embarazadas 6
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Laura se confiesa (11)
Después de pasar casi cinco días con mis tres nuevos amantes, llegó mi marido de su viaje, el sábado por la mañana.
Desayunamos juntos, no se si era cargo de conciencia o qué, estaba muy atenta y solícita con él, le daba pequeños besitos sobre los labios, él correspondía y me acariciaba el cuerpo, mi marido no me excitaba en lo más mínimo, cada vez que íbamos a la cama rogaba que terminara pronto y corriera al baño a ducharse.
El matrimonio no funcionaba, éramos compañeros que vivían juntos, últimamente Carlos vivía reprochándome que no quedara embarazada, y eso, me molestaba bastante.
Entre las muchísimas cosas que Carlos no sabía, era que yo, jamás iba a darle un hijo, ni a él ni a nadie, no quería ser madre, no quería arruinar mi escultural cuerpo con una barriga inmensa, mi cintura estrecha seguiría siéndolo siempre, y tomaba los recaudos necesarios para no quedar embarazada.
La situación ya se estaba tornando imposible, tanto que quería que visitara a un especialista y nos hiciéramos los estudios necesarios para ver cuál era el problema, y de ser necesario hacer algún tratamiento para poder engendrar un hijo.
Como siguiera insistiendo en esto, tenía pensado pedirle el divorcio, y, que se buscara una mujer con quién tener un hijo, mi idea era divorciarme, hacer de mi vida lo que quisiera, me seducía mucho la idea de casarme con algún viejo con suficiente dinero que me asegurara el futuro, y seguir disfrutando de la vida, con viajes, ropa de la mejor, tenía todo planeado, y poco a poco les iré contando cómo fueron sucediendo los hechos, pero eso lo dejaré para más adelante.
Volvamos a ese sábado, le preparé un rico almuerzo, me hizo el amor en tres minutos, por suerte mis tres amantes me habían surtido de sexo suficiente, para estar calma un tiempito, nos bañamos juntos, luego llamó a su hermana y la invitó al cine, luego a cenar a ella y su marido por supuesto.
Nos encontramos en la puerta del cine, Carlos y mi cuñado Alberto fueron a comprar las entradas, mi cuñada y yo nos quedamos a un costado esperando, estaba vestida con una superminifalda blanca, apretadita, que marcaba mi espectacular trasero, un topo rojo, calzaba altos zapatos blancos, llevaba mi bolso colgado de un hombro, y en la mano una campera roja que hacía juego con el top, la campera la llevaba porque el aire en el cine era demasiado alto y podía resfriarme.
Estaba de espaldas a la pared, sentí que una mirada se clavaba en mi trasero que es muy llamativo, y ví un hombre solo, esperando entrar al cine.
Nuestras miradas se encontraron, él me sonrió y yo respondí a su sonrisa coqueta.
Era un hombre de unos treinta años, alto, atildado, lindo de cara, su buen físico se podía apreciar fácilmente, cabellos negros, cortos, la frente amplia, me gustó apenas lo ví, me sentí atraída por esa personalidad totalmente desconocida para mí.
Como pude fui girando para poder ponerme frente a él y dejar a la tonta de mi cuñada de espaldas a él, hablaba con mi cuñada, pero con el hombre en cuestión no dejábamos de mirarnos, y comunicarnos solo con los ojos, él pasaba su lengua lentamente por sus labios mirándome fijamente, como diciéndome, "te chupo toda".
Cuando llegaron mi marido y mi cuñado con las entradas, pasamos al interior del cine, me sentí molesta tener que dejar escapar a ese hombre que me fascinaba, y quizás no volviera a verlo nunca más.
Nos sentamos en los sillones de la última fila, mi cuñado, Marisa, su esposa, Carlos y yo, al lado mío quedaban las dos últimas sillas desocupadas de la fila.
Se apagaron algunas luces, tomé a mi marido de la mano, comenzaron los comerciales y luego los avances de los próximos estrenos, comenzó la película de terror, y la sala quedó completamente a oscuras.
A los cinco minutos de comenzada la película, un señor se sienta a mi lado, giro mi cabeza, con sorpresa veo al hombre que me había inquietado tanto mientras esperábamos con mi cuñada.
Su perfume embriagador llegó a mi para cautivarme aún más. Estaba inquieta, moviéndome en el sillón.
Al poco rato su mano se apoyó en mi muslo desnudo, y con el dedo índice empezó a subir y bajar por mi pierna, su piel era suave, lo dejé recorrer mis carnes, abrí mis piernas, mi mini al estar sentada se había subido hasta dejar mis bragas casi al aire.
Su dedo impertinentemente comenzó a palpar mi braguita, ya húmeda, tomé el abrigo y lo estiré sobre mi falda para tapar su mano lo que le dio la pauta que yo quería dejarlo jugar con mis encantos.
Muy despacio su dedo anular corrió mi braga, y se introdujo pausadamente en mi vulva totalmente mojada lo que le permitió una entrada triunfal a lo más recóndito de mi conchita totalmente depilada y sin un solo vello, como la de una bebe.
Su dedo entraba y salía con descaro, produciéndome un placer inmenso, recorría mi vagina, mientras mi corazón galopaba y mi respiración se hacía queda.
Su dedo fue recorriendo mis labios vaginales, me recorría toda, mis jugos empezaron a manar, mi deseo era animal.
Luego de jugar con mi labios vaginales, volvió a introducirlo todo, ya dentro de mi vulva, lo movía para los costados, luego en círculos, yo me balanceaba con ese dedo sublime que me estaba haciendo perder el raciocinio, ¡qué rico me hacía sentir!
La película iba pasando, ni sabía de lo que se trataba, mi atención toda estaba en el dedo de ese desconocido que me estaba haciendo gozar desaforadamente.
El muy descarado, llegó a mi clítoris, ahí si, que me hizo temblar, tomó mi botoncito como si fuera el dueño y lo masajeó intermitentemente, haciéndome desearlo más, me acomodé tirando mi espalda para atrás, ya llegaba mi orgasmo, me mordí los labios para que mis gemidos no salieran, apretaba la mano de mi marido, mi esposo correspondía a mis apretadas pensando que Laurita estaba asustada por lo que veía en la pantalla.
Tuve un orgasmo apretado y silencioso, el desconocido dejó su dedo dentro de mi conchita, a los pocos segundos continuó con el mismo juego, hasta hacerme tener un nuevo orgasmo, y otro, y otro.
La película duraba tres horas y el desconocido me masturbó a lo largo de la película, no sé cuántos orgasmos tuve, no los conté, pero fueron muchos.
Mi último corrida con el desconocido fue cinco minutos antes que terminara la película, retiró su dedo de mi conchita, se lo llevó a la boca, se chupó los jugos que en él habían quedado, se levantó y se fue.
Nunca más lo volví a ver, lamentablemente.