EMBARAZADAS

Videos Caseros


 

 

 

Chat con Chicas

 

IR A LA PAGINA PRINCIPAL DE SEXO CASERO

Sexo Voyeur

Sexo Gratis | Sexo Gay | Fotos de sexo Gratis

LAURA SE CONFIESA 10

Cuando llegaron el albañil y su hijo y nos encontraron desayunando a Jacinto muy pegadito a mi,  estoy segura que se dieron cuenta de lo que había pasado, los invité a ambos a desayunar,  cuando terminaron y se pusieron a trabajar,  tomé mi bolso y me despedí de ellos,  Jacinto me acompañó hasta la camioneta y me pidió que a la noche volviéramos a repetir que la íbamos a pasar aún  mejor,  que seguía erecto y caliente, me llevó la mano hasta su bulto impresionante,  lo acaricié por sobre el pantalón, empiné mis pies y le dí un beso con la boca abierta,  mientras le frotaba con mi rodilla su polla ya lista,  lo hicimos sin ningún disimulo,  sin importarnos nada,  si nos veían o no.  Nuestras lenguas se encontraron y se fundieron en una, nos dimos un beso largo y caliente,  nos costó separarnos,  pero cada uno debía seguir con la rutina del día que nos esperaba, me despedí toda húmeda y candente hasta la noche que cenaríamos juntos. Me pidió que no olvidara mi móvil,  quería nuevamente cogerme mientras mi esposo estaba del otro lado de la línea.

Al llegar a mi departamento encontré a mi cuñado que me esperaba en la entrada.

-Laura, ¿de dónde vienes?, hace más de media hora que te estoy esperando.

Mi cuñado y yo éramos amantes, cada vez que podíamos nos dábamos unos buenos revolcones.

-Vengo de ver la obra, ¿qué haces a esta hora?, ¿cómo no avisaste que venías?.

-Es una urgencia Laura,  nuestra suegra está enferma y necesita que vayas urgente, mi esposa no puede ir porque tiene que llevar a los chicos al médico.

-Pero...¿qué le pasa a la vieja?.

-Está con fiebre y necesita que alguien se quede con ella,  mañana ya va mi esposa.

-Ok,  no hay problemas, (la vieja bruja,  me arruinó la noche con Jacinto)

-¿Quieres pasar un rato?,  mi mirada fue directa a su polla, y mi dedo índice provocadoramente acariciaba su pecho.

-Claro, tesoro, pasaré un rato y jugaremos como nos gusta a nosotros.

Pasamos a la sala,  cerré la puerta con pasador,  me di vuelta,  mi cuñado me estaba esperando con los brazos abiertos,  me abrazó y comenzó a besarme lentamente,  yo lo dejaba que me hiciera lo que quisiera, él tenía con su esposa la misma contrariedad que yo con mi marido,  no servían ninguno de los dos como amantes,  eran fríos y su práctica sexual era para engendrar hijos solamente, el placer era para la gente rara.

Los besos y caricias que me había proporcionado Jacinto me habían excitado mucho,  tanto que pensaba en masturbarme apenas llegara a la casa,  así que mi cuñado fue muy bienvenido en ese momento, él me sacaría las ganas que me había despertado Jacinto.

Mientras nos besábamos y lamíamos enteros nos fuimos desnudando,  mi cuñado sacó su polla dura como una roca.

-Bésala Laura, y pasaba toda su verga por mi cara,  pásale esa lengua de puta que tienes, vamos nena, que esto te gusta mucho.

Tomé su verga erecta y me la llevé a la boca,  me la tragué enterita,  la lamía por todos sus recovecos,  mi cuñado empezó a gemir, y a cogerme por la boca,  la saqué y me dediqué a chuparle sus testículos mientras con mis manos lo masturbaba,  sus dos manos se apoderaron de mis senos,  me acariciaban los pezones,  me llevé su polla nuevamente a mi boca,  succionaba y lamía tanto que en pocos segundos me inundó la boca con su semen espeso y tibio,  que tragué en pequeños sorbos.

-Laura, perra,  me has hecho correr como si tuviera quince años, ahora te haré correr yo, putita divina,  con mi lengua, si?

-Sí, dame mucha lengua,  estoy muy caliente.

Me tendí a lo largo del sillón,  con mis dedos abrí mi vagina chorreante y ardiente,  él se arrodilló y comenzó a lamerme de punta a punta, hasta que su preciada lengua llegó a mi rajita que lo esperaba con ansias,  sus movimientos en mi clítoris eran en círculo,  me hacía estremecer hasta que mis convulsiones y gemidos anunciaban mi primera corrida, con él. 

