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Laura se confiesa (8)
Muchísima gente me ha preguntado, cómo mi esposo había conseguido ese ascenso, el doble de salario y que pudiera viajar tan seguido, con todo pago y en los mejores hoteles.
Mi respuesta era siempre la misma.
-Es que Carlos es una persona muy responsable, y el más inteligente de la empresa.
Cosa que era una absoluta mentira, Carlos no era nada de eso, la que había conseguido ese ascenso, fui yo, entregándome como una terrible puta al dueño de la empresa naviera, un señor muy apuesto de 70 años.
Todo comenzó en una fiesta, cuando aún éramos novios, ya habíamos fijado fecha para casarnos, faltaban pocos días para que cambiáramos nuestro estado civil.
La fiesta en cuestión, era casi para fin de año, don Alejandro Martínez Cuesta, así se llamaba el dueño, ofrecía un gran ágape a todos sus empleados festejando el superávit del año.
Yo andaba por los 24 años en ese momento, era la más infiel y puta de todas las novias, todos me venía bien, mientras fueran hombres, y más si todos estaban dispuestos a darme placer, ya que era muy bella y con un cuerpazo de chica para la tapa de Play Boy, con todo proporcionado, todo en su lugar y todo mío, nada de cirugías o prótesis, eso era lo que volvía loco a todos los caballeros, mis medidas eran 95-60-100, con una altura de 1.70 mts, cabellos oscuros, largos hasta mitad de la espalda, una cara muy sensual, con labios carnosos y una mirada que echaba fuego, una mirada que decía ¿qué esperas?¡cógeme!, cuando un hombre me gustaba, también esa mirada, iba dirigida a los señores mayores, más cuando sus cuentas bancarias eran abultadas y yo podía sacar algún provecho de eso.
Llegamos a la fiesta en la residencia de don Alejandro, era una noche muy calurosa, llevaba un vestido blanco, que me había regalado uno de mis tantos amantes, para que lo usara con él, y por supuesto, lo usé.
El vestido en cuestión se componía de una falda larga,
pegada al cuerpo, con dos tajos inmensos a los costados, la falda recién
empezaba desde mis caderas, la parte de adelante, estaba compuesta por dos
tiras gruesas que se anudaban en la nuca, mi espalda estaba completamente
desnuda, de las caderas hacia el cuello, solo se veía mi piel, para que
todo el mundo pudiera apreciar mi espina dorsal, decidí hacerme una trenza
larga que caía hacia un costado.
Cuando entré en la fiesta del brazo de mi futuro esposo, no hubo quién no se diera vuelta para contemplar a esa diosa de carne y hueso.
Carlos me presentó a sus compañeros de trabajo, Marcelo y Pedro con sus respectivas esposas, muertas de envidia porque veían en mi a una amenaza, error de las chicas, nunca les iba a sacar al marido, si, con mucho gusto, los gozaría hasta cansarme, pero nada más que eso.
Cuando me llevó hasta la barra para presentarme a don Alejandro, el vejete se quedó con los ojos en blanco, su mirada de deseo recorrió palmo a palmo mi cuerpo, su mano estrechó la mía y fue una caricia lasciva, se acercó y me dió un beso que casi rozó mis labios. No dejó de observarme un momento, hasta la hora del baile, dónde se acercó a Carlos y le pidió permiso para invitarme a bailar, Carlos, sin problemas le dijo.
-Baile todo lo que quiera con ella don Alejandro, a mi no me gusta el baile, aprovecharé para tomar unas copas con los compañeros.
Don Alejandro me tomó del codo, y me llevó hasta la pista de baile, que por cierto estaba muy oscura y casi vacía.
Sus brazos atraparon mi cintura fuertemente, yo enrosqué mis brazos en su cuello, y sabiendo lo que producía en el vejete, apoyé mis senos duros, en su ancho pecho.
Comenzamos a bailar lentamente, su respiración agitada se confudía en mis orejitas.
Sus manos subían y bajaban por mi espalda desnuda, yo lo dejaba hacer, me gustaba calentar a los hombres y este no iba a ser la excepción.
