medias
 

 
 
 
 
 
 
 

 

 

IR A LA PAGINA PRINCIPAL DE JOVENES

Sexo Voyeur

Sexo Gratis | Sexo Gay | Fotos de sexo Gratis

5 Chicos (07: Cursos de Inglés en Irlanda [1])

Pese a que llevaba mucho tiempo pidiéndoselo, este iba a ser el primer año que los padres de Luis le dejaran ir a Irlanda un par de semanas para estudiar inglés. Era bastante caro, pero era la mejor manera de perfeccionar el idioma. Por la mañana 4 horas de clases, y por la tarde visitas turísticas por la zona con guías nativos. O aprendías inglés, o te aburrías soberanamente. Luis no tenía ninguna intención de aburrirse, pero tampoco esperaba encontrarse el mundo erótico-festivo que sugerían las películas universitarias americanas. Seguramente haría algún amigo y tal, pero pocas fiestas. Él iba a aprender inglés, la diversión era algo secundario. Claro que todos esos buenos propósitos quedaron en solo eso una vez llegó allí.

Tras un largo viaje en avión, y un breve recorrido en autobús, Luis llegó a su destino. Un enorme campus universitario en las afueras de Dublín sería su hogar durante las próximas dos semanas. Le asignaron una habitación doble en una de las residencias del campus, y por suerte su compañero era también español. Al menos no tendría que hablar inglés hasta para ir al servicio.

Mateo, que así se llamaba su compañero de cuarto, llevaba casi dos semanas en el campus, con lo que se conocía a casi todo el mundo. A sus 15 años, era la segunda vez que venía, y no pensaba volverse virgen a España otra vez. Había bastantes chicas con ganas de marcha, pero la mayoría los prefería de 20 hacía arriba. Sin embargo, había conocido a una italiana que parecía seguirle el rollo. Según su anterior compañero de habitación, era una chica ligera de cascos, y Mateo esperaba desesperadamente ser el próximo en su lista.

Aunque no tenían mucho en común, Mateo y Luis hicieron buenas migas aquella misma noche. Se pusieron a hablar mientras Luis colocaba sus cosas y se tiraron hasta las tantas contándose sus vidas. A Mateo hubiera preferido salir un rato para seguir intimando con su italiana, pero la conversación merecía la pena. Además, todavía le quedaban otras dos semanas para seguir intentándolo con ella. Tarde o temprano caería.

A la mañana siguiente, llegaron las clases. Desde el principio quedó claro que aquella iba a ser la parte más aburrida de su estancia, pero a Luis no le importaba. Al fin y al cabo, era para lo que había ido, a aprender inglés, y tenía que aprovechar el tiempo. Aun así, lo que le había contado Mateo sobre las fiestas nocturnas en el campus empezaba a interesarle más. No solía beber alcohol, pero no por falta de ganas, sino porque a sus amigos no les iba mucho el tema. "Son demasiado pequeños", pensaba Luis. Ahora, con gente de su edad o mayores iba a tener la oportunidad de cogerse algún pedo. Por la tarde tenían excursión por la ciudad, pero antes de las siete ya estarían de vuelta en la residencia, así que Mateo ya le había contado el plan para aquella noche. Comprarían algo de vino en un supermercado, y harían botellón en la residencia de unos colegas suyos.

El día pasó, y dio paso a la noche. Bueno, noche por decir algo, porque en Irlanda a las 9 de la tarde aun faltaba mucho para que el sol se escondiera. Pero aun así, la fiesta nocturna comenzaba sobre esas horas, y antes de las 2 todo el mundo estaba durmiendo. Cosas del horario europeo.

Mateo y Luis se arreglaron un poco y fueron a la residencia de al lado, donde solían reunirse los españoles que había estudiando en la universidad. La sala comunitaria de la primera planta les servía como lugar de reunión. No era muy grande, pero aglutinaba una pequeña cocina y un salón con varios sofás. De no ser por el desorden y la música estridente, hubiera sido un lugar acogedor. A Luis no le gustaba demasiado aquel sitio, demasiado ruido y demasiada gente desconocida. Mateo se fue a saludar a unos amigos, y Luis se quedó allí parado, rodeado de extraños, y sin saber muy bien que hacer. Estaba por largarse cuando una chica española de más o menos su edad se le acercó.