Subió con su lengua hasta llegar a mi boca y no besamos,  me mordía los labios suavemente con sus dientes,  mis manos bajaron a su verga, y comencé a masturbarlo,  mientras nuestras lenguas se seguían enroscando,  su polla ya estaba empezando a ponerse lista para mí,  como sabía de sus gustos y la quería tener bien dura dentro mío, la busqué con mi boca y le empecé a pasar la lengua por la puntita,  luego la metía y la sacaba de mi boca,  hasta que en segundos tomó el tamaño y la dureza que a mi me hacía gozar,  nos acomodamos y me senté sobre él,  puse apenas unos centímetros dentro mío,  lentamente la fui enterrando, disfrutando cada milímetro que entraba, hasta llegar al fondo de mi vulva,  él succionaba mis pezones, pasando un brazo para atrás, introducía su dedo en mi trasero, nos gozábamos mucho los dos.

Yo rogaba.

-Así papi, asiiiii, ahhhhh y tuve una nueva corrida.

Después de mi corrida,  me hizo apoyar mis rodillas en el sillón.

-Una perra como tú, debe estar en cuatro patitas,  tomó mis nalgas con ambas manos,  las abrió, y comenzó a lamerme el trasero,  su lengua iba desde mi ano a mi conchita,  mientras me introducía un dedo en mi vagina,  mis jugos comenzaron a fluir.

- Ahora me devoraré este culito, te la tragarás toda, de punta a punta, como la puta que eres.

Comenzó lentamente a penetrarme por atrás,  mi ano ya estaba dilatado,  poco a poco fue entrando hasta el final. Comenzó a entrar y salir mientras sus dedos frotaban mi clítoris,  y con la mano libre masajeaba mi pezón, pasaba la palma de la mano circularmente, su lengua recorría mis orejas,  me estaba cogiendo como un Dios,  mis corridas eran continuas, hasta que su leche inundó mi ano.

Me dí vuelta y nos besamos largamente.

-Laura, me gusta cogerte cada día más.

-A mi también cuñadito, ya verás como nos divertiremos en las vacaciones,  lo haremos en sus narices, ¿si?. Ese seguirá siendo nuestro gran secreto, le hablaba y lo lamía a la vez.

-Claro que sí,  eres la más  puta Laura.

-Si, lo soy, y me gusta serlo, Carlos no me satisface y yo soy una hembra muy caliente.

Después que mi cuñado se fue, me di un baño, y fui a la casa de mi suegra, estaba de un humor pésimo debería pasar la noche en su casa, hasta que mi cuñada viniera al día siguiente.

A las diez de la noche sonó mi móvil, era Jacinto.

-Laura, ¿qué pasa que no vienes? 

-Estoy en casa de mi suegra, pasaré la noche aquí, está enferma y no hay quién la cuide.

-Laura estoy muy caliente, te quiero coger ya.

-Imposible, mañana apenas venga mi cuñada voy para allá, ¿si?

-Quiero ahora. Ya.

-Jajaja, no seas ansioso, te prometo que mañana voy.

-¿Dónde vive tu suegra?

Le di la dirección.

-Puedo ir con alguna excusa, y lo hacemos dónde sea, por favor no puedo esperar hasta mañana.

-Ok, pero con una condición.

-¿Cuál?

-Que no me comprometas, si no podemos, te aguantas.

-Ok, aunque sea solo verte, tocarte un poco, algo haremos Laura.

-Te espero.

Fui a la habitación de la vieja, me quedé a su lado, ella dormitaba.

-Es la hora de su píldora, la toma y se duerme como una niña buena, ¿si?- Vieja de mierda pensaba para mis adentros.

La vieja tomó su pastilla.

-Gracias Laura, eres muy amable.

-Usted se lo merece, suegra. Mientras se duerme iré a la cocina a prepararme un café y vré las noticias.

-Si, ve tranquila, hijita.

Fui a la cocina, por la ventana vi que Jacinto estacionaba su auto, salí a recibirlo para que no tocara timbre y despertara a la vieja.

En la calle me tomó en sus fuertes brazos y me abrazó, mientras nos besábamos apasionadamente.

Entramos a la cocina, con los dedos le hice señas que hiciera silencio y me esperara, fui hasta la habitación de la vieja, que ya roncaba. Silenciosamente cerré la puerta y me saqué las bragas, tenía una minifalda blanca con un top negro, sin bragas y sin soutien. Me había vestido con ropa cómoda, para estar al instante dispuesta para Jacinto.

