoy que hace quince días mi marido, hizo realidad mi sueño… os lo cuento libre de licencias literarias, tal y como fue.

Esa noche, como muchas otras, mi marido decidió ir a Murcia, ponte sexy, como siempre, me dijo. No hacía falta que me lo pidiera, me encanta exhibirme y Murcia está a 50 kilómetros de Cartagena con lo que me siento libre para muchas cosas. Una de las manías de mi marido es que lleve minifalda con tanga, según él, porque si se me levanta "accidentalmente" la mini, es más bonito mi culito que la braga, añadido a su animadversión al sujetador, tenía claro la pinta que iba a llevar, ¡De puta!

Antes de salir me hice una foto, de la mini vaquera que mi marido me compró en Stradivarius para la ocasión, junto a una camiseta verde con tirantes. Os pongo foto de la mini para que veáis que no os miento (me la he subido un poquitín para que podáis disfrutar de mi colita).

 

Ya en Murcia cenamos en un restaurante llamado "Raga", allí ya fui objeto de todo tipo de miradas a hurtadillas por parte de los camareros, eso unido a que por tres veces tuve que ir a orinar, hizo que el restaurante viviera silencios hasta esa noche desconocidos.

Me encanta pasar entre los comensales moviendo mi colita, como si no pasará nada, mientras los hombres dejan de cenar para mirarme y las mujeres están pendientes de sus ojos.

La cena exquisita, y el vino una maravilla, mi marido, experto en vinos, consiguió que bebiese mucho más de lo habitual, no lo suficiente para sentirme mal, pero si para que un poco de neblina adornara mi mirada.

Alrededor de la una de la madrugada, mi marido me llevó a un pub bonito, en una zona de Murcia que desconocía, en donde se habían instalado un grupo de pub musicales en los últimos meses. Por razones obvias (conocen a mi marido) no voy a decir el nombre. En el local había unas veinte personas de edades entre los 24 y los 40 años, más o menos, enseguida comencé a bailar, el alcohol hacía efecto en mí y me desinhibía, mi falda saltaba conmigo y todos los hombres me miraban con deseo. Eso hizo que me pusiera más caliente, y bailará aún más provocativamente.

Mi marido charlaba con el dueño del pub y me miraba de reojo. Le gusta que me exhiba, así que sin problemas.

Mi marido se acercó a mí y me cogió del brazo suavemente,

- Cariño. Me dijo. Vamos que Pepe nos va a enseñar el resto del local.

Entonces se me acercó al oído y me susurró. ¡Anda que no tienes calientes a esos tres!

Volví la cabeza con descaro, sin disimulo alguno.

Allí se encontraban tres jóvenes de unos 26 años, mirándome casi embobados. Al darse cuenta que les miraba fijamente, uno de ellos el más valiente, se pasó la lengua sensualmente por los labios, simbolizando sus deseos de "comerme".

Mi marido, el propietario del local ("Pepe") y yo accedimos a la otra mitad del local, que se encontraba apagada sin uso, se utiliza para cuando se llena la zona de pub, o para fiestas de grupos privadas.

- ¡Quedaros aquí! Os voy a traer otras copas. Dijo mientras encendía la luz, y los altavoces, de pronto la música retumbó con fuerza, y salió en busca de nuestras nuevas copas.

- Felipe, ¿Para qué queremos estar aquí solos? Yo quiero exhibirme. Le dije poniendo cara de zorrita caliente.

- Estaremos sólo unos minutos, quiero ver que pasa teniendo a ti aquí y que todos esos mirones lo sepan. Me contestó.

Enseguida entró Pepe con dos bebidas bastante cargadas de vodka, y nos las entregó en mano, se disculpó y salió de la zona dejándonos solos.

No pasó ni un minuto cuando asomaron unas cabezas por el pasillo que une ambas zonas, después de mirar fueron entrando, primero dos hombres de mediana edad que se apoyaron en la barra a prudente distancia mirando de forma descarada, y después entraron los tres chicos, que se colocaron mucho más cerca nuestro haciéndose los tontos, como si la cosa no fuera con ellos.

Mi marido ordenó

- ¡Baila, puta!

