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ESPOSA NECESITADA

Me llamo Josefina, tengo 45 años, estoy casada desde hace 25 años y tengo 4 hijos. Mi marido, Carlos, es un hombre maravilloso y el único con el que he estado. Vivimos felices en un conocido barrio de clase alta de Madrid, contábamos con seguridad privada en la urbanización y servicio doméstico. Mi marido es directivo de una importante empresa de Seguros, y yo aunque de formación soy traductora, nunca he trabajado, dedicándome por completo a mi familia. Me encantaba mi vida, en casa, con mis plantas, viendo crecer a mis hijos, y arropando a Carlos como escudera en sus malos días. Hasta hace 3 años.

Volviendo del trabajo mi marido sufrió un terrible accidente de coche. Casi se muere. Los primeros partes no eran buenos: coma, politraumatismos, posibles daños cerebrales. Carlos nunca volvería a caminar, eso seguro. Eso no me importaba, sólo deseaba que al salir de su coma, siguiera siendo mi Carlos, sin secuelas en el cerebro importantes, y llevármelo a casa, para cuidar allí de él.

3 días después, mi marido despertó, sin secuelas cerebrales aparentes. Fue un shock para él cuando le dijeron que no volvería a caminar. Lloramos mucho juntos. Él me confesó que lo que más le dolía era no poder hacerme el amor nunca más. Yo le consolé diciendo que eso era una tontería, y que había otras formas de divertirse en la cama aparte de esa. Además: - Ya tenemos 4 hijos!, tampoco lo necesitamos…, le dije

Dos meses después del accidente nos fuimos a casa. Los meses que siguieron después puedo decir que fueron felices; y tengo que decir que a nivel de sexo me consideraba servida. Desde luego que echaba de menos la polla de mi marido, pero con sus tocamientos y su lengua ummmm… me seguía volviendo loca. Lo que más me gustaba entonces era, cuando estaba tumbado, ponerme de cunclillas encima de su boca, y frotar mi coño contra su lengua mientras él la movía, ufff, qué gusto. Aún ahora, me mojo de sólo recordarlo. Cuando estaba encima de él, le solía coger la cabeza para que no se moviera mucho del sitio, me dejaba caer sobre él, muchas veces del todo, sin importarme si le podía hacer daño, o le impedía respirar, me frotaba y frotaba encima de su cara sin parar, mojándole todo, empapándole, mientras yo gemía, gritaba y me movía compulsivamente como una loca hasta alcanzar unos orgasmos increíbles ummm.

Esta etapa duró un año aproximadamente. Después mi marido cambió. Entró en una especie de depresión, se sentía un inútil y decía que ya no se sentía un hombre al no darme placer como corresponde. Le intenté animar sin éxito. Lo peor para mí es que dejó de tocarme y de lamerme. Estuve a palo seco 1 año entero, masturbándome de vez en cuando para matar el gusanillo.

Al tercer año, no sé qué me pasó pero lo cierto es que un monstruo que tenía dentro despertó.

Se puede decir que todo empezó un día en el que paseando por la terraza nuestro jardinero Ramón, un hombre curtido de unos 55 años, calvo, regordete, desdentado, y bastante grosero y maleducado, me miró como siempre, con sus ojos lujuriosos al pasar a su lado. Al cruzarme vi su mirada como siempre clavada en mis tetas, y cuando pasé noté que me miraba el culo de una manera descarada. Todos los días hacía algo parecido, pero ese día fue diferente, porque me gustó... Sí, me imaginé lo que estaría pensando ese tío asqueroso en ese momento y me empapé toda. Seguro que estará empalmado, pensé. Se me puso la piel de gallina imaginando su polla erguida. Fui a cambiarme las bragas rápidamente pues sólo notarlas húmedas me avergonzaba. Intentaba pensar en otra cosa para quitarme la idea. Volví a acordarme de él, y me imaginé amordazada y atada en la cama mientras el muy cerdo me follaba a la bestia y me embestía con rabia, UUUUF, dije sin poder contenerme, qué ganas, seguí pensando mientras llevaba uno de mis dedos a mi bultito, ya listo, para darme una de las mejores autosatisfacciones de mis últimos años.