-A ti no te he visto por aquí otros días, ¿eres nuevo, no?

-Si. –Dijo Luis tímidamente.- Llegué ayer por la noche.

-¿Qué estás, en la habitación de Mateo? Está un poco colgao, pero es buen tío...

-Si, eso parece...

-Bueno, que, ¿no te tomas nada? ¿Te traigo un calimocho o algo?

-No, déjalo...

-¿No bebes o es que te da corte? Aprovecha y bebe que el alcohol aquí está caro.

-Venga, pues tráeme un calimocho mismo.

La chica le trajo un vaso de plástico con calimocho, se lo pasó, y volvió a dirigirse a Luis.

-Me llamo Sandra. ¿Y tu?

-Luis, me llamo Luis. ¿Cuánto tiempo llevas en Dublín?

-Pues vine hace una semana, y me quedan otras tres. No está mal esto, pero me parece a mi que cuando lleve más tiempo me voy a aburrir como una gilipollas.

Luis no sabía muy bien como seguir con la conversación, suerte que Mateo volvió con él.

-Mírale que listo, acaba de llegar y ya está ligando con la chica más guapa del campus y poniéndose ciego a calimocho...

-Como eres, Mateo. –Dijo Sandra, tras darle un beso en la mejilla.- Todo el día piropeándome. Si no fuera porque te quiero como a un hermano, me casaba contigo.

-Bueno, eso será si yo quiero, porque tengo más ofertas, no te creas...

-Ah, es verdad, la italiana aquella. ¿Hoy no ha venido, no?

-Que va, le dije que se viniera, pero se ve que tenía otros planes. A lo mejor se pasa más tarde. A ver si viene y te la presento, Luis, verás que pivón. Como me lie con ella, triunfo.

-¿Qué, nos sentamos? Estoy hasta las narices de estar de pie, después de la paliza de excursión de hoy... –Intervino Luis.

-Venga va. Por cierto, creo que tiene un par de amigas que están disponibles, si quieres te las presento también...

-Bueno, por mi.

-Venga chicos, yo me subo a dormir.-Dijo Sandra- Mañana tengo excursión todo el día y como no descanse un poco no va a haber quien me mueva.

-Pues nada, hasta mañana hermanita.

-Hasta mañana Sandra. Ya nos veremos.

La noche fue pasando entre risas y calimochos sin mucho más que destacar. Luis, que no estaba acostumbrado a beber tanto, acabó vomitando de camino a la habitación, y Mateo tuvo que ayudarle a llegar hasta la cama. Hoy no hubo tiempo para charlas, era tarde y necesitaban descansar.

El día siguiente no fue muy distinto, clases por la mañana, turismo por la tarde, y fiesta por la noche. A Luis empezaba a gustarle Sandra, y Mateo también se dio cuenta:

-¿Es maja Sandra, verdad? –Trató de sonsacarle a Luis.

-Si, la verdad es que si, ayer no hablamos mucho, pero se la ve buena chica.

-Y además está bastante buena...

-Ya ves...

-A ti te mola, ¿verdad?

-Que dices tío, es guapa y eso, pero no me gusta. –Luis no quería reconocerlo, pero al enrojecerse se delató.

-Venga ya tío, si se te nota un huevo... Tu tranquilo que no la digo nada...

-Bueno, un poco sí. Pero no se, casi ni nos conocemos... Además, que seguro que está saliendo con alguien o algo...

-Que va, si desde que lo dejó con su novio el verano pasado no se ha vuelto a liar con nadie. Dice que pasa de los tíos, pero tu por intentarlo no pierdes nada. Además, que se lleva muy bien conmigo y la puedo ir convenciendo.

-Bueno tío, tampoco me líes. Si tiene que pasar algo pasará y ya está.

-Como quieras. Pero venga, dúchate ya que he quedado con esta gente a y media y como lleguemos tarde nos quedamos sin bebida.

La fiesta de hoy iba a ser más o menos como la de ayer: calimocho, música rock a todo volumen y más gente por metro cuadrado que en las rebajas. Hoy tampoco había rastro de las italianas, ni de Sandra tampoco. Mateo y Luis decidieron no esperar y empezaron la fiesta por su cuenta. No llevaban más de dos calimochos cuando aparecieron por fin las italianas.