Me encanta que me dé órdenes de esa manera, así que me resistí…

- ¿Por qué me hablas así? Ahora no bailo!

- Serás zorra! baila y calla, lo estás deseando. Sentenció. Eres muy puta, estas deseando que te miren, no te hagas de rogar, y obedece.

Mi coño chorreaba, era evidente, casi estaba por ir al servicio a secarme, sentía que se notaría mi humedad, pero la orden podía más y quería cumplir los deseos de mi marido y dueño.

- ¡Sí mi amo! Contesté sumisa.

Salí al centro del local, con los seis hombres (incluido mi marido) mirándome con deseo,

La música parecía tener magia, ya no era estridente sino más bien tenía un toque erótico, comencé a mover mi culo y todo mi cuerpo, como una serpiente, la falda no podía evitar que asomaran mis cachetes y mis movimientos favorecían su exhibición.

Ya no estaban callados, oía los murmullos, los oía perfectamente, o tal vez el alcohol me hacía percibir algo que no ocurría, mantenía los ojos cerrados, como concentrada en la música, más bien era el alcohol lo que hacía que quisiera evadir mi mente para disfrutar aún más del momento.

Aún no me explico como pero la música aún fue más explícita, Joe Cocker hizo su aparición y su canción "You can leave your hat on" me llevó dentro de la película "9 semanas y media", seguía con los ojos cerrado, medio tomada por el alcohol, y bailando como una puta en celo.

- ¡Anda desnúdate!

- ¡Sigue así, puta!

- ¡Enséñanos algo zorrita! Eran entre otras algunas de las "delicadas frases que escuchaba"

Yo seguía a lo mío, levantaba la mini falda y mi tanga y mi culito ya eran de dominio público. Se estaban relamiendo observándome. El alcohol me cogía y me llevaba, los ojos cerrados, los giros del baile me mareaban, y la humedad por mis muslos era evidente. ¿Lo sería también para ellos?

- Socio, que mujer tienes. Le dijo uno de los chicos a mi marido.

- Daría cualquier cosa por tener una novia así. Añadió.

- ¡Joder y yo! Apuntó otro.

En vista que mi marido les sonreía y no le importaban los comentarios, Se acercaron a él.

- Nos encanta tu mujer, ¿Te molesta el comentario?

- No que va. Me encanta.

- Perdona la expresión pero está muy buena. Estamos salidos desde que la vimos.

- No preocuparos me gusta que hablen así de mi mujer

Toda la conversación la escuchaba como en un sueño.

- Mi marido se acercó y me dijo al oído, ¿Por qué no enseñas tus tetas a todos estos? Ah y de paso te quitas el tanga que estará para escurrirlo, pero sin enseñar el coñito, ¿Vale?

A pesar de formularse como una pregunta, sabía que era una orden.

Comencé a subir y bajar la camiseta de tirantes, y a enseñar partes de mis pechos, y ahora ya no eran comentarios eran gritos de ánimo. Arriba, abajo, arriba, abajo, la camiseta subía y bajaba al ritmo sexy de la música.

- ¡Ole la tía! ¡Ole tus huevos! Déjanos ver tus tetas.

- Es más zorra de lo que pensaba.

- Si se saca las tetas me las como todas.

- ¡Ja, ja, ja!

- ¡Yo quiero follármela, por favor!

Subí la camiseta por encima de las tetas y las agarré como si en una bandeja las pusiera.

El cabrón de mi marido disfrutaba al máximo. Se acercó a mí y con el móvil me echó la foto que podéis ver y que demuestra que lo que cuento es serio y real.

 

Cogí la camiseta por los lados para tirar de ella. Levanté los brazos y… mis pechos saltaron libres y totalmente a la vista de todos.

Entonces me puse de espaldas a la barra, dando la espalda a todos, abrí las piernas, doblé mi cuerpo. Hago mucha gimnasia y doblo hasta el suelo sin dificultad.

Parte de mi culo quedó totalmente a la vista de todos.

Como gesto de rebeldía decidí desobedecer a mi marido. Junté mis húmedos muslos, Cogí la tanga por los lados, cada mano en uno de los lados, y tiré de ella en un ágil y rápido movimiento hacia abajo. La tanga bajó como si nada. Se deslizó suavemente por mis muslos.