Toda la noche estuve dándole vueltas a lo mismo. Quería mucho a Carlos, pero esto no podía seguir así, tenía que follar, alguien se me iba a follar. Necesitaba una polla dentro, ya fuera de un cura, un borracho o un pervertido, y sería mañana mismo.

Al día siguiente Carlos se levantó temprano para ir a trabajar. Me hice la dormida hasta que se fue. Al hacerlo, me levanté y miré por la ventana. Ahí estaba el cerdo de Ramón, con la misma ropa de ayer y tan guarro como siempre. Qué asco, pero joder, ya estaba mojadita pensando en sentir su polla. – Soy una guarra, pensé. Pensando en follar con un tío que en la vida hubiera pensado siquiera en la posibilidad de poder tirarse a alguien como yo. Me puse una camiseta de tirantes, sin sujetador. Pese a mis años mis tetas no estaban nada mal, y quería que se notaran. Escogí un tanguita de seda rosa, y una minifalda vaquera, de esas "cinturón", que tenía desde hacía años y que nunca llegué a estrenar. Cogí unos zapatos de tacón rojos y me miré al espejo. Parecía un putón. Perfecto. Por último me maquillé como tal, y salí a la terraza. Al pasar por delante de Ramón, moví más y más el culo de lo normal. Me reí por dentro, el tío estaría flipando de verme salir con esas pintas. Me crucé con él, le miré al paquete descarada. Estaba empalmado. Me excité. Sé que puede sonar raro pero me gustaba notar que se empalmaba por mí. Seguí andando, y lo dejé a mi espalda. Di dos pasos, paré. Miré hacia atrás, se estaba tocando la polla, apartó la mano rápido cuando me di la vuelta. Sonreí. Uf, el jodido estaba tan cachondo como yo.

Ven un momento Ramón, le dije picarona

¿Señora?

Tú sígueme, continué. Empecé a andar moviendo bien el culito, la falda se me levantó un poco y dejaba ver parte de mi trasero. No me la bajé, sabía que por detrás el cerdo me estaría mirando. Yo estaba puestísima, noté una gota de flujo deslizándose por mis mulos. No podía más.

Fui hasta el cuartito donde guardamos los aparejos. Allí me di la vuelta y observé como mi presa se acercaba. Iba despacio pues el pobre intentaba disimular lo empalmado que estaba.

Ramón, nunca te pregunto por tu vida, ¿qué tal estás?, le dije dominante.

Bi, bi bien señora, ¿qué le ocurre?

Mira Ramón, te voy a ser franca.

Sí señora qué pasa.

Me fijé en lo feo que era. El pensar en dejarme poseer por un tipo así, me puso aún más caliente.

Voy a dejarte hacer conmigo lo que quieras. Lo que quieras, repetí, mirándole fijamente.

Pero señora, yo, yo, yo no…

No se lo esperaba, pero yo estaba demasiado en celo, y lo violaría si fuera necesario. Me acerqué a él rápido y le puse una mano en la polla, antes de se pudiera apartar. Se la cogí fuerte y le dije picarona: - Ummm, ¿acaso no quieres joderme???. Dicho esto, le bajé los pantalones de un tirón, aparecieron unos calzoncillos de esos de hace mil años, la polla le asomaba por encima. Era muy morena, y morcillota. Muy gorda, no veía su longitud. Le bajé los calzoncillos también con fuerza. Él no decía nada, estaba con la boca abierta, embobado. – Tanto tiempo mirándome y ahora parece lelo, pensé. Vi su polla, era pequeña, muy gorda, eso sí. Salieron nuevos jugos de mi interior, tenía un charco en la vagina. Quería su verga dentro. Ramón ahí de pie, con los pantalones y los calzoncillos por las rodillas. Me di la vuelta, avancé un paso y le puse mi culo en pompa, agarrándome a una silla. Me subí la falda. – Ven, móntame como te plazca. Miré hacia atrás, deseaba que me utilizara con fuerza.