-Hombre Giulia, por fin apareces. Ya pensaba que te habías vuelto a Italia.

-Es que ayer estuve estudiando porque esta mañana tenía un examen de Derecho.

-¿De derecho? –Intervino Luis.

-Si, es que Giulia está aquí haciendo una carrera, no viene por lo de los cursos de inglés. Por cierto, no os he presentado. Este es mi amigo Luis, es mi nuevo compañero de habitación.

-Encantado.

-Pobrecito. Te ha ido a tocar con el peor chico de la universidad...

-Ya será menos, Giulia. Si en el fondo estás enamorada de mi, pero no lo quieres reconocer...

-Ya te gustaría a ti...

-Pues si te digo la verdad, no me importaría. A una chica tan guapa como tú no sabría decirle que no.

-Venga ya Mateo, si eres un niño todavía... Si quieres te presento a alguna chica de mi edad...

-Que soy un niño dice... Cuando quieras te demuestro que no soy tan niño.

-Déjalo, no quiero que me expulsen por estar con niños pequeños.

Luis se dio cuenta de que no pintaba mucho allí, así que se fue a por otro vaso de calimocho. Por suerte, se encontró con uno de sus compañeros de clase, Rafa, quien no tenía tampoco mucho que hacer, así que se pusieron a hablar. Rafa era un chico bastante reservado, pero con todo el alcohol que llevaba en el cuerpo se había vuelto la persona más extrovertida de las islas británicas.

-Hey tío, vaya fiestón ¿eh? –Exclamó Rafa eufórico.

-Ya te digo, está de puta madre.

-Pues si tronco, lo malo es que no hay casi pivas. A mi que me habían dicho que en estos viajes te hinchabas a follar, y hasta ahora nada...

-No, si ya me ha dicho Mateo, que está la cosa jodida. Yo conocí ayer a una piva española, pero hoy no ha venido, así que nada.

-Pues búscate a otra, porque aquí o vas a saco con todas o no te comes nada. Yo la primera semana que estuve aquí me enrollé con una italiana, y llego al día siguiente, la estoy esperando para ver si quería repetir y la veo liándose con otro. Así que ya paso, me lio con la primera que pille y fuera.

-Eso tendré que hacer yo a este paso. –A Luis la verdad es que tampoco le preocupaba mucho el tema de irse sin ligar, pero le seguía la corriente a Rafa. -¿No conoces a ninguna piva para que me la presentes?

-Hombre, por conocer conozco a alguna, pero tampoco es plan de ir ahí por todo el morro. Además, que yo me voy a ir a dormir, que mañana tengo excursión por la mañana. Venga, nos vemos tío.

-Hasta mañana Rafa.

De nuevo Luis volvía a quedarse solo en la fiesta. Mateo seguía hablando y bromeando con Giulia, y del resto de la gente no conocía a nadie. No era plan de emborracharse solo, así que decidió irse a dormir. Se acercó a Mateo para decírselo y este no puso empeño en convencerle de que cambiara de opinión. Estaba demasiado ocupado con la italiana. Un tanto mosqueado, Luis salió de aquella ruidosa sala y salió a la calle para regresar a su residencia. El campus estaba algo solitario, pero apenas eran tres minutos andando.

A mitad de camino, oyó que alguien le llamaba.

-¡Luis! ¿Eres tu? Espera... –Era Sandra.-¿Dónde vas?

-A dormir, me estaba aburriendo un poco en la fiesta.

-¿No estabas con Mateo?

-Si, pero el cabrón se ha puesto a ligar con una italiana y ha pasado de mi.

-Anda que ya le vale... Ya le echaré yo mañana la bronca. Mira que dejarte solo...

-No le digas nada, si es normal, estaba ahí entretenido hablando con ella y eso...

-Ya tío, pero me da igual. Tu aquí no conoces a casi nadie, y lo lógico sería que estuviera contigo.

-Venga, si de todas formas estaba un poco cansado, no estoy acostumbrado a beber todos los días.