La "foto" que eché es de las que hace época.

Reinó el silenció como monumento a semejante acto de rebeldía y zorrería.

 

Mi marido no me permite poner fotos completas de mi anatomía, pero este es mi culito y …. bueno mi almejita.

 

Me puse derecha con la tanga en la mano, y se la llevé con cara de "niña puta mala" a mi marido. Me miró con cala de mala leche, como reprendiéndome por enseñar el coñito.

- ¡No me mires así, maridito! Solo he hecho una fotito, no he enseñado nada, ha sido un desliz.

- Eres una zorra y te comportas como tal. Sentenció.

- Anda ¡Date unas vueltas que puedan verte bien! Fue la nueva orden de mi maridito.

- ¡Sin tocar eh! Añadió

Obedecí y con movimientos sensuales, como una puta en celo. Pasé muy cerca de los presentes. Primero me acerqué a los señores maduritos, que se atrevieron a pasar los dedos por mi cintura, mientras yo levantaba las manos y con ellas mi pelo, exhibiendo bien cerca de sus caras mis tetas. Fueron prudentes y no tocaron mis pechos. A los chicos ni me acerqué, al pasar cerca de mi marido me abracé a él y lo besé.

Ni un comentario de los asistentes.

Mi semidesnudez, les había dejado mudos, yo esperaba alborozo y gritos. Pero no fue así, nada de nada, sólo seis pares de ojos que no perdían detalle de mi anatomía.

¿No sé por qué razón? Pero los señores maduros les entró de pronto, mucha prisa, dejaron sus copas sobre la barra y salieron que se los llevaba el viento. Eso sí tuvieron la precaución de cerrar la puerta que unía ambas zonas del local, quedando totalmente aislados en este lado los cinco que quedábamos allí. Mi marido, los tres chicos y yo.

La situación era absurda, pensándolo fríamente parecía hasta ridícula, tres chicos salidos con los ojos abiertos saliéndose de sus órbitas y babeando, mi marido que no tenía claro que tocaba ahora, y yo en tetas y sin bragas.

Sólo se me ocurrió acerca a mi marido y pedirle la camiseta, y ponérmela.

De pronto, se abrió la puerta y entró Pepe. ¡Menos mal que me había colocado la camiseta!

- ¿Qué ha pasado? Preguntó. Los señores que estaban con vosotros han salido del bar sin decir ni adiós, y con un cara como si hubiese ocurrido un crimen.

- Nada, nada no te preocupes. Dijo mi marido. Nos vamos para el otro lado, la fiesta aquí se ha acabado.

- No será por falta de copas. Objetó Pepe. Si hace falta os traigo una para cada uno. Invita la casa. Y salió dirección a la otra barra a prepararlas.

Allí nos quedamos mirándonos unos a otros sin saber que hacer, los chicos aún más despistados.

- Bueno vamos a presentarnos. Me llamo Felipe. Dijo mi marido. Y ella es mi mujer Mayte.

- Hola dijo el más alto y flaco. Me llamo Alfonso, todos me llaman Fonsi. Ellos son, dijo dirigiendo su mirada a los otros dos, Alberto y Antonio. Recuerdo los nombre porque me hizo mucha gracia que todos empezaban por "A".

Se acercaron y dieron la mano a mi marido y a mí, cada uno, sendos besos en cada mejilla.

- Nosotros somos de Cartagena, ¿Y vosotros? Preguntó mi marido

- De Murcia, somos de Murcia, los tres, somos de Murcia los tres. Contestó repetitivo.

- Bueno espero que os haya merecido la pena el espectáculo, ¿Sabéis por qué han huido esos dos?

- No, no lo sabemos, ni siquiera les conocemos. Son unos idiotas. Tu mujer se ha portado de miedo con nosotros.

- Eso pienso yo. Bueno por lo menos alguien agradece tu actuación. Dijo Felipe mientras me miraba a los ojos.