Le miré, tragó saliva y se relamió, dudó dos segundos, vi que babeaba un poco de saliva. Ag, que cerdo, se limpió con la palma de la mano. Me erguí de nuevo y me bajé las bragas, para ver si le daba un empujoncito al asunto. Me recosté de nuevo, mostrándole ahora mi culo, con mi agujero bien abierto. Y se acercó decidido. – Ahora verás dijo. Me cogió con una mano de una de las caderas, y con la otra apuntó con su polla directamente al agujero de mi coño. Empujó con fuerza. – OOOOOOOHHHHHH, grité como una perra. Cuánto tiempo esperando esto. La dejó un momento dentro. Me agarró con la otra mano también, volvió a empujar.- AAAAAAAH, grité de nuevo. Me daba un gustazo, no me llegaba muy adentro, pero la tenía tan gorda que notaba que rozaba todas mis paredes. Cada embestida me electrizaba. – Empujó por tercera vez con más fuerza que nunca. –AAAAAH, volví a gritar. Me volvía loca. Le oí susurrar: - Ah, me corro. Noté 3 chorrazos seguidos, dentro, mientras me aprisionaba con fuerza y apretaba más la polla dentro. – ¿YAAAA????, grité. Miré hacia atrás y tenía una cara de cerdo que nunca olvidaré, el cabrón seguía descargando dentro de mi chocho, lo más adentro que le daba su polla mientras me sujetaba con fuerza para que no me escapara. Tres metidas y se había corrido. Hijoputa. Me gustaba sentir su leche dentro. Pero quería más, yo seguía encendida. Quería correrme, pero desde luego no quería que este cerdo me chupara.

Me salí y me incorporé, me di la vuelta y le dije:

¿Pero qué mierda ha pasado?, soez. Él nunca me había escuchado hablar así.

Señora, uno no está rodado, y…

Calla!, ordené gritando. Si supiera esto no hubiera ni empezado

Mire, si quiere lo repetimos, yo sólo necesito un poco de… ya sabe… dijo tocándose la polla flácida que ahora estaba aún más pequeña y morcillota.

Entendí lo que quería. Me dio tanto asco, que me excitó la idea. Me acerqué a él y me arrodillé, se la cogí con una mano y me la metí en la boca sin dilación. Le miré a la cara. Tenía una cara de satisfacción que no se puede ni describir. Empecé a chupar, me la metí toda. Sabía mal. A mis jugos, a semen, seguí mamando, me daba igual, la quería tener dura. – MMM, MMMM. Rápidamente se agrandó, y me costaba metérmela. Era muy gorda. Aún así seguí chupando mmmm, la saboreaba, me gustaba, hacía tiempo que no lo hacía. Noté a la vez que la leche antes descargada en mi coño ahora iba saliendo poco a poco, y se deslizaba por mis muslos. La notaba caliente y espesa, me sentí muy sucia y eso me excitó, - Así puta así, uuuum.. qué gustoooo….Sigue sigue, dijo él. Me cogió de la cabeza para ayudarme. Me gustó que lo hiciera y aumenté el ritmo y la presión que hacía. Lo estaba haciendo con ganas, mmmm, mmmm,. Me la metía, sacaba, me la metía sacaba, llegando hasta donde podía y acompañando con la mano. MMM MMM, Le encantaba. UUUMM – gritó en un momento. Paré, no iba a dejar que se corriera.