-Joe, pero si con la edad que tienes y viendo como bebías ayer yo pensaba que eras de los que se ponen hasta el culo todos los findes.

-Que va, si además tampoco soy tan mayor.

-Hombre, más mayor que yo seguro. Por lo menos tienes que tener 18.

-Hala, que tampoco soy tan viejo. Tengo 16.

-Venga ya. ¿16 como yo nada más?

-Que si.

-Pues yo te echaba alguno más...

Como suele pasar en este tipo de conversaciones, inesperadamente se hizo el silencio. A Luis le incomodaba enormemente, pero no sabía muy bien como romperlo. Finalmente, soltó lo primero que se le pasó por la cabeza.

-¿Volvemos a la fiesta?

-Uf, no me apetece mucho. Con la buena noche que hace me apetece más dar un paseo por aquí, pero me daba un poco de miedo ir sola. Pero si me quieres acompañar...

-Bueno. Además seguro que si me acuesto ahora cuando llegue Mateo me despierta...

Por su parte, Mateo seguía hablando con Giulia. Esta no parecía tener mucho interés en él, pero le seguía el juego. En el fondo le gustaba aquel tonteo, y lo lanzado que iba Mateo para ser tan joven.

-Bueno, ¿pero te has liado con algún chico de mi edad o no?

-Uno lo intentó conmigo, pero no dio la talla.

-Pues yo te aseguro que si la doy. Y cuando quieras te lo demuestro.

-Jajaja. Venga ya... Pero si todavía eres un niño. Búscate a alguna niña de tu edad...

-Es que a mi me gustan más las chicas como tu, experimentadas, que me enseñen lo que saben...

-Es que como te tenga que enseñar todo lo que se nos podemos tirar un año entero.

-Oye, a mi no me importa. Yo por estar contigo hago lo que sea.

-Mira el enano que listo. No es tan fácil. No estoy dispuesta a liarme con un tío si no estoy segura de que va a estar a la altura.

-Bueno, déjame demostrártelo. Pídeme lo que quieras y lo hago.

-No vayas tan deprisa. Todo a su tiempo. Me caes simpático y a lo mejor si sigues así me convences. Pero todavía te queda mucho camino por recorrer.

-Algo es algo.

-Yo me voy ya a dormir. Mañana puede que me pase por aquí otra vez y tengas otra oportunidad.

-No se si podré esperar.

Giulia se acercó a Mateo para despedirse, pero en lugar de darle un beso, le susurró al oído que no fuese tan impaciente. Sin darle tiempo a reaccionar, acercó su mano derecha a la entrepierna del chico y apretó su bulto con firmeza.

-Buenas noches Mateo. Ah, y no te hagas muchas pajas esta noche.

Mateo estaba alucinando. Ya sabía que Giulia era un poco ligera de cascos, pero no se imaginaba que hasta esos extremos. Entre el alcohol que llevaba encima y el calentón, decidió irse a dormir para aclararse un poco.

No muy lejos de allí, Luis y Sandra daban un romántico paseo bajo la luz de la luna. Llevaban un buen rato hablando de sus cosas, se notaba que habían congeniado. Aunque Luis nunca se había interesado mucho por las chicas, con Sandra era distinto, podía hablar con ella de cualquier cosa con naturalidad. Apenas hacía 24 horas que la conocía, pero ya había hablado más con ella que con cualquier chica de su clase durante todo el curso. Con Sandra todo era más fácil, no le daba vergüenza dirigirse a ella. Tan metidos en la conversación estaban que no se percataron de la hora que era.

-Joder, si es ya la una y media. Me voy a ir a dormir, que mañana a las 8 tengo que estar arriba para ir a clase.-Exclamó Sandra.

-Anda, es verdad. No me había dado cuenta de que era tan tarde. Bueno, pues te acompaño a tu residencia y me voy yo también a dormir.

-Gracias hombre, no hace falta, pero si insistes, vale...

No tardaron mucho en llegar, y Sandra se despidió de Luis con un beso en la mejilla. Le caía bien ese chico, pero tampoco quería precipitarse. Todavía tenían muchos días para seguir conociéndose. Luis volvió a su residencia con una sensación extraña. Era como si a Sandra también le gustara él, pero no estaba seguro. Se llevaban bien y eso, pero su nula experiencia en estos temas le hacían ser un mar de dudas. Tendría que hablar con Mateo al día siguiente, a ver si le ponía un poco al día.

