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MIS ALUMNAS DE PREPARATORIA (1a Parte)
Esta experiencia la viví algunos años después de que termine mi carrera profesional. Ya había empezado a ejercer mi profesión y se me presento la oportunidad de entrar a trabajar como maestro de algunas clases en una preparatoria privada de mi ciudad, contaba yo con 30 años de edad.
Desde el principio todo pintaba excelente, el ambiente de trabajo era de lo mejor, las instalaciones eran de calidad, pues la escuela al ser de paga y con cuotas algo elevadas, ofrecía buenos servicios tanto a los alumnos como a los maestros. También por ser escuela para "niños bien", el estudiantado era un tanto diferente al de las escuelas de gobierno. Los muchachos y muchachas usaban uniforme escolar de buena calidad, la limpieza personal era requisito y algunos de ellos ya manejaban autos un tanto lujosos o deportivos, pues la mayoría de ellos tenían padres pudientes. Específicamente hablando y enfocándome en lo que mas me llamaba la atención de esa escuela, las hermosas colegialas: chicas en su mayoría hermosas (seria falso si dijera que absolutamente todas), arregladas en su aspecto, coquetas muchas de ellas, usando la falda escolar arriba de la rodilla, lo que al sentarse en el salón de clases permitía apreciar un agradable y placentero espectáculo de bellas y estéticas piernas juveniles, que a veces por descuido al moverse en sus asientos me permitía ver un poco mas allá de sus muslos.
Al ser alumnas del ultimo grado de preparatoria las que yo atendía, casi todas ellas tenían 17 y 18 años de edad; y estaban ya plenamente desarrolladas físicamente, lo que las hacia mas apetecibles. Imaginen un ramillete de jovencitas hermosas, con rostro angelical de niñas picaras, pero con cuerpo de mujer que invita al pecado, delgadas, con senos turgentes y desafiantes, usando sostén de encaje que se transparenta a través de su clásica camisa blanca escolar, breves cinturas que resaltan unos traseros bellos y respingones que hacen que la corta falda escolar se levante por la parte de atrás, incapaz de cubrir tales encantos… parece un verdadero sueño, o mejor dicho una tortura, ya que uno como maestro tiene que conformarse con ver y no tocar.
En fin, el primer año que trabaje ahí todo transcurrió normal, disfrutando del paisaje antes mencionado, pero notando que algunas chicas me sonreían abiertamente y parecían coquetearme, aunque siendo yo novato en esos asuntos de tratar con alumnas, pensé que era producto de mi imaginación. Posteriormente, cuando ya habíamos iniciado el nuevo año escolar empecé a observar mas detenidamente el comportamiento de las alumnas, notando que algunas de ellas eran bastante serias y conservadoras, pero muchas al carecer de supervisión estrecha por parte de sus padres, ya que eran personas "muy ocupadas", gozaban de mucha mas libertad de la recomendable, y acostumbraban hacer lo que les venia en gana, un tanto influenciadas por el exceso de libertad y otro tanto por la sensación de poder que da el dinero. Me fui enterando de que muchas ya tenían aventuras sexuales, algunas dentro de lo normal, con sus novios o uno que otro chico que les gustaba, pero otras lo hacían con cuanto hombre se les antojaba y accedía a sus deseos, cosa que no era difícil, tomando en cuenta lo hermosas que eran.
Poco a poco me fui interesando mas en el asunto, puesto que ya notaba como abiertamente algunas me coqueteaban e inclusive descaradamente me mostraban sus piernas y un poco mas allá, o al acercarse a mi escritorio me mostraban un poco de sus preciosos senos. Al parecer en realidad yo les atraía físicamente, pues siempre he cuidado mi aspecto físico y llevo una rutina de ejercicios diarios para mantenerme en forma, además que lo notaba en sus miradas. Decidí probar suerte, pero pensando en ser cuidadoso para no meterme en problemas, pues el peligro era extremo siendo todas ellas hijitas de familia acomodada. Las empecé a observar detenidamente, tratando de averiguar cual seria la mejor candidata, la que me coqueteara mas descaradamente y que no fuera después a echarme de cabeza. Varias me llamaban la atención, pero tenia que elegir alguna solo para ver si las cosas funcionarían sin causar problemas. También había notado a una alumna que era extremadamente bella, aunque a ella no la tenia incluida en mis planes, pues no era de las que se me insinuaban. Se llamaba Verónica, era una chica morena muy hermosa de 18 años de edad, con una carita de niña que no correspondía con el resto de su cuerpo; con cabello castaño, largo y siempre bien peinado; portando siempre el uniforme con pulcritud, sin que eso pudiera ocultar las tremendas formas de su cuerpo, sus senos firmes y erectos, su cinturita juvenil y unas nalgas hermosas y paradas, rematando con unas preciosas piernas que en ocasiones podía apreciar durante la clase. Pues bien, ella era hermosa, pero yo continuaba observando entre las posibles candidatas sin tomarla en cuenta a ella, hasta que paso algo inesperado.
Ya faltando casi un mes para finalizar los cursos, yo ya casi tenía afinados los detalles para disfrutar de una de mis alumnas, ya tenía a la elegida, la cual era hermosa y me coqueteaba ya para entonces abiertamente. En ningún momento pensé en pedirle sexo a cambio de calificaciones, todo seria simplemente por gusto y por placer. Ya los preparativos para la graduación se avecinaban, así que todas se irían de la escuela para siempre y yo me evitaría que luego anduvieran dispersando el chisme por ahí; en resumen, el terreno estaba ya listo. Para entonces empecé a notar que Verónica bajo el nivel de calificaciones al que me tenía acostumbrado, pues además de hermosa era inteligente y sacaba excelentes notas. La notaba seria, como distraída y muchas veces con sus ojos rojos como si acabara de llorar. Me preocupe sinceramente por ella, pues si seguía así, todo su trabajo del resto del año se vería afectado por sus malas calificaciones de los últimos meses. Sentí el deseo de ayudarla y un día viernes le dije que después de clases quería hablar con ella en la oficina de maestros. Al terminar las clases acudí y poco después apareció ella, tan linda y educada como siempre; le dije de lo que se trataba y le pregunte que era lo que le pasaba. Entonces empezó a platicarme que tenia problemas en su casa, sus padres peleaban mucho últimamente y habían hablado de divorciarse, y siendo ella hija única, pues se veía bastante afectada emocionalmente por la situación; repentinamente empezó a llorar sin control, cosa que me perturbo, pues estábamos solos en la sala de maestros y si alguien entraba podrían pensar mal. Para salir del paso le dije que si deseaba podríamos hablar mas fuera de la escuela, limpiándose su rostro me dijo que si, así que le dije que me esperara a una cuadra de la escuela. Al llegar con mi auto la invite a subir y nos alejamos de ahí sin que nadie nos viera; conduje hasta mi parque favorito, lejos de la escuela y me estacione, le compre un refresco y le dije que me platicara mas de sus problemas. Mientras lo hacia, inevitablemente empecé a notar lo hermosa que era, pues nunca la había tenido tan cerca de mi; así sentada podía ver sus muslos morenos preciosos y bien formados por el ejercicio, sus pechos cubiertos por la delgada blusa blanca y el sostén de encaje que se adivinaba un tanto transparente. Yo trataba de no pensar en eso, pues estábamos hablando de sus problemas, cuando repentinamente empezó a llorar otra vez, me di cuenta que necesitaba desahogarse, por lo que le dije que lo hiciera, mientras la abrace contra mi pecho. Ella se abrazo de mi llorando abundantemente, permitiéndome sentir el calor de su cuerpo junto al mío, sus pechos bien duros pegados en mi pecho, mientras yo le acariciaba su cabellera y trataba de calmarla diciéndole cosas palabras de aliento. Le prometí ayudarla en lo que pudiera, pues en verdad me nacía hacerlo. Poco a poco se fue calmando pero no me soltaba del abrazo, y al estar sentados dentro del auto, su falda se había levantado mas allá de lo acostumbrado, dejándome ver esas piernas que tanto me gustaban. Estábamos abrazados en silencio, cuando de pronto ella se separo un poco y me miro fijamente sin alejarse de mí y me dijo: "siempre me has gustado" y repentinamente me beso en los labios. A pesar de lo rico que sentí quise separarla tomándola delicadamente de sus hombros, pues sentí como si me aprovechara de la situación, pero ella me dijo mirándome a los ojos: "por favor no me quites, necesito esto". Me lo dijo con tal tono de voz que no pude ya negarme a besarla y nos enlazamos en largos y apasionados besos. Verónica a pesar de su inocencia era deliciosa, su boca era exquisita, nuestras lenguas se acariciaban mutuamente.
Empecé a tocarla poco a poco para no asustarla, primero por encima de su uniforme escolar, tocando sus erectos senos haciéndola gemir, luego empecé a acariciar sus piernas, notando que no me trataba de detener, por lo que continué avanzando mas y mas hasta tocar sus bragas con mi mano, sintiendo la humedad que había ahí, pues ella ya tenia sus muslos muy separados para permitirme que la acariciara, lo cual hice primero por encima de sus mojadas bragas. Después regrese arriba y le abrí algunos botones de su blusa escolar para luego liberar sus pechos hermosos de la prisión del sostén. Empecé a besarlos y a succionar sus pezones erectos; eran de verdad hermosos, firmes, duros, suaves; los besaba mientras volvía a acariciar su entrepierna, ya por debajo de las bragas, mientras ella ya gemía sin control y con sus ojos cerrados pidiéndome que siguiera. Yo no deseaba cojermela y menos ahí, pues el riesgo era mucho, si nos descubrían sin duda iría a parar a la cárcel o al menos me quedaría sin el empleo de la escuela y tal vez hasta saldría en los periódicos, pues aunque Verónica ya tenía 18 años de edad, no dejaba de ser mi alumna. Pero mi verga exigía más placer, puesto que hasta el momento ella no se atrevía a sacarla de su prisión, solo me acariciaba un poco encima de mi pantalón. Al verla tan excitada y gimiendo con tal pasión mande a volar mis escrúpulos, encendí el auto y conduje hacia un motel, mientras Verónica solo seguía gimiendo y meneándose en el asiento del auto con os ojos cerrados. Llegamos y al entrar ella se turbo un poco, me dijo que nunca había ido a uno de esos lugares, pero hasta ese momento no me había mencionado que era virgen todavía. Para evitar que se le pasara la excitación, empecé nuevamente a acariciarla y besarla, ya con más libertad y privacidad. Ella se dejaba llevar, hasta que la tuve totalmente desnuda; no podía creer lo bello de ese cuerpo que mis ojos veían, en realidad era perfecta, así como la describí antes, pero ahora totalmente desnuda y excitada. Me desnude rápidamente, notando su mirada algo sorprendida al ver mi verga bien erecta, pero no me dijo nada. Me coloque encima de ella entre sus fenomenales piernas, sintiendo ambos el calor de los cuerpos, besándonos y acariciándonos ya desnudos, ahora si ella me tocaba, me apretaba contra ella y se frotaba contra mi cuerpo, levantaba sus piernas y con ellas me apretaba contra su cuerpo delicioso; bese todo su hermoso cuerpo, desde su boca, cuello, senos, abdomen, su vientre planito, sus torneadas piernas, y me detuve especialmente en su concha, prodigándole el mejor sexo oral que me fue posible, metiendo mi lengua entre sus labios lo mas hondo que podía hasta arrancarle gritos de placer y hacerla derramar abundante liquido pasional. Ella gemía pidiéndome más y más, hasta que considere que ya era el momento adecuado, así que rodamos encima del lecho quedando ella montada encima de mi cuerpo. La tome de sus caderas y la empecé a menear en la punta de mi verga dura, sintiendo como su humedad me la lubricaba al abrirle sus labios y ella gemía mas. Al intentar metérsela mi verga resbalaba hacia atrás en su humedad, por lo que la tome para ubicarla bien en la entrada; Verónica solo gemía y seguía con los ojos cerrados. Al sentir que ya estaba en el punto exacto la tome de la cintura y empecé a empujársela, pero fue cuando me di cuenta que tan hermosa jovencita continuaba siendo virgen, pues solo la cabeza entraba un poco entre sus labios y no avanzaba mas, a la vez que ella se quejaba con algo de dolor e instintivamente ponía su mano en mi vientre tratando de detenerme.
Tal descubrimiento y la situación en que nos encontrábamos, además de su hermoso cuerpo desnudo me volvieron loco de la excitación y ya no pensé en dar marcha atrás, así que decidí que era momento de convertirla en mujer. La tome firmemente de sus nalgas y con un poco mas de fuerza pero lentamente empecé a empujar mi verga contra su hendidura, sintiendo como poco a poco iba cediendo, empezando a entrar muy forzadamente en aquella apretada concha, retrayendo mi prepucio hacia atrás al máximo provocándome algo de dolor, que no era comparable con el que ella experimentaba a juzgar por sus quejidos y las lagrimas que rodaban de sus ojos, pero pidiéndome en medio de sus gemidos que continuara. Me imagino que ustedes conocen la indescriptible sensación de estar invadiendo una apretada vagina virgen, nunca antes conocida por un miembro masculino; escapa a toda descripción por más que uno quiera ser exacto. La princesa gime y grita, se estremece, se siente su piel y su cuerpo en las manos, mientras la verga va resbalando abriéndola por dentro, despegando las paredes vaginales por primera vez, hasta que se siente como el himen se atora momentáneamente en la verga y luego de un leve empujón se rompe, provocándonos una sensación tremenda al resbalar por completo dentro de aquel cuerpo hasta ahora convertido en cuerpo de mujer. Tal ves su grito al sentirse invadida por completo alcanzo a escucharse hasta la oficina del motel, pero ya estarían acostumbrados a eso. Después de permitirle acostumbrarse a tenerme dentro de su delicioso cuerpo, empecé a sacársela muy lentamente, provocándole mas gemidos, y al sentir que ya casi estaba completamente fuera, la volví a empujar hacia dentro. Que cosa más exquisita, sentir como cada vez que volvía a penetrarla su estrechez me apretaba fuertemente la tranca, mientras los líquidos de ambos permitían que resbalara totalmente hasta el fondo. Ella gemía y gritaba de placer (aaaa—aaaaaahhhh… por favor no pares… se siente increíble… sigue… sigue... aaauuuhhhh…. aaaaagghhh… aaaaaahhh!!!), mientras yo la besaba y la acariciaba de todo su cuerpo loco del placer que aquella jovencita me estaba dando. Después la empecé a cojer en otras posiciones, tratando de disfrutar y sentir al máximo aquel encuentro que yo sabia que seria el único con ella. Pude disfrutar de su bellísimo cuerpo en todas las posiciones posibles, dándole a la vez a ella enormes dosis de placer, viéndola como gozaba al sentirse penetrada por primera vez, escuchándola gemir sin parar, haciendo esfuerzos por no venirme yo primero.