Me acosté en el suelo. Y él, sin sacarse el pantalón y los calzoncillos de los tobillos se puso sobre mí. Nuevamente me la puso en la entrada del coño y empujó fuerte, - AAAHHH, grité. Otra vez noté la electricidad. Volvió a darme. – AAAH. Miraba divertido como gritaba. Me daba, -AAAAAH, grité de nuevo, me seguía mirando. Ramón estaba disfrutando de mi cara con cada mete-saca. Yo lo que quería es que siguiera y siguiera, pero no, me daba fuerte, paraba, me daba y paraba, me volvía loca. –AAAAAAH, estaba excitadísima, le arañaba la espalda, y él me miraba sonriente, casi riendo. Veía su cara sudorosa y su boca con pocos dientes. Ahora que lo tenía encima, notaba su peso y sentía su aliento y era realmente consciente de lo que me estaba dejando hacer. Me estaba comportando como una perra en celo. No me podía resistir. Sólo quería correrme. Él disfrutaba dominándome con los movimientos de su polla, sabiendo que estaba totalmente entregada. Me quitó la camiseta con fuerza, y me babeó las tetas un rato, me dejé. Mientras lo estuvo haciendo, yo hacía movimientos pélvicos para frotarme con su polla. –AAAAH AAAAH, AAAAH, gritaba yo desesperada por llegar al orgasmo. Dejó de chuparme, me sujetó las manos. Y empezó un mete saca de verdad, con fuerza. AAAAAAAA, AAAAAAH, AHORA SÍ, AHORA SÍIIII gritaba yo. Él también empezó a gemir, muy suave. La tenía toda dentro, notaba sus huevos chocando contra mi ingle. Me iba a correr. – FÓLLAME, FÓLLAME, grité. Me obedeció. Aumentó la fuerza de sus embestidas. Le abracé con mis piernas, liberé mis manos y le empujé el culo con ellas, quería notarle bien adentro. - AAAAAH, OOOOH, MEEEEE CORROOOOOOO!!!!, grité, y noté al instante un chorrazo caliente, nos estábamos corriendo a la vez - PUUUUTAAA, gritó él, y nuevamente sentí su leche en el fondo de mi chocho. – Um, um, um, gemía yo, en los estertores del mejor orgasmo que había tenido nunca. Me palpitaba el coño y tenía su polla en el fondo, dándome aún mucho gusto. Saboreaba el orgasmo, mientras lo seguía apretando con mis piernas y con mis manos para que siguiera con su verga bien adentro. Pasaron 30 segundos hasta que dejé de gimotear, y mi coño dejó de convulsionar. Entonces lo liberé, y él se levantó.

Continué acostada, con la falda subida hasta la cintura. Estaba agotada. Él se levantó, se subió todo rápido y se fue sin decir nada. – Menos mal, yo no sabía qué decirle, pensé.

Media hora más tarde, yo estaría llamando a la agencia de Trabajo, para pedirles que Ramón no viniera nunca más a mi casa. Jamás volví a verlo.

El resto del día fue normal, cené con mi marido como todos los días, aunque esta vez él me notó rara y me empezó a hacer preguntas de porqué había despedido a Ramón. – Me miraba y no me gustaba, contesté. Aceptó, aunque me miraba raro. Supongo que había algo que no entendía.

De noche me desperté empapada, tuve un sueño en el que rememoraba lo sucedido por la mañana. Estaba nuevamente a cien. - ¿Pero qué me está pasando?, me dije. Me di miedo. – Tengo que pensar un plan para echar otro polvo, pero esta vez ha de ser con alguien que no me conozca. ¿Pero qué coño estaba pensando??? – Nunca más, nunca más, pensé. Me dormí.

A la mañana siguiente ya tenía decidido mi plan.

Busqué un periódico y abrí por la sección de Cartelera. Efectivamente, ahí estaba, el cine X que conocía seguí abierto. "Esposas putas ardientes XII". – Coño, ni puesta a posta, pensé divertida.- Primera sesión: 18 horas.

Me puse mi atuendo de guerra, pero esta vez me ahorré una prenda. – Sólo molesta, pensé, y me reí. Me sentía muy puta, pero me gustaba, aunque sabía que estaba jugando en un terreno peligroso.