Como era ya bastante tarde, y no sabía si Mateo estaba durmiendo o no, decidió entrar a la habitación lo más sigilosamente que pudo. Todo estaba a oscuras, y Mateo estaba en su cama, pero se oían ruidos extraños. Luis se asustó, pensó que Mateo se estaba ahogando o algo de eso, así que encendió la luz.

Para su sorpresa, a Mateo no le pasaba nada. Bueno, en realidad si, no había podido aguantarse el calentón y se estaba haciendo una paja.

-Joder tío, podías llamar a la puerta antes de entrar.-Dijo Mateo algo mosqueado, mientras se tapaba con una sabana.

-Es que pensaba que estabas durmiendo y no quería despertarte, pero he oído ruidos raros y he dado la luz.

-Bueno tío, da igual. Es que si te cuento lo que me ha pasado cuando te has ido no te lo crees...

-¿Te has liado con Giulia?

-No, pero casi. Hemos estado hablando y le he dicho que si tenía alguna posibilidad con ella y eso, y coge y cuando se va a ir me dice no se que al oído. Pero lo mejor de todo es que coge, se me acerca, y me agarra la polla por encima del pantalón y me la empieza a menear. No veas como se me ha puesto. He salido corriendo para la habitación, y como tu no estabas...

-Si quieres me voy y te dejo terminar...-Luis intentaba ser amable con Mateo, después del susto que le había dado.

-Si hombre, ¿dónde vas a ir a estas horas? Quédate, si a mi me da igual. Como si me fuera yo a cortar por hacerme una paja delante de otro tío... Apagamos la luz y punto. Y si te apetece acompañarme, mejor.

-No se, me da un poco de corte, y no tengo tampoco muchas ganas.

-Venga ya, si para cascarsela siempre hay ganas. Además, que será que no te he visto ya en bolas al salir de la ducha...

-Ya pero no se, no es lo mismo.

-Joe, ¿nunca te has hecho una paja con tus colegas? Con los míos un montón de veces, nos vamos a un descampado donde tenemos escondidas revistas porno.

-Ya, si yo alguna vez también, pero no se... Prefiero hacérmelas tranquilamente.

-Bueno, pues tu verás.-Concluyó Mateo, al tiempo que se destapaba la sábana.

Pese a que había estado hablando un rato hablando con Luis, aun seguía empalmado. El breve magreo con la italiana le había puesto a cien, y aunque ya se había hecho otra paja nada más llegar, seguía muy caliente. Luis quedó en ropa interior y se acostó también, y no pudo evitar echar alguna mirada a Mateo. La tenían más o menos igual de grandes, unos 16 centímetros, aunque Mateo tenía algo más de vello.

Al final se lanzó, la situación era excitante y llevaba sin cascarsela desde que había llegado a Irlanda. Sin decir nada, y amparado por la oscuridad, metió su mano dentro del bóxer de algodón y comenzó a masturbarse. Se acordó de Sandra, y en si tendría alguna posibilidad con ella, pero pronto su mente le llevó por otros lugares. La imaginaba desnuda, bailando para él. No se sentía bien pensando en ella de esa forma, pero no podía evitarlo. Por suerte Mateo le distrajo:

-Anda, al final te has animado tu también...

-Si, es que desde que llegué no me había hecho ninguna, y la verdad es que ya había ganas.

-Pues por mi no te cortes, cuando te quieras hacer alguna, tu mismo. Mejor así, que con el chico que estaba antes en la habitación era una putada, el cabrón era italiano y era más católico que el Papa. Bueno, ya te lo contaré, que te voy a descentrar.

Lo había conseguido, pero a Luis le vino de perlas. Trató de dejar la mente en blanco y comenzó a cascarsela con más fuerza. Mateo también lo hacía a un buen ritmo, y no tardó en correrse. Se levantó sin decir nada y se fue al baño a limpiarse. A la vuelta, Luis había terminado también. Mateo le alcanzó un trozo de papel, y una vez descargados y limpios, se durmieron sin más.