-Laura, mira lo que provocas en este viejo, eres una mujer deliciosa.
Sentía como su bulto entre mi falda se iba acrecentando.
-Gracias, don Alejandro.
-No me llames don, dime Alejandro y tutéame.
-¡Bien!, dije coqueta y apoyé mi barbilla en su hombro. Mientras frotaba mis grandes senos, con los pezones ya erectos sobre su pecho.
Sus manos cada vez recorrían más partes de mi cuerpo, disfrutaba de esas caricias. Abrió el tajo del costado de la falda, introdujo sus dedos suavemente, sus dedos subían y bajaban debajo de mi falda, yo acomodaba mi cuerpo de tal manera, para facilitarle el recorrido, buscaba mis bragas.
-¿Dónde has metido tu braga, preciosa?.
-No uso bragas, no me gustan las marcas que dejan.
-Eres endemoniadamente putita, Laura.
Clavé mi mirada fijamente en sus ojos y una sonrisa cómplice se dibujó en mi cara, abrí mi boca, y con la punta de mi lengua humedecí mis labios.
-mmmmmm, esa lengüita Laura, me gustaría saborearla.
Acerqué mi lengua a sus labios, el viejo rápido, me la atrapó con su boca, nos dimos un beso corto y rápido, pues aunque estaba oscuro, podíamos correr algún riesgo.
Al fin sus dedos llegaron a mi vagina húmeda, desprovista de bragas, estaba totalmente desnuda, solo llevaba el vestido.
-mmmmmmm, Nena, estás sin bragas, de verdad, creí que te estabas burlando de mí, …mmmmm,¡cómo me gustas!, sus dedos seguían jugando con mi vagina, hasta llegar a mi clítoris, subía y bajaba, mi respiración se fue agitando, pequeños suspiros de placer se me escapaban, bajé mi mano y acaricié por sobre el pantalón su pene erecto.
-Ahhhh, uhhhh, nena,…¿sabes las cosas que podría darte, si te dejas coger ya, aquí en la pista?.
-¿Qué podría conseguir?, y le pasaba lentamente mi lengua por su cuello, subiendo hasta su oreja derecha, introduje mi lengua en su oído, y suavemente se lo recorría, le chupaba el lóbulo de su oreja, esas lamidas lo hicieron estremecer, apretándome fuerte contra él, me dijo.
-Puedo conseguir lo que quieras, tengo mucho poder y dinero.
-¿Un ascenso para mi futuro marido?.
-Si estás dispuesta a darme placer, si.
-¿Un ascenso y doble salario?. Mi lengua seguía jugando con su oreja, y mi mano estaba tratando de sacar su pene.
-Lo que quieras, lo que pidas. El viejo ya susurraba, su voz era ronca de la calentura.
Abrí mis piernas, corrí la falda de mi vestido, ya tenía su polla inflamada fuera del pantalón la ensarté lo mejor que pude en mi conchita.
-Estoy muy caliente, nena, mira lo que has incitado en mi. Y se movía en círculos lentos dentro de mi conchita, todo muy lento y suave. Solo tenía la mitad de su polla dentro de mi conchita, la posición era incómoda, pero ¡cómo lo disfrutaba!.
-Ahhhh! ¡Uhhhh, qué lindo es tu paquete, Alejandro, me gustas, mmmmm, ¡me la comería toda!. Dámela toda!.
Ya había perdido toda capacidad de raciocinio, en ese momento era una hembra hambrienta de placer. Miraba hacia la barra y lo veía a Carlos bebiendo y hablando con sus amigos, eso me acrecentaba el morbo que se estaba despertando en mí, me encantaba que me cogieran frente a sus ojos y que Carlos no sospechara nada.
Ya tenía más de la mitad de la verga de Alejandro dentro mío, sus dedos masajeaban mi clítoris.
-¡Sigue así Alejandro y me corro aquí mismo, dale, dame, así…mmmm, así y me corro, no pares, ahhhhh!!!!!.
Y tuve mi primera corrida, con medio pene dentro, y sus dedos maravillosos masajeando mi clítoris.