A las 18:05 estaba enfrente de una puerta negra, la abrí asegurándome de que no era observada. Pasé a un pequeño hall donde únicamente había una vieja de unos 80 años sentada en una silla de madera. – Serán 8 euros, dijo. Observé que no veía. Cojonudo, no cojonudo porque la pobre vieja no viera, sino porque así ni siquiera la taquillera me habría visto… Le di el dinero sin hablar para que no supiera que era una mujer.

Continué por un pasillo bastante cutre, había una puerta y pasé.

En la pantalla una rubia se la estaba mamando a un negrazo con una polla increíble. Esta imagen junto con los jadeos que atronaban la sala hizo que mi raja se empapara de inmediato. No se veía casi nada (Perfecto, pensé), y sólo había una persona dentro. – Coño, menos mal, pensé. Mira que si te tienes que irte sin follar, me dije divertida.

Me acerqué, era un hombre (ya hubiera sido mala hostia), él no se enteró de que yo había entrado. Me acerqué hasta su fila, por fin me vio. Le susurré:

- ¿Te importa que me siente a tu lado?, no me gusta estar sóla. Dudó, no se esperaba este encuentro.

- No, no, por su puesto, siéntate siéntate… Se medio levantó caballeroso. Me acerqué y me senté. No podía verle del todo bien, pero era muy guapo. Tendría unos 25 años. Alto y fornido, pelo oscuro y corto, facciones marcadas y mandíbula poderosa. Se le veía musculoso. Un caramelo. Me gustaba. Quería verle ya la polla. Quería tirármelo.

Miré hacia la pantalla, la rubia seguía mamando. (Aaaah, aaaah, se oía). Él dudaba qué hacer, estaba nervioso

Puedes tocarme la pierna, le dije. Lo hizo, puso la mano en mis muslos con tanta suavidad que sentí esa electricidad por todo mi cuerpo.

Uuuuf, susurré, sin contenerme, qué mano más suave tienes, dije. Era verdad, además era grande, con dedos finos, y cuidados, me gustaba notarle ahí, la notaba caliente. Empezó a acariciarme el muslo hacia arriba.

UUUUMMM, pensé conteniéndome, me ponía cachonda, empecé a mojar mi sillón. Me acariciaba muy suave hacia arriba y hacia abajo, uff, instintivamente abría las piernas más. Quería tocarme pero no lo hice, quería que él lo hiciera. Me moví, para que notara que me gustaba. Lo comprendió, subió su mano hacia arriba despacio, muy despacio, mientras yo estaba tensa esperando sólo a que llegara a mi raja, deseaba que llegara. Y llegó, palpó mi entrepierna buscando mis braguitas que no encontró, y se topó de lleno con mi coño mojado, lo sobó, me metió un dedo en la vagina, -UFFF, dije recostándome y abriendo más las piernas, apoyé una en el brazo del sillón, dejándole campo libre. Me acarició los labios de mi vagina.

UMMM, dije. - Estás empapada, me susurró él al oído. Bajó nuevamente por mis ingles, y volvió a subir lentamente pasando el dedo nuevamente por mi raja (la electricidad de nuevo),

Aahhhh, gemí. Menuda sesión me estaba dando el tipo éste…

Cógeme la polla, me dijo él. Palpé por su pantalón hasta encontrar la cremallera, mientras él siguió acariciándome con un dedo mi rajita, sin pasar por mi clítoris,

Malo, le dije, me estás matando. El cabrón sabía lo que hacía, estaba cachondísima y tenía un charco debajo de mi culo. Conseguí bajarle un poco el calzoncillo y desaprisionar su polla. Al cogerla lo noté.