El día siguiente transcurrió con normalidad, la rutina recién adquirida de las clases por la mañana y las excursiones agotadoras por la tarde. Ese día tocaba Belfast y tres horas de ida y otras tres de vuelta destrozan a cualquiera. Tanto Luis como Mateo se acostaron tan pronto como llegaron al campus. Aun tenían muchos días para intimar con Sandra y Giulia.

La noche pasó, y llegó el viernes, y ese día la fiesta solía trasladarse al centro de Dublín. Luis y Mateo acabaron pronto sus clases, y como por la tarde no tenían excursión, se prepararon para ir a la capital con la gente de su clase. Probablemente ni Sandra ni Giulia irían con ellos, pues estaban en otras clases, pero siempre podían coincidir en algún sitio. Ya tenían más o menos controlado donde podían entrar sin que les pidieran acreditar su edad, así que no debería haber problemas.

El autobús de dos plantas que llevaba a Temple Bar iba repleto de estudiantes españoles e italianos, que amenizaban la media hora de viaje compitiendo por quien cantaba más fuerte. Luis estaba un poco descolocado, pues esos jaleos no le gustaban demasiado, pero Mateo estaba en su salsa.

Al fin llegaron y después de callejear un poco por las calles turísticas, entraron en un pub. No había mucha gente pues todavía era de día, pero el grupo de estudiantes no tardó en llenar el local. El precio de las bebidas era algo desorbitado, así que la mayoría se decantaba por lo asequible, las típicas pintas de cerveza negra. Mateo era ya todo un adicto, y consiguió que Luis se sumara a su afición. No era lo mejor que había probado, pero aquel sabor amargo no estaba tan mal. Antes de salir del local ya se habían tomado un par de pintas, y a Luis se le notaba la falta de costumbre. Iba algo mareado, pero sabía lo que se hacía. Le dijo a Mateo que necesitaba descansar un poco, y se separaron del resto del grupo. Se sentaron en la concurrida Temple Bar Square a tomar un poco el aire, mientras que los demás entraron en otro pub de la zona.

La noche comenzaba a caer, y la zona se llenaba de turistas y lugareños con ganas de fiesta. Aquel tumulto no hacía mucho por el mareo de Luis, que poco a poco se recuperaba. Finalmente se levantaron para comprar algo de comer en un supermercado y entraron al pub donde estaban sus compañeros, sin intención de beber nada más, eso sí. Sin embargo, la cosa no iba a ser tan fácil, ya que ahora la puerta estaba flanqueada por un vigilante con cara de no disfrutar mucho de su trabajo. Lo intentaron, pero fue inútil. Tampoco era plan de estropear la fiesta a los demás, así que dieron un paseo por allí, hasta que se hartaron y se volvieron al campus. No eran ni las 11, pero tenían la esperanza de que en el campus hubiera algo de jaleo.

Aquel no era su día, en la sala donde solían reunirse solo estaban un par de italianas hablando animadamente de sus cosas. Se fueron a la habitación sin muchas ganas de dormir, pero no quedaba mucho más que hacer. Estuvieron hablando hasta tarde de sus experiencias con las chicas, de sus casi inexistentes contactos con el sexo o de sus gustos sobre chicas.

El sábado no había clases, pero sí excursiones. Mateo y Luis estaban apuntados a una a Kilkenny que duraría todo el día. Era una ciudad interesante, pero después de varios días viendo iglesias medievales y escarpados acantilados, podía aburrir a cualquiera. Lo interesante de aquel día vendría a la vuelta.

Luis estaba cansado de tanto andar, pero Mateo no estaba dispuesto a perderse otra noche de fiesta. Al final se prepararon y se fueron a la sala de reuniones. Había bastante gente ya pese a que era pronto, pero no estaba ninguna de sus chicas. Se echaron un par de calimochos y se pusieron a charlar con la gente de la fiesta.

Poco a poco la cosa se fue animando, el alcohol corría y las risas cada vez eran más escandalosas. Mateo y Luis hablaban con Rafa, que de nuevo estaba que no se tenía en pie. Era un caso extraño. De día era un chico introvertido, que apenas decía nada, pero en cuanto bebía se soltaba la melena y era capaz de subirse en calzoncillos encima de una mesa a las 5 de la mañana y despertar a medio campus con sus alaridos. Precisamente de eso hablaban, de aquella noche, aunque Rafa parecía no recordar muy bien lo ocurrido.