- Oye, cuando vayáis a montar otro espectáculo como ese nos invitáis. Joder ha sido la leche. Dijo Antonio. Sólo recuerdo de él que era el más bajo, pero también el mas guapo.

Llegaron las copas, y seguimos hablando, y hablando de la rivalidad entre Murcia y Cartagena y lo absurda que era, los chicos aseguraban que les gustaban las chicas cartageneras entre sonrisas y miradas lascivas.

Felipe se empeñó en invitar a otra copa a todos, la última, dijo.

Así que cuando iba a medio, ya no entraba más líquido en mi cuerpo, fui al servicio, y recuerdo haber tropezado con todo, con el escalón, con la puerta, con el lavabo (de diseño, por cierto), no podía lavarme las manos, hasta que me di cuenta que el grifo funciona, simplemente, poniendo las manos debajo. Volví, igual de torpe que me fui.

Cuando volví del baño, ocurrió otra cosa que mi marido no me supo, o no me quiso explicar, ni esa noche, ni los días siguientes cuando se lo pregunté. El más callado, Alberto, se despidió, con la excusa de que era tarde y su madre estaría preocupada. ¡¡Su madre!!, pensé, joder si tiene unos veinticinco años, ¡La madre que le parió!. El chico se despidió, me dio un beso de lo más light y se marchó sin más.

- Se ve que los asusto. Pensé.

- Mira nena. Dijo mi marido. Y mira que me jode que me llame, "nena". Invito a otra ronda y nos vamos.

- Otra ronda, ¡nooooo!, no puedo más cariño, supliqué.

- No, no, no, dijo Alfonso. La ronda la pago yo.

- No, la ronda la pago yo. Repuso Felipe.

- ¡Qué no! ¡Qué no! Exclamó Alfonso.

- ¡Qué si coño, que pago yo! Insistió mi marido.

- Será atascado el cartagenero esté de los huevos. Dijo Alfonso.

- ¿Y si nos la jugamos a los chinos?

- ¿A quién, a ella? Dijo Alfonso, con un doble lenguaje que hizo mucha gracia al personal.

- ¡Vale! Contestó mi marido.

- No, no, no, era broma, perdóname, era broma, lo siento. No quiero ofenderos.

- Si no nos ofendes, mi mujer es un poco puta, y siempre se masturba pensando que me la juego, os propongo hacer realidad su sueño.

- Felipe ¡Vámonos! Le dije, una vez comprobado por donde iban los tiros.

- No, esta noche vas a ser el premio del juego. Lo que siempre has querido ser. Chicos os la juego a los chinos contra la invitación a las copas.

- ¿Cómo, cómo, cómo? A ver explica eso, dijo Antonio.

- Me voy a inventar las reglas pero nos tenemos que comprometer todos a cumplirlas. Si gano yo, Vosotros pagáis las copas. Mi mujer os hace una "foto", y nos vamos. Tan amigos.

- ¿Y si ganamos?

- No, sólo puede ganar uno. Aunque habrá que idear un premio de consolación para el otro.

- Si gana uno de vosotros, el que pierda sobará las tetas, y sólo las tetas de mi mujer, aquí delante de todos, durante 1 minuto a reloj. El que gane, tendrá derecho a 5 minutos con mi mujer a solas en esta sala, nos iremos a un lado de este salón y esperaremos que haga lo que quiera, con derecho a todo menos a follarla.

Mi marido tampoco me explicó la razón de esa limitación. He de decir que me pareció oportuna y sensata.

- ¿De acuerdo? Preguntó Felipe.

- De acuerdo, contestaron al unísono.

- Comenzó la partida y pensé que mi marido se dejaría ganar para humillarme, Así que no tenía esperanzas. Tampoco estaba para quejarme, y la situación me ponía muy caliente. Todo se decidió sin contar con mi opinión. A nadie le importó que yo estuviera de acuerdo o no. Así que me apoyé en la barra a observar el juego. No recuerdo como fue avanzando, pero si que Antonio no acertó ni una. Mi marido y Alfonso habían acertado dos. Antonio se retiró y se rindió, dijo que así facilitaba una final más limpia.

Me miró y me dijo…

- ¡Qué lástima¡ Va a ganar tu marido. ¡Me cago en la leche ,con lo buena que estás!