- Diooos, susurré. El tío tenía un pollón, no se la podía ver, pero tendría por los menos 25 cm, y era supergorda. Me mojé más, sobre todo porque mi Machote empezaba a jugar con mi clítoris, por fin- AAAAAHHH, grité agudamente. Menudo tío he pillado, qué pasada, pensé. Sólo pensaba en el momento en meterme esa polla. Empecé a masturbarla. Estaba durísima. Mientras, cerraba los ojos concentrándome en el dedo de mi Macho. Lo hacía muy bien, y muy suave. Tenía su mano completamente empapada, moviendo el dedo en círculos sobre mi clítoris, y hacia arriba y hacia abajo presionándolo suavemente. Me recosté y me dejé llevar: - AAah, Ahh, AAAh, empecé a gemir con cada paso que daba él por mi bultito, mientras se la agarraba con fuerza aunque apenas yo podía mover mi mano, con el placer que sentía no podía. Me iba a correr. - AAAAH, pero le aparté la mano un segundo antes.

Ahora verás, pensé.

Me incorporé, miré al negro sodomizando a la rubia en la película (AAAH AAAH, gritaba ella resonando en toda la sala), me quité la camiseta y dejé mis tetas al descubierto. Me puse de rodillas sobre su asiento y con una mano dirigí su pollón a la entrada de mi agujero, mientras le ponía las tetas en la cara, él empezó a besármelas con suavidad. Me gustó sentir sus labios, me lamía los pezones y besaba todo el contorno de mis pechos con suavidad. Qué bieeeen le susurré, y seguí en lo que estaba: – No se si entrará, pensé. Y bajé de golpe engullendo toda su polla.

- UUUUUUAAAAH, grité. Pero qué gorda la tienes joder!!!, le dije.

- ¿No te gusta? ¿Te hago daño? Dijo él preocupado

- Siiií, siiiií, digo nooo!! Nooo!! Está bien, está bien, AAAAAH, seguí gritando, mientras empezaba a botar sobre él.

No era dolor lo que sentía, ni mucho menos, era una sensación indescriptible, su polla me llenaba, literalmente, creo que ocupaba todo el espacio que tenía mi coño. Y eso me daba un placer inimaginable porque excitaba absolutamente todos los rincones de mi vagina. Notaba hasta las venas de su miembro chocando duras contra las paredes de mi coño.

AAAAAHHH, seguí gritando.

Me apretaba con fuerza a él, tenía mis tetas en su cara, y botaba como perra en celo. Fuerte y hasta el fondo, seguí cabalgándolo. Él gemía suave. Me abracé a él con fuerza en el momento en que –AAAAAAHHHHH, ME VOY A CORREEERRRRR, botaba más y más, fuerte y más fuerte, él tenía que sujetarme por las caderas para que la polla no se saliera en cada embestida que yo le daba – MEEEE COOOORRO!!!!!, grité y mi grito sonó más atronador que cualquiera de los gritos que habíamos escuchado en la película. Me quedé con la polla metida hasta el fondo, bañándole con mis jugos que se deslizaban hacia fuera, y empapaban la base de su falo. Me había dado un placer infinito. Me quedé quieta un rato saboreando el final de mi orgasmo, con esa tremenda polla dura en mi interior y mi coño palpitante. Estaba tan feliz y satisfecha que le di un pico en la boca.

¿Y a ti no te ha gustado?, le pregunté

No suelo correrme debajo

Uf, pues te has portado de miedo.

Me incorporé. – UFFF, dije al sacar ese mástil de dentro. Ahora sí, noté un cierto dolor, me había pasado con las metidas, tenía el coño escocido. Mis propios jugos me quemaban, y me notaba superabierta. – Pero que me quiten lo bailao, una polla así no se pilla todos los días… pensé.

Por un momento me había olvidado de mi Macho, él seguía ahí sentado, con la verga empinada. Ahora que la miraba, daba miedo, -Joder, cómo coño me habré metido todo esto y tan a lo bestia, pensé. El chico me dio un poco de ternura, no decía nada, y me trató muy bien la verdad. Pensé que debía recompensarle, me apetecía que él también lo disfrutara.

¿Y bien? ¿Qué?, le dije

¿Qué de qué?, dijo él. – Ay, pensé yo, no podía ser perfecto el chaval, porque un poco tonto sí que era…

Dime cómo quieres que me ponga, te dejo elegir.