En eso estaba cuando una mano se posó en la espalda de Luis. Era Sandra.

-Hola chicos, ¿dónde os metéis? Hace un par de días que no se os ve el pelo...

-Ya, es que con la mierda de las excursiones...-Se excusó Luis.

-¿Qué tal, hermanita? ¿No habrás visto por ahí a Giulia?

-Joder, que tío... ¿No ves que esa solo se está cachondeando de ti? A esa lo que le van son los tíos mayores...

-Que no Sandra, que esta quiere algo, te lo digo yo...

-Tu mismo. Pero luego no me vengas llorando. Oye Luis, ¿te vienes a dar una vuelta?

-Bueno, vale... –Tartamudeó. Le flojeaban incluso un poco las piernas, pero no podía dejar pasar la ocasión de volver a estar a solas con ella.-Luego nos vemos chavales...

Aquella noche era particularmente calurosa, y en el cielo no había una sola nube. No estaban muy lejos de la ciudad, pero aun así se divisaban un buen puñado de estrellas. Sentados frente al lago central del campus, aquella noche idílica parecía no ir con Luis y Sandra. Estaban demasiado ensimismados el uno en el otro como para darse cuenta del espectáculo que la naturaleza les ofrecía.

Ambos se habían dado cuenta de que congeniaban a la perfección, y que tarde o temprano uno de los dos acabaría dando el primer paso. Hablaban tranquilamente de sus cosas, de su vida en España, sus amigos, y sus aficiones mientras Sandra pensaba en lo poco que tenía que ver Luis con Jose, su ex. Aquel era un chulito de barrio que había aprovechado la estancia de Sandra en Dublín el año anterior para sumar unas cuantas más a su lista. Al final todo aquello se acabó destapando, y Sandra juró pasar de los chicos por una buena temporada, pero aquel parecía un buen momento para romper su juramento. Pero antes, debía asegurarse:

-¿Y entonces no estás saliendo con ninguna chica?

-No, la verdad es que no. Hasta ahora no he salido con ninguna, con el rollo de los estudios y que luego en la pandilla somos solo chicos, pues...

-¿Y no te gusta ninguna de tu clase ni nada?

-Que va, son todas unas chulillas, se pasan el día detrás de los malotes con coche...

-Alguna habrá que no sea así...

-Bueno, hace poco me he dado cuenta de que no todas las chicas sois así. Tu por ejemplo no tienes pinta de ser de esas.

-Uy, como se nota que no me conoces. Si llegas a conocerme hace un año, seguro que no pensabas lo mismo.

-Bueno, pero te he conocido ahora. –Dijo Luis, algo sonrojado.

-¿Y te han besado alguna vez?

-No... –Dijo, terminándose de sonrojar del todo.

Sandra acercó sus labios a los de Luis, y acabó por rozarlos muy suavemente, esperando que fuese él quien diese finalmente el paso. Sin embargo, su acompañante estaba demasiado nervioso para actuar, y tuvo que ser ella quien culminara el acercamiento. Le besó suavemente, como tratando de enseñarle, pero con la ternura propia de quien descubre de nuevo el amor.

No muy lejos de allí, en la salita que ambos habían abandonado hacía cerca de media hora, Mateo y Rafa seguían charlando y bebiendo como si les fuera la vida en ello. Estaban ya bastante bebidos, y por eso estaban sentados en el suelo, porque de ahí ya no podrían caerse. En esas estaban cuando Giulia hizo acto de presencia. No traía cara de buenos amigos, y se fue directa a por Mateo.

-¿Puedes venir conmigo un momento fuera?

-¿Para que? –Replicó Mateo.- ¿Por qué no te sientas tu un rato?

-Porque tengo que hablar contigo en privado.

-Bueno, venga... Rafa, no te vayas a acostar, que me tienes que seguir contando lo del pavo ese...