Me acerqué a Jacinto, y como una loba en celo lo acaricié, tomé sus manos y las llevé a mis senos, Jacinto me los acarició, yo lo lamía, le pasaba mi lengua húmeda por su cuello y orejas,  me levantó el top, comenzó a chuparme los pezones, mientras yo le desabrochaba el pantalón para apoderarme de su verga tiesa y dura, lo masturbaba con mis manos, me puse de rodillas y se la empecé a chupar deliciosamente.

La polla de Jacinto estaba entera en mi boca, no hablábamos, suspirábamos y gemíamos.

Me levantó y me sentó en la mesa de la cocina, subió mi minifalda, abrió mis piernas al ver que no llevaba bragas, se sonrió y me dijo:

-Laura, sin bragas, lista para que te coja, me apasiona tu desparpajo.

Y empezó a darme su lengua en mi entrepierna, hasta llegar a mi conchita, la lamía, sus enormes bigotes me hacían cosquillas, me lamió sin parar hasta que me corrí un par de veces en su boca.

Sentada sobre la mesa de la cocina me penetró lentamente, me hacía desear cada centímetro de su polla, comenzó a moverse en círculos, sus embestidas eran portentosas, tuve un orgasmo apretado en su boca, para que la vieja no sintiera nada, después que me corrí, me pasó su verga por la cara y me pidió que se la chupara, y eso hice, hasta que me llenó la boca de semen.

Nos besamos y abrazamos.

-Te pido por favor que te vayas, estoy arriesgando mucho.

-Si tesoro, me voy bien atendido por ti, mañana apenas venga tu cuñada, ven a la obra, te estaré esperando duro como siempre.

-Hasta mañana.

Mi cuñada llegó cerca del mediodía, estaba ansiosa por volver a estar en los brazos de Jacinto,  después de los saludos y agradecimientos correspondientes a la situación,  me despedí con la excusa que debía ir rápido a la obra ya que debía hacerles la comida a los albañiles y carpintero.

Mi suegra y cuñada no hacían más que alabar lo buena que era con ellas y cómo me preocupaba para que los arreglos de la casa se terminaran lo antes posible,  y la suerte que había tenido Carlos de tener una esposa tan buena y abnegada.

Salí corriendo,  harta de escuchar las estupideces que decían esas mujeres,  estaba segura que ninguna de las dos en su vida habían sentido un orgasmo, para ellas el sexo era para las putas,  y ni se imaginaban que delante de ellas tenían  a la más puta de todas.

Legué a la casa, saludé a los albañiles y a Jacinto y les prometí que en una hora estaríamos almorzando,  hacía bastante calor así que en el camino había comprado unas cervezas que puse a refrigerar,  para beberlas mientras almorzábamos,  mientras preparaba la comida,  Jacinto cada tanto pasaba cerca mío y me toqueteaba las tetas, el culo, en un momento se agachó y me pasó su lengua desde los pies,  hasta llegar a mi braga,  yo estaba en las nubes y no veía la hora de que llegara el momento de poder estar solos los dos.

Almorzamos los cuatro juntos,  las cervezas estaban heladas y el clima invitaba a seguir bebiendo,  Jacinto cuando podía me toqueteaba alguna de mis partes.

Me levanté a lavar la vajilla, el albañil y su hijo se fueron a trabajar y Jacinto fue con ellos,  a los diez minutos volvió a la cocina,  me tomó por la espalda,  su lengua húmeda recorría mis hombros, sentía su respiración en mi cuello, eso me excitaba mucho,  me dí vuelta y le propiné un beso en plena boca abriendo bien mis labios,  le pasaba la lengua por toda su boca.

-No voy  a esperar que se vayan Tomás y Martín, estoy desesperado, quiero cogerte ya.

-Mientras esten ellos, será imposible,  nos pueden ver.

-Voy al cuarto de atrás, tú espera unos minutos, y después vas,  he preparado el lugar pensando en cogerte ahí,  después cuando se vayan ellos lo haremos en cualquier parte, nadie nos verá.

Acerqué mi boca a su oído, y mimosa le decía que su verga era la mejor, la más potente, que su lengua la quería dentro de mi conchita por horas, mientras lo lamía por su cuello sudado y salado, me encantaba el sabor de su piel transpirada. Y no mentía, Jacinto era un hombre muy experimentado en las lides sexuales, sabía usar sus manos, dedos, lengua y pene, en el momento justo.

Jacinto se fue al cuartito trasero duro como una roca, terminé de acomodar la cocina,  salí hacia el patio,  los albañiles estaban trabajando y no se percataron de mi presencia,  rápidamente me dirigí al encuentro con Jacinto.

Ese cuarto en cuestión lo usaríamos en el futuro para guardar trastos,  tenía una ventana,  que en esos momentos estaba cerrada y una puerta de madera,  no había mueble alguno,  solo un sillón destartalado,  pero que al menos nos iba a servir para estar algo cómodos. 

Estaba tan anhelosa por recibir esa verga,  que me olvidé de cerrar la puerta,  lo único que quería era que ese macho me sirviera como a una loba en celo,  no quería nada más que Jacinto me cogiera,  bien cogida,  en ese momento,  no me importaba otra cosa.

Cuando entré, Jacinto estaba sentado en el sillón, acariciándose su enorme verga erecta,  cuando me vió abrió sus piernas y me la ofreció,  me arrodillé,  puse mi cuerpo entre sus piernas,  tomé su exquisita verga y me la llevé a los labios,  mi lengua le bordeaba todo el glande,  y empecé a recorrerla de punta a punta,  la succionaba con una avidez insaciable, mientras él me iba sacando la ropa,  quedé con una minúscula tanguita negra, no solo le chupaba la verga,  también su torax,  sus brazos,  lo mamaba por todas partes con exasperación,  le decía guarradas, que tenía la mejor verga, que enculara a esta puta incurable, él cerraba los ojos,  gemía de placer, me decía putaaaa!!!.

-¿Te gusta hacer cornudo a tu marido, perra?

-Si, quiero que sea el más cornudo y yo la más puta!.

Abrió su boca desmesuradamente y se metió un seno dentro, mientras que su lengua frotaba mi pezón duro y erguido.

-Ahhh!!!!, qué rico me follas Jacinto, ahhhh, asiiii!!, ¡qué linda verga me estoy tragando!, ¡ahh, ahhh! y mi orgasmo llegó inundando su polla de mis jugos.

Mis brazos rodearon su cuello y nos fundimos en un abrazo mientras nos besábamos frotando nuestras lenguas, eran dos cuerpos en uno.

-¡Quiero más!, ¡dame más verga, Jacinto!, ¡dame, dame!,¡mucho, quiero verga, dame, dame, no pares.

-Si, puta, te daré todo lo que quieras, y si no te alcanza, seguiré con mi lengua, mis manos, con lo que sea, hasta que desfallezcas de placer.

Me tomó de las caderas levantándome hacia arriba,  su polla salió de adentro mío,  me arrodillé y se la empecé a chupar de nuevo, quitó su polla de mi boca,  no quería correrse aún, quería darme más verga, como le había pedido.

Me dí vuelta y lo monté dándole la espalda,  sus inmensas manos aprisionaban mis senos, mis ojos estaban cerrados, fui introduciendo poco a poco su pene,  hasta enterrarlo bien adentro mío,  y comencé a cogerlo, así de espaldas a él, con mis manos comecé a acariciarme el clítoris.

-Mira Jacinto, me masturbo mientras me coges, ¡qué rico es!

Me masturbaba, teniendo bien adentro mío el aparato duro de mi macho,  las manos de Jacinto aprisionaron mis tetas inflamadas de placer, mis pezones seguían erectos y bien en punta, con mis ojos cerrados disfrutaba y gemía, mientras mis corridas eran simultáneas.

Cuando abrí mis ojos ví a Tomás y Martín observando la escena,  ambos masturbándose,  con sus vergas duras apuntandome. Vieron  y escucharon todo, como le había estado chupando la verga a Jacinto,  como lo monté y cómo rogaba que me siguiera cogiendo. También vieron cómo gozaba yo, cómo pedía verga sin parar.

Grande fue mi sorpresa al verlos allí parados, erectos y masturbándose, me quedé quieta montada en la verga de Jacinto, con las piernas abiertas, con cara de viciosa, no sentí vergüenza alguna,  al contrario,  estaba aún más excitada, pensando en lo que yo estaba produciendo en estos tres hombres. Me encantaba que me vieran cogiendo y a su vez volverlos locos de calentura.

No podía ocultar nada, ellos lo vieron y escucharon mis gemidos, fueron testigos de todo, eso me puso más puta y caliente aún, así que con mis manos abrí los labios de mi sexo, y se los mostré, los miraba a los ojos, los invitaba a que siguieran disfrutando de lo que veían.