Mi marido y Alfonso dijeron cada uno su pronóstico, al parecer algo hizo que debe ser raro mi marido, pues Alfonso le dijo que era un farol y que no le seguiría el juego, tiró por lo bajo, y…!Acertó!

- ¡Ole, ole, ole y ole! Repetía mientras daba vueltas sobre sí mismo como una peonza.

- ¿Cuando recogemos nuestros premios?

- Ahora mismo, dijo mi marido.

La música seguía sonando, y escuchaba perfectamente a Alejandro Sanz y Shakira, con eso de "…te lo agradezco pero no… … no hago otra cosa que olvidarte..."

- Premio de consolación para Antonio, dijo mi marido con voz solemne.

Antonio ni se movió, le podía la duda, el nerviosismo, no sabía que hacer, llegado el momento, la cosa es dura. Yo me quedé mirándolo. Y él siguió parado como si nada.

- Muchacho, ve a por ella, Dijo su amigo. Es tu premio, tienes derecho a sobar sus tetas.

El chico ni hablaba ni se movía.

- Anda cariño, ve tu a darle su premio. Dijo mi marido, mientras me daba un empujoncito hacia él.

Me acerqué melosa, y entonces noté de nuevo que mi coño rezumaba, desde el baile había permanecido seco, pero ahora volvía a su estado natural. Mi marido me animó.

- Cariño, venga, que el chico es algo tímido, demuéstrale quien eres.

Me acerqué a él, y lo abracé. Puse mis labios en su oído y le dije…

- No seas tonto, aprovéchate, lo estoy deseando, mi marido le encanta, y soy tu premio, ánimo, el minuto pasa rápido. Y di un pequeño mordisquito en su lóbulo.

Me quité la camiseta, miró mis pechos pegados a su pecho, y no aguantó mas, puso una mano en cada una de mis tetas, y las aprisionó, empezó a sobar para arriba y para abajo los pechos, y a pellizcar los pezones, yo restregaba mi húmedo coño por su pantalón, arriba y abajo, debí dejarlo bien mojado. Seguía tocando como un desesperado, cuando bajo la cabeza y comenzó a morder mis pezones, con delicadeza, me encantaba tener a un chico tan joven, chupándome las tetas con tantas ganas y placer.

De pronto mi marido toco su hombro y dijo…

- ¡1 minuto! Chaval se te ha acabado el tiempo y el premio. Morderle los pezones no estaba incluido, pero no dirás que soy quejica ni roñoso. Anda vamos que tu amigo tiene 5 minutos a solas para recoger su premio.

Cogió a Alfonso del hombro, como si fueran amigos de toda la vida y se lo llevo a una esquina del vacío salón, en donde había un silloncito para dos, y apoyando su mano en el hombro de Alfonso lo sentó y luego se sentó a su lado. Se nos quedaron mirando como si fuéramos objetos, o una pantalla de un cine donde esperaban ver una película.

Antonio ya estaba más que caliente después de ver como su amigo me sobaba las tetas, y solo con la minifalda, y además sin tanga, era un bocado demasiado suculento para pensárselo más. Se abalanzó sobre mí como un oso sobre su presa, sus manos me sujetaron por la cintura y me atrajo hacia él, mis pechos se clavaron en los suyos, me apretó de la cintura y me estampó sus labios en los míos, no había nada de dulzura en el gesto, simplemente era la dureza de la posesión. Me metió la lengua una y otra vez por toda la boca, su mano bajó a mi culo, cogió un cachete con fuerza y lo apretó contra él. Su polla bastante dura, se clavaba en mi pelvis, lo que aprovechó para restregarla de un lado a otro.

Se hartó de besarme, y me apartó de su lado, para observarme más detenidamente, se sentó en un taburete de la vacía barra y me ordenó.

- ¡Desnúdate!,

Fue una orden tajante, sin apelativos, sin cariño, sin posibilidad a la discusión. Echó para atrás su cabeza simbolizando su triunfo, y el momento de observar su nueva propiedad.

Poco había que desnudar, sólo llevaba la mini vaquera. Fui a bajármela, y me dijo.