Seguía viendo a Carlos, y dos de sus compañeros de trabajo, Marcelo y Pedro, con sus esposas colgadas del brazo, bebían mucho champagne, sabía que a Carlos la bebida le hacía mal y estaba bebiendo demasiado.
Mi boca pecadora buscó la de Alejandro, nos dimos un terrible beso, apretado, nuestras lenguas se enroscaron y jugaban una con otra.
-Dame esa lengua en la conchita, me gusta que me la chupen mucho.
-Eres una puta, claro que te la chuparé, lo haría por horas. Vamos a un lugar donde estemos cómodos.
Nos escabullimos por un costado del salón, sin que nadie nos viera, pasamos por la cocina, salimos por una puerta lateral, dónde había una inmensa escalera que llevaba a la parte de arriba de la residencia de don Alejandro, abrió una puerta que había a un costado, era una sala con inmensos sillones, entramos y puso llave a la puerta.
Me sentó sobre una gran mesa, recosté la mitad de mi cuerpo, dejando mis piernas colgando, don Alejandro se sentó en una silla, corrió mi falda hacia un costado, abrió mis piernas, me mostró su larga lengua.
-¿La ves Laura?, mira esta lengua, te hará vibrar de palcer.
Y enterró su cabeza entre mis piernas, su lengua bendita comenzó a recorrer mi vagina de punta de punta, se frenó en mi clítoris y comenzó a mover su lengua incansablemente, mientras con dos de sus dedos entraban y salían de mi vagina, mientras con su otra mano amasaba mis senos, mis orgasmos fueron múltiples y plenos, llenos de lujuria y pasión.
Después de mis reiterados orgasmos, el viejo se puso de pié, me hizo bajar la mesa y me hizo arrodillar, él seguía sentado, metió su pene erecto en mi boca, comenzó a cogerme por la boca, sus manos sostenían mi cabeza y hacía que siguiera los movimientos zigzagueantes de su pelvis, le pasé mi lengua por todo el ancho y largo de su pene, le lamí sus testículos mientras lo masturbaba con mi mano, volví a introducir su verga en mi boca, hasta el fondo, la sacaba y la volvía a poner, su semen espeso y tibio llegó lentamente a mi boca abierta, lo tragué y me relamí los labios.
-mmmm¡qué rico sabe tu semen, Alejandro!.
-Lo tendrás las veces que quieras saborearlo, mañana por la noche, te invito a cenar, quiero cogerte bien y sin apuros, pasado mañana llegará el ascenso de tu futuro esposo, y el nuevo sueldo. Quiero que seas la más puta de todas cuando estemos juntos, más puta seas, más cosas conseguirás. Nuestras bocas se fundieron en un beso interminable, creo que fue el beso más largo de mi vida. Estuvimos besándonos y acariciándonos un largo rato.
Luego fuimos a la fiesta cada uno por su lado, había tenido varios orgasmos, pero tenía ganas de una verga dura dentro mío, el viejo sólo me había hecho correr con su lengua, y yo quería polla.
A las dos de la mañana mi futuro esposo, estaba completamente borracho y descompuesto, no podía ni caminar, Marcelo y Pedro se ofrecieron a ayudarme con él, y decidieron que sus mujeres esperaran en la fiesta mientras ellos nos llevaban de vuelta a la casa y me ayudaban con el trasto de Carlos.
Marcelo se sentó al volante, yo a su lado, Pedro se quedó con mi futuro marido en la parte de atrás.
Yo seguía muy caliente, con ganas de una buena verga joven y dura dentro de mi vagina, me acerqué provocadoramente a Marcelo, deliberadamente apoyé mis senos en su brazo, encendí un cigarrillo y se lo puse en sus labios.