Con la polla bien dura de Jacinto dentro de mi conchita aún latiendo, comencé a mover mis caderas sinuosamente, hacia un costado y otro,  sin dejar de mirarlos fijamente, provocadoramente, susurré:

-Tenemos visitas Jacinto.

Jacinto asomó su cabeza por mis hombros,  sus manos no paraban de tocarme por todas partes,  seguía balanceándome lentamente aún con su polla dura, dentro mío, yo seguía  provocando a los otros dos.

-¿Les gusta cómo me coge esta perra?-Preguntó.

-Eres un hombre muy afortunado, Jacinto, te envidiamos, acotó Martín.

-Quieren ver cómo me la cojo? ¿Les gustaría hacerlo cornudo al marido, más de lo que es?

-¿Qué opinas Laura?.¿Te gustaría tragarte tres pollas a la vez?, me encantaría compartirte con estos amigos.

Yo opté por callar.

-El que calla otorga, dijo Martín. 

Y tomó la iniciativa,   su polla durísima y joven me la pasó por toda la cara,  apoyó su verga en mis labios, como pidiendo permiso para entrar,  abrí mi boca descaradamente, y me tragué esa polla, casi hasta el fondo de mi garganta, era un lujo mamar semejante instrumento,  era el más joven de los tres.

Tomás, timidamente me tomó la mano y posó en ella su aparato, nada despreciable, por su tamaño y grosor,  encerré en mi mano su verga y comencé a masturbarlo, suavemente, saqué de mi boca la pija de Martín, y me llevé la de Tomás,  lo hacía alternativamente,  de pensar que tenía tres vergas para mí,  me hizo perder la razón, comencé a mecerme sobre la verga de Jacinto,  y en cada una de mis manos una verga que masturbaba y chupaba de a ratos a una, luego a otra, tuve una corrida larga, una de las más largas que recuerde.

Jacinto se levantó del sillón,  y me recostó, abriendo mis piernas,  con su lengua juguetona recorría todo mi cuerpo,  mis piernas,  brazos, Tomás me puso nuevamente su verga en la boca,  Martín me besaba los pezones,  mamaba y masturbaba, a padre e hijo.

La lengua de Jacinto se posó en mi clítoris,  la subía y la bajaba,  me corrí en su boca,  era indescriptible lo que me hacían sentir las lamidas en los pezones y la otra lengua en mi clítoris,  era una sensación de placer indescriptible.

-Te cogeremos todo el día, Laura, decía Jacinto. Ahora me devoraré tu trasero tan rico y lo llenaré de la lechita que tanto te gusta.

-Si, si, quiero que me hagan de todo. Asíiiii, mmmmmmm,  ¡qué rico, cómo me gusta!!!

Tomás se sentó en el sillón,  lo monté de frente, me besaba en la boca, sacaba su lengua y recorría mis hombros, su verga erguida llegó hasta el fondo de mi vagina,  Jacinto se adueñó de mis nalgas,  lamía y besaba con fruición mi ano,  metía un dedo,  luego dos, cuando consiguió la dilatación justa,  me penetró sin demasiado esfuerzo,  mis tetas eran sobadas por Tomás, estaba en el medio del sandwich, me estaban cogiendo por todos mis orificios, Jacinto por el culito redondo y durito, Tomás por la vagina chorreante y Martín por la boca. Llenaron de semen todos mis hoyos, y yo los recibí placenteramente y sin resistencia alguna.

-Te cogeremos Laura en la cara de tu cornudo marido,  insistía Jacinto.

-No, no, me mataría.

-Lo haremos Laura, aunque sea cerca de él, me encanta hacer cornudo a los cabrones como él,  perderse semejante hembra, no tiene perdón de Dios. Se merece ser el más carnudo del planeta.

-Toma, te doy toda mi lechita en tu culo, decía Jacinto.

Recibí el semen de mis tres machos casi al unísono, Tomás inundó mi vulva, Jacinto mi ano, y Martín, mi boca.

Caímos los cuatros extenuados de tanto placer recibido, luego fuimos a la cocina desnudos a tomar más cerveza, ninguno de ellos dejó de manosearme mis partes, yo tambié correspondía a sus besos y sobadas, fue una tarde muy caliente y placentera, que se volvió a repetir varias veces más, incluso hasta casi delante de los ojos de mi esposo.

Pero eso lo dejo para el próximo relato relato.

CONTINUARÁ

Espero que les haya gustado esta nueva infidelidad de Laura, y como siempre los saludo y espero sus comentarios, aquí en la página o en mi correo. Besos.