- ¡No,no! ¡Así no! Quiero que te le quites como hiciste antes.

- De espaldas ¿Quieres una foto?

- ¿Se llama así? Pues sí, quiero una foto. Quiero que el objetivo de tu coño se abra para mí. Espera voy a sentarme en ese sillón, estaré más bajo y será mejor la vista.

Se sentó y echó el cuerpo para adelante, y se quedó mirándome fijamente.

Sabía qué tenía que hacer. Me acerqué al sillón de forma insinuante, la música me acompañaba. Avril Lavigne cantaba "Girlfriend", el fuerte ritmo motivó que empezase a mover las caderas como una striper, me acerqué bailando, mis pechos saltaban arriba y abajo, y mi faldita se levantaba lo suficiente para poder apreciar mi pubis recién depilado con una rayita de pelo muy fina (que me encanta como arma de seducción).

Me fui acercando y cuando estaba a unos veinte centímetros de su cara, me di la vuelta, y seguí moviendo mis caderas a derecha e izquierda, ahora eran los cachetes del culo los que estaban a su alcance, debía disfrutar mucho con la visión,

De nuevo, moviendo mis caderas al ritmo de la música, me doblé sobre mí misma, cogiéndome la punta de los pies, y le estampé toda mi rajita a unos diez centímetros de sus ojos, a esa distancia debía parecerle más bien un "hachazo", seguí moviendo mi culo a derecha e izquierda, hasta que me cogió con ambas manos de las caderas y me paró.

Colocó su dedo índice derecho en mi clítoris, y lo fue restregando por todo mi cocho muy despacio, luego se lo llevó a la boca y lo chupó,

- ¡Uhmmmm! ¡Qué rico!

Pasó sus manos por fuera y rodeo con ellas los muslos, poniéndolas en la parte delantera, con suavidad pero con firmeza, atrajo hacia él mis piernas, y con ellas el resto de mi cuerpo.

Toda mi vulva fue directa a su boca, que la esperaba ansiosa, de pronto noté su caliente y húmeda lengua en mi totalmente mojado coño. Buscó con la punta mi clítoris, y cuando lo reconoció lo zarandeo de un lado a otro suavemente. Un escalofrío recorrió mi espalda de arriba abajo, y me puso los pelos de punta.

Sólo pensaba en lo puta que me sentía, sin bragas, con el pecho descubierto, echando una "foto" a un chico, en presencia de mi marido y del amigo de aquel, y permitiendo que me lamieran la almeja de arriba abajo. Aun me estremezco al recordarlo.

Su lengua subía desde el clítoris hacia el ano, y bajaba de nuevo deteniéndose en la pepitilla, para dedicarle unos segundos de atención, que yo agradecía con estremecimientos y con quejidos de placer.

El coño se me abría, y palpitaba, como con vida propia, pidiendo ser perforado de una vez.

Parece que el chico me leyó el pensamiento, o interpreto correctamente los latidos de mi coñito, porque me empujó levemente hacia delante, y se puso en pie, intenté incorporarme pero no me dejó, colocó su mano fuerte sobre mi espalda, y con un presión me indicó que quería que continuase así, en esa posición. Le obedecí.

Se desbrochó el cinturón y la bragueta, y dejó caer los pantalones al suelo, entre sus tobillos.

No podía ver lo que hacía, pero los gestos eran inequívocos, estaba bajándose los calzoncillos, le costó trabajo pues hizo movimientos pélvicos para poder permitir que llegaran al mismo lugar donde tenía los pantalones, en sus tobillos. Después se sobó la polla. En uno de esos sobos, dio contra mi culo, y note una verga dura y dispuesta para ensartar un coño, sin embargo no sabía como era, no podía verla.

Pronto la note, la puso en mi agujerito trasero y temí que sus intenciones fueran romperme el culito, fui a girarme para indicarle que no lo hiciera, pero no lo permitió, su mano me sujetó firmemente, parecía ser experto en estas cosas.