-Gracias, reina, y apoyó su mano en mi falda, con una mano conducía y con la otra me acariciaba, puse mi mano en su mano y recorrimos juntos mis muslos, abrió hacia un costado el tajo de mi falda y comenzó a acariciar mi piel, desde la rodilla para arriba, recliné mi espalda y apoyé mi cabeza en el respaldar del asiento, no me resistí a sus caricias, al contrario, lo dejaba que sus dedos fueran a mis partes más íntimas, estiré mi mano y acaricié su pene por sobre el pantalón, lo hacía crecer con mis caricias,
Marcelo abrió su pantalón y sacó su pene fuera, era un pene muy bien dotado, con una cabeza grande, a punto de explotar, con la punta de mis dedos comencé a acariciarlo, mis líquidos vaginales comenzaron a fluir entre sus dedos que no paraban de explorar mi rajita, en ese momento Pedro pidió a Marcelo que parara, quería venir a sentarse adelante, pues tenía miedo que mi marido lo vomitara.
Marcelo paró el auto, y cuando Pedro se acomodó a mi lado, vió la mano de Marcelo debajo de mi falda y mi mano acariciando el pene de Marcelo.
-Quiero participar de esto, te encantará Laura.
Como respuesta le dí un beso en la boca, mi lengua llegó casi hasta la garganta de Pedro, él me devolvió el beso, con su lengua entrelazada con la mía.
-¿Quieres que te cojamos entre los dos?, perra..., tendrás dos vergas juntas. Te daremos por adelante y atrás, los dos a la vez, ¿si?.
Marcelo desvió el recorrido y dijo que conocía un camino al costado de la ruta a diez minutos de ahí.
Mientras íbamos al descampado, tenía una verga en cada mano, los dedos de Marcelo en mi conchita y Pedro mamando mis senos, yo los besaba alternativamente, lo único que quería en esos momentos era ser cogida y bien cogida. Soy así de puta, no tengo remedio, y saber que Carlos estaba a menos de treinta centímetros avivaba mi morbosidad.
Cuando llegamos Marcelo aparcó el auto, había una luna llena que nos iluminaba, salimos del auto y Pedro me sentó en el capot del automóvil, Carlos, si hubiera estado lúcido, podría haber presenciado como dos de sus compañeros se cogían a su futura esposa, pero no, Carlos dormía la mona, estaba inconsciente de tanto alcohol que había ingerido.
-Quiero verte desnuda, he soñado con este cuerpo, he cogido a mi señora, pensando en tí, muchas veces me he masturbado pensando en ese culo divino que tienes, quiero besarlo de punta a punta, vamos Laura desnúdate para nosotros.
Me quité el vestido y lo arrojé al piso, ambos silbaron al ver mi desnudez pecadora.
-¡Guau, perra, quiero saborearte!
Me recosté sobre el capot del auto, abrí mis piernas y le ofrecí mi sexo, Pedro parado entre mis piernas, se agachó y empezó a lamerme desde la planta de los pies, hasta mi conchita, pasaba su lengua ávida y experta por todos los rincones, se había adueñado de mi cuerpo desde la cintura para abajo, mientras que Marcelo me lamía desde la cintura para arriba, las dos lenguas me recorrían de punta a punta, la lengua de Pedro quedó estacionada en mi conchita totalmente mojada, me chupaba toda, Abrió su boca y puso todo mi sexo dentro, me la comía, la paladeaba como al mejor manjar, mientras tanto Marcelo me mamaba las tetas, estaba experimentando un placer increíble, jadeaba y me movía como una víbora, me corrí tres veces, rogaba, pedía, exigía que no pararan de chuparme como lo estaban haciendo, entonces decidieron intercambiar las posiciones. Sentía como sus lenguas me lamían entera, sus labios besaban mis pezones, sus dedos en todos mis agujeros, no hacían más que darme placer.
Marcelo fue a la parte de atrás del auto y sacó del baúl una colchoneta, la extendió sobre la hierba, se recostó y me pidió que lo montara, tomé su enorme pene entre mis manos, lo besé, lo mamé, tomé su verga dura y me la froté en la cara, estaba desesperada de calentura, la tomé entre mis manos, y poco a poco fui metiéndola en mi conchita que palpitaba, había llegado a lo más profundo de mi vulva, y me quedé quietita, para disfrutarla, Pedro, se puso detrás mío, y con su lengua me recorrió toda la espalda, mientras sus dedos iban hacia mi ano, su lengua bajaba por mis caderas, saqué mi trasero hacia fuera, invitándolo a que lo paladeara, su lengua en punta comenzó a besarlo, introduciéndome su lengua en mi ano.
