Luego de una tímida presentación nuestros anfitriones nos hicieron pasar al recibidor. En un principio, mi idea fue la de ir sólo al baño, retocarme el maquillaje, y reunirme de nuevo con el resto del grupo en el recibidor. La impresión que nosotros causamos en ellos—te digo Marqués—que sólo la puedo intuir, pero el grato recibimiento y las miradas escrutadoras que Carlos le daba a mi culo, me inspiraban buenos augurios. Pequeños pero paraditos, y de una belleza sin igual, los pechitos se hacían notar en la parte superior con clase y delicadez. Inclusive a mí me hubiese gustado tocarlos. Yo me paré un momento frente a ellos, y giré con lentitud para pudieran verme en todo mi esplendor —en ese instante estuve segura de mi cuerpo como nunca antes, me sentía bien como mujer, y mi femineidad se reflejaba en el resto de los presentes—. |