Me equivoqué no quería sodomizarme, sino que puso la enhiesta polla en donde acaba mi vulva y apretó hacia abajo, resbalo por mis labios mayores, penetro en mis labios menores, y siguió su camino hacia mi clítoris, por donde salió. Me sentí entre decepcionada y aliviada porque no me penetrara. Volvió a colocar su polla en el mismo sitio, se dobló sobre mi espalda, agarró con cada mano una de mis tetas y volvió a restregar su polla por todo mi coño, comenzó un movimiento arriba y abajo.

Mi marido desde unos seis metros debería estar pensando que me estaba follando, pero no era así, solo restregaba todo el largo de la polla por mi vulva totalmente mojada.

La escena debería ser para los dos mirones, bastante caliente, el chico echado sobre mí, sus manos en mis tetas, apretando y pellizcando mis pezones, y su polla arriba y abajo por mi coño.

Se enderezó y volvió a cogerme por las caderas, puso la polla derecha a mi cuerpo, echó el culo hacia atrás para poder ensartarme con su rabo, apoyó la punta de polla en mi coño. Yo no aguantaba más las ganas de que me follara, aunque en mi mente, se repetían las palabras de mi marido "no puedes follártela", aunque las fuerzas me abandonaban, y las ganas me impedían repeler la penetración.

Hice un movimiento para intentar volverme y pedirle que le solicitara permiso a mi marido para joderme, y sucedió lo imprevisto. Él no estaba preparado para mi movimiento, yo bastante bebida, me quedé sin apoyos, y trastabille, me fui hacia delante, intenté evitar caerme pero fue imposible, mi pierna derecha se enganchó en la izquierda y fui directamente hacia el suelo de bruces. El chico intentó ayudarme y agarrarme "del culo", ¡Fue peor! Los pantalones y los calzoncillos en los pies no son precisamente una ayuda ante un desequilibrio, así que no pudo colocarse de forma adecuada para sostenerse y se vino hacia delante conmigo. Yo caí de rodillas, y luego de bruces, e inmediatamente sentí su cuerpo caer encima mío, aunque con sus manos en el suelo amortiguó el golpe para no hacerme daño.

Mi marido y Alfonso saltaron automáticamente y muy rápido nos ayudaron. A mi me dio un ataque de risa, mientras miraba lo ridículo que estaba Antonio con los pantalones y los calzoncillos en los pies, y con todos los genitales al aire.

Las palabras tranquilizadoras de mi marido y unos besitos, consiguieron calmar mi risa y la sensación de ridículo.

- Oye, te doy 3 minutos, acaba que nos vamos que mi mujer no está ya para estos trotes.

- No, déjalo no pasa nada. Ya me siento bastante ridículo así. ¡Lo dejamos!

Me dio pena. Se levantó e intentó subirse los pantalones.

- No, quiero acabar, no te vas a ir así. ¡Verdad Felipe! Vamos a estar un ratito juntos.

- Yo también creo que esto no es nada, cobra tu premio completo y ya nos reiremos mañana de la caída.

El chico me miró buscando en mi cara indicios de que debía hacer. Lo que encontró fue que abrí las piernas de forma que la mini se subió y dejo a la vista mi coño, abierto, húmedo, sonrosado, palpitante, loco de deseo.

Me miró la cara de nuevo, y encontró el mayor gesto de puta que pude poner, y mis palabras…

- ¡Aprovéchate, tonto!

Se arrodilló y me puso una mano en un pecho, y me besó con delicadeza, como agradeciéndomelo.

Así de rodillas y yo semi incorporada me acercó su polla (que se había puesto dura de nuevo a la cara), se la cogí con la mano. Una vez en mi mano pude comprobar que no era una polla grande ni pequeña, era justo lo que reclamaba mi cuevita.

Me la acerqué a la boca, y le di un besito en la punta del glande.

No me apetecía chupársela, mi coño reclamaba polla me parecía una pérdida de tiempo. De nuevo, fue como si me leyera el pensamiento. Se incorporó, se fue hacia mis pies, me separó las piernas dejando de nuevo mi coño al aire y abierto a las miradas de los tres hombres, se arrodilló entre mis rodillas, se cogió la polla con la mano, que a esas alturas era un palo, y me la acercó al coño. Me apoyo el glande en mi raja, que ya no podía estar más hirviendo.