-Voy a penetrarte por atrás Laura, ese culito delicioso, se tragará esta verga entera.
Al escuchar esas palabras, saqué más hacia afuera mi trasero.
-La quiero a las dos juntas dentro mío, ¡cojan a esta perra, cómo nunca la cogió Carlos!.
Mi ano ya estaba dilatado, los dedos de Pedro se habían encargado de abrirlo y su lengua de lubricarlo. Puso la punta de su verga, entró un poco.
-Asiiiiii, Pedro, ¡damela toda, bien adentro!
Pedro fue empujando, y me ano la absorbió, hasta llegar casi a mis entrañas.
Así comenzamos a movernos los tres a la vez, tenía una verga por delante y otra por atrás, Pedro me acariciaba el clítoris y Marcelo con sus labios mordía mis pezones.
Pedro me susurraba al oído.
-Puta!, puta, ¿no te gustaría una verga más?.
-Siiiii!!!!, quiero muchas vergas!!!.
-Qué harías con una verga más.
Por respuesta le tomé dos de sus dedos y se los comencé a chupar como si fuera un pene, sus dedos entraban y salían de mi boca, como una verga.
-¡Qué puta eres!, ¡la más perra de todas!, pobre Carlos, los cuernos no lo dejaran ver donde pisa.
Y..., entre los dos me llenaron de leche tibia en mis dos orificios principales.
Los tres exhaustos caímos en la colchoneta, cuando de repente vimos la luz de un auto que se acercaba, fuimos corriendo como estábamos al auto y salimos disparados por miedo a que fuera la policía o algún asaltante.
Cuando nos alejamos del lugar, los tres empezamos a reírnos como chicos, pues en el apuro yo había dejado olvidado mi vestido y estaba completamente desnuda. Marcelo me prestó su camisa, pues no volveríamos al lugar.
Llegamos al departamento de Carlos, yo me quedé en el auto esperando a que llevaran a mi futuro esposo hasta su cama. Entre los dos lo acostaron y luego me llevaron a mi casa, una vez dentro de la casa, le devolví la camisa a Marcelo y me pasee desnuda ante ellos.
-Laura, ¿tus padres?
-Supongo que estarán durmiendo.
Me acerqué a Pedro y comencé a besarlo descaradamente, Marcelo se acercó por atrás y su lengua recorrió mi espalda, me puse de rodillas, acerqué mi boca al pene de Marcelo, ya estaba dispuesto para mi nuevamente, lo introduje en mi boca y me lo tragué de punta a punta, mientras con mis manos, masturbaba a Marcelo.
-¡Dios, Laura, como te gusta la verga! nena eres insaciable!
Los lamía y los masturbaba.
-¿Quieres lechita, putita?
-Toda la lechita en mi boquita, mmmmm, toda para mi.
Marcelo inundó mi boca de semen, mientras que Pedro le depositó en mi cara y la desparramó por todo mi rostro y mi cabello.
Realmente pasamos unas horas llenas de lujuria, quedamos en encontrarnos los tres nuevamente en pocos días.
Los acompañé hasta la puerta de la casa así desnuda como estaba, ya era muy tarde y en la calle no había nadie.
Pedro me arrinconó contra la puerta, me abrazó y nos besamos interminablemente, Marcelo esperó que termináramos de besarnos y luego lo hizo él, nuestras lenguas ya se reconocían y se frotaban.
Pedro me besaba el cuello, y las orejas, me susurró al oído.
-Laura, putita, cuando te hablé de un tercero, lo dije en serio, ¿te gustaría que mientras te damos verga los dos, otro te ponga la pija en tu boquita?.
-Me encantaría probar eso.
-Bien putita, la próxima vez habrá un tercero.
Y los dos se fueron, quedando en volver a repetir lo de esta noche, pero con alguien más.
CONTINUARÁ