Pronto tuve que empezar a ser yo quien se impusiera a ello y acabar con aquello de los postit en mi mesa y que me enviaran las peticiones por mail (aunque Don José todavía seguía con los postit), pero eso fue sencillo en cuanto empecé a manejar… la minifalda! Para cada uno de ellos lo más importante eran sus contratos/contactos/citas, y eso debía pasar por encima de las de sus compañeros, así que tuve que empezar a poner orden e incluir procesos de trabajo. Buscaba algo en una oficina y me harté de enviar curriculums a los que nadie me respondía. Yo ya estaba caliente de excitar a Don José, y ahora tenía los quince de la oficina excitados, y al pobre Juan sin aliento ante mi. Yo notaba cómo el se encogía en la silla, mientras veía crecer su sexo por momentos y el trataba de taparlo con sus manos ;) Qué dulce! El, que era el que se había opuesto con toda rotundidad a que yo les fijara citas, y ahora parecía un corderillo y decía a todo que sí. Yo acepté encantada, y ellos me dieron facilidades para arreglar los papeles y obtener la residencia permanente (me hicieron contrato fijo con seis meses de prueba). Volví a recostarme sobre la mesa, frente a Juan, mirándole a los ojos, apoyándome en mi brazo derecho mientras le miraba y me pasaba la lengua por los labios (lo cierto es que tanto hablar me había secado la boca, o sería la excitación?). |