Mi marido me estaba besando, me encantaba que me besara, como aprobación mientras estaba con otro hombre. Alfonso aprovechaba la situación para pellizcarme un pezón, se ve que aún le habían quedado ganas de sobarme.

Alfonso tenía su dura polla en la entrada de mi coñito, apoyada, su simple peso era bastante para que me penetrara hasta adentro, y yo lo deseaba con todas mis fuerzas. Su glande, se empezó a abrir paso en mi coñito, notaba perfectamente como entraba su punta, me abría los labios y comenzaba a entrar en mí, todo el glande había rebasado ya los límites naturales y estaban dentro de mí, unos cuatro centímetros. Cuando…

Mi marido me recordó al oído que prefería que no me follara. Esta vez no fue una orden, sonó más bien a un ruego, aunque era evidente que era libre para hacer lo que quisiera.

Me incorporé y le puse una mano en el pecho, él levantó la vista y con un gesto de cabeza, de izquierda a derecha, le dijo que ¡no!. Paró de inmediato, y sacó el glande de mi vagina, sentí en sus ojos y sus gestos la decepción que sentía.

Se sentó en el suelo, otra vez había hecho el ridículo. Me sentía culpable, no quería que se sintiese mal, se había portado muy bien conmigo.

Me incorporé y avancé a gatas por el suelo hacia el, le indiqué…

- Ponte de rodillas, ¡Guapo!

Me obedeció, miré su polla, ya semi erecta y la toqué de arriba abajo y de abajo arriba, para que fuera creciendo, cosa que hizo muy rápido. Miré a mi marido buscando aprobación, y con la cabeza mi indicó que sí, ¡Adelante!

Así que agaché mi cabeza y la acerqué a su glande, me lo metí en la boca, ávida de darle placer, y comencé a chuparlo, meterlo en mi húmeda boca, le lamí toda la polla de arriba abajo, y me la metí todo lo que pude a la boca. Durante un minuto, no creo que fuera mas, estuve, arriba abajo chupando de rodillas el rabo del chico.

Por cierto que el amigo no era tonto, aprovechando que estaba de rodillas, me metió la mano entre los muslos, y me comenzó a sobar el coñito, me metía los dedos y me restregaba los dedos muy mojados por el clítoris.

Mi comida de polla empezaba a mostrar sus efectos, notaba como se tensaba, y como sus manos me agarraban de la cabeza para impedir que la retirara. Las leves contracciones de la verga, dejaban claro que se iba a correr, aguanté, justo cuando empezó a salir su semen, retiré rápidamente la boca, no sin poder evitar llenarme los labios de semen, me incorporé y le besé en los labios mientras apretaba la punta del glande para que fuera más intensa la corrida. Así fue, el semen brotaba como a borbotones, cayendo por mi minifalda y dejándola manchada.

Seguí con la polla en la mano y restregando el semen que salía por la punta por todo el glande, mientras notaba como tenía estremecimientos a modo de electroshock, me pedía que parara de una vez, no le hice caso y continué unos segundos más.

Mi marido cogió mi brazo, volví la cabeza y me indicó que lo dejara ya y me levantara. Lo hice de inmediato. Me dio mi camiseta, y mi tanga, me puse ambos apoyada en su brazo.

Los chicos seguían en el suelo, uno vestido y el otro desnudo de cintura para abajo, de rodillas, y goteando el suelo.

- !Vestiros! Ordenó mi marido.

Se levantaron y se vistieron, muy despacio.

Una vez todos vestidos, mi marido les tendió la mano para despedirse.

- Gracias, gracias. Le dijeron. Eres un tío cojonudo.

A mi me dieron un par de besos.

- Eres una gran mujer. Nunca te olvidaremos

Salimos de la zona del pub, nos despedimos de Pepe. Montamos en nuestro coche y nos volvimos a Cartagena.

Por el camino mi marido me besó y me dijo.

¡Lo has hecho muy bien! ¡Estoy muy orgulloso de ti!

 

La historia es cierta, podría haberla exagerado, pero a veces la realidad supera a la ficción, o al menos es más excitante.

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