En ese momento la rubia de la película recibía 2 chorrazos de semen en la cara y se metía la polla negra en la boca para continuar mamando. Me fijé que mi Macho se quedaba embobado mirando la escena. Yo nunca había dejado que mi marido se corriera en mi cara, él me lo había pedido muchas veces, pero no sé, al principio me negué y después me seguí negando no porque me diera asco sino por costumbre.

¿Te has corrido alguna vez en la cara de una mujer?, le pregunté directamente

Eh, eh, no, mi novia nunca me ha dejado, - Tiene novia, me dije, um. Eso me excitó nuevamente. – Mira lo que va hacerle una madurita a tu caramelito, pensé imaginándome que su novia estaba delante.

¿Quieres correrte en mi cara? Le solté de golpe

Uuuf, susurró él sin contenterse. Sólo dijo eso. Y su polla se movió involuntariamente. (Eso era un sí)

Ven, ponte de pie. Lo hizo.

Me arrodillé, me aparté el pelo, le cogí la polla con una mano, y durante un instante pensé: - Dios, como me voy a mamar todo esto. Me la metí en la boca, MMMM, dios, casi no me entraba. .- Ummmm, gimió suave él. Esto me excitó, dándome fuerzas, continué mamándosela chupando adentro, afuera, adentro, afuera, todo lo adentro que podía. Me la metía hasta la garganta MMM, MMMM. Él gemía, más y más, -aaaaah, aaaaaah. Me empezó a coger de la cabeza, "ayudándome" a chupar (en realidad empujaba un poquitín y me metía más adendro, pero lo hacía suave y me gustó). También se movía despacio follándome la boca. - AAAAH, AAAAAAH, gritó más fuerte y se movía más rápido. Dejé que me llevara más con sus manos. Quería que se corriera a gusto. –AAAAAH, AAAAAAAAH, YA VIENE cariño, (¿Cariño? ¿ha dicho cariño?). YA VIEEEEENEEEE!!! Rápidamente separé la boca de su polla y continué jaleándola fuerte y rápido con la mano. Al segundo, un fuerte chorro impactó directamente contra mi ojo. Me obligó a cerrarlo. Otro chorro contra mi cara, deslizándose rápidamente la leche hacia abajo por todo mi rostro, el siguiente contra mi boca. Seguí pajeándole y la leche seguía cayendo suave sobre mis tetas y todo mi cuerpo. Estaba caliente, ummm, me gustaba sentirme empapada. Saqué la lengua y relamí el semen que tenía por la boca. Miré su cara de gusto, era increíble. Tenía la cabeza hacia arriba y la boca muy abierta, mientras gemía y respiraba con fuerza. Estaba disfrutando del final. Colaboré en que lo hiciera a gusto. Me volví a meter la polla en la boca, todo lo adentro que pude nuevamente y no me moví. Palpitaba, después me la saqué despacio, y lamí todos los restos de semen que le habían quedado, uuuuummmm, me sabía rico.

¿Qué tal? Le pregunté con un ojo cerrado por el semen que tenía encima, y la cara toda empapada.

Eres increíble. Agachó la cabeza y me dio un piquito.

Se sentó agotado en el sillón de nuevo. Yo me recompuse como pude, me limpié con un klinex (me dio pena, quería seguir notando la leche en mi cara), me vestí y me dispuse a salir.

¿Cuándo volveré a verte?, me dijo con ternura

Le correspondí con otra mirada tierna. Ahora lo veía como un niño asustado

Nunca, contesté, y abandoné la sala.

Mi marido estaba ya en casa cuando yo llegué, le vi aparecer en su silla cuando cerraba la puerta.

¿Qué tal la tarde?, me preguntó, extrañado pues yo siempre estaba en casa cuando él volvía del trabajo.

Bien, bueno, normal, sin más, dije yo, mostrando indiferencia.

¿Y dónde has estado??? Continuó él

Fui al cine, contesté yo, dándole un beso en la mejilla.