Hasta que después de aproximadamente mas de una hora de placer llego el momento máximo del placer sexual. La tenia debajo de mi, con sus piernas en mis hombros bien levantadas, mientras yo me apoyaba en la cama con mis manos y la penetraba muy hondo, viendo como mi verga entraba en su concha depilada y mis testículos pegaban delicioso en su concha al metérsela completamente haciendo excitantes ruidos; ella empezó a gemir muy fuerte y agitado, gritándome lo que sentía (AAAAHHH… AAAAHHHH…. POR FAVOORRRRRR… ME MUEROOO... ME MUEROOOOO… NO PAREEESSSSS… DAME FUERTEEEEE). Empezó a moverse con mas fuerza y vaya que tenia buena condición física la nena, pues se movía tremendo a pesar de la posición en la que estaba; de pronto emitió un profundo y prolongado gemido y si concha me apretó la verga fuertemente, sentí como un liquido espeso y caliente me la mojaba, inundando su vagina y derramándose alrededor de mi verga hasta sus nalgas, mientras ella me apretaba fuerte con sus piernas encima de mis hombros y con sus manos en mis nalgas, jalándome contra su cuerpo. Tal sensación y la visión de Verónica viniéndose me empujaron al abismo del orgasmo; me apreté contra ella al sentir que mi verga se inflaba dentro de su exquisita panocha, para luego estallar en chorros de caliente semen dentro de ella, haciéndola prolongar mas su orgasmo en gritos y convulsiones de placer…
Luego nos quedamos quietos algunos minutos, jadeando cansados, yo encima de ella, abrazados, sintiendo los últimos estertores de nuestros órganos sexuales al derramar su carga, hasta que mi verga se empezó a aflojar y los abundantes líquidos chorrearon hasta la sabana, junto con un poco de sangre de la desfloración de la hermosa princesa. Nos besamos muy rico y acaricie su carita de ángel, nos separamos poco a poco, ella se quejo de un poco de dolor al salir mi verga de su cuerpo y nos reímos. Ella estaba feliz y satisfecha; nos volvimos a besar y me dio las gracias, me dijo que le gusto mucho todo. Le dije que se bañara sin mojarse su cabello para poder llevarla cerca de su casa. Vi a mi hermosa princesa vestir su cuerpo desnudo que acababa de ser completamente mío y me lamente por no ser más joven o al menos no ser su maestro para poder aspirar a algo más con ella. En el camino le dije lo mucho que me gustaba y le dije que no podíamos volver a vernos, pues era demasiado riesgoso. Ella se entristeció un poco pero con toda madurez acepto las cosas y me dijo que entendía, y que de todas maneras estaba muy contenta con lo que había pasado y que nunca lo iba a olvidar. En el camino pase a una farmacia y le compre unos anticonceptivos de emergencia y le explique como tomarlos para no correr riesgos.
Al siguiente lunes volví a verla en la escuela y aunque me daba pena mirarla, ella tenia un brillo especial en su mirada, se veía radiante y volvió a recuperar sus notas poco a poco. Ya no volví a platicar en privado con Verónica, hasta poco antes de su graduación, me dijo que todo se había resuelto en su casa y que ella estaba feliz, pero mas porque había aprendido lo que era hacer el amor, pues ella sabia que lo nuestro no fue solo sexo, al menos por parte de ella; me beso muy tiernamente y se fue. Después de la graduación ya no volví a ver a mi princesa morena. Y la chica que había elegido para cojermela… pues ella quedo pendiente para el próximo año escolar, ya les contare eso. Gracias por su atención.