Salieron al patio exterior, que comenzaba a estar bastante solitario. Era sábado, pero el que tenía ganas de marcha estaba en el centro, o reunido en alguna sala de su residencia. Aun así, un par de franceses bebían cerveza sentados en el césped, y un poco más allá una española y un alemán se comían la boca mientras miraban las estrellas.

-¿Qué me querías decir? –Espetó Mateo rompiendo el silencio.

-Nada en especial, solo quería estar contigo solos.

-¿Qué pasa, que al final no has podido resistirte a mis encantos?

-Ya quisieras... Me apetecía verte, hace unos días que no discuto contigo.

-¿Y qué, has ligado mucho estos días que no te he visto?

-No, me acosté con un inglés anoche, pero nada más.

-Te estás reservando para mi, claro...

-Ya te dije que hasta que no me demostraras que no dabas la talla, nada.

-¿Y que leches quieres que haga? ¿Me la saco aquí en medio para que veas que doy la talla?

-Bueno, podría empezar con eso...

-Venga ya, tu lo flipas, esto está lleno de gente.

-Pues nada, peor para ti.

-Está bien...

En circunstancias normales, hasta Mateo hubiera mostrado un poco de dignidad y hubiera rechazado la propuesta de Giulia, pero había bebido demasiado como para medir las consecuencias. Se desabrochó los vaqueros y mostró su rabo, que aun no estaba empalmado. Giulia le miraba como quien mira a un cuadro más después de un día entero recorriendo un museo.

-¿Me la puedo guardar ya? –Dijo Mateo casi en un susurro.

-¿Eso es todo lo que sabes hacer?

-¿Y que coño quieres que haga? ¿Qué me casque una paja en medio del patio? Tu estás loca...

-Estamos en un rincón, no nos ve nadie. Solo quiero que me demuestres que te pongo cachondo.

-¿Y porque no me la cascas tu? Total, no te cuesta nada...

-Empieza tu, no te prometo nada.

Sin demasiadas ganas, comenzó a masturbarse delante de ella, sin perder ojo al resto de estudiantes del jardín. Todos parecían mirar para otro lado, pero aquello no le hacía nada de gracia. Sin embargo, su polla parecía no pensar lo mismo, ya que con tan solo unas pocas sacudidas ya mostraba su máximo esplendor. Giulia no parecía impresionada, pero en el fondo disfrutaba con el espectáculo. Después de lo que había pasado con algunos tíos, le encantaba someter a los hombres, tenerlos a su merced para acabar usándolos a su antojo. Era su forma de vengarse. Su breve tanga comenzaba a humedecerse bajo su ajustado pantalón de cuero, pero no debía dar muestras de ello hasta que no fuese el momento.

Aquella situación era algo incomoda para Mateo, pero tenía que reconocer que tenía su morbo. Se la estaba cascando a la salud de Giulia por enésima vez, con la salvedad de que esta vez la tenía delante. No sabía hasta que punto no le estaría simplemente humillando, pero en el peor de los casos, esa humillación solo duraría unos días, hasta que volviera a España. Allí, nadie sabría lo ocurrido.

Entre los pensamientos que se agolpaban en su cabeza, y el alcohol que tenía en las venas, le estaba costando un mundo centrarse. Trataba de observar el escote que tenía delante, el suave abdomen que asomaba por debajo de su camiseta, pero aquello no era suficiente. Pensó en pedirla ayuda, pero podría ser peor el remedio que la enfermedad. Cerró un instante los ojos y aceleró el ritmo, tratando de pensar en la recompensa que le daría su sacrificio. Tuvo éxito, y diez minutos después de haber sacado su polla del pantalón comenzaba a sentir el hormigueo que precede al orgasmo.

Giulia intuyó que su presa se acercaba al final, y decidió dar un paso más. Se agachó con un solo movimiento rápido, y se metió la polla de Mateo en la boca sin darle tiempo a reaccionar. Succionó con fuerza, al tiempo que le pajeaba, como solía hacer cuando pretendía que su acompañante se corriera. Mateo no iba a ser una excepción, y no aguantó ni un minuto aquella nueva sensación. Tuvo que apoyarse contra una pared para que sus piernas no cedieran mientras sentía como si llevara toda la vida sin correrse.

Giulia no paró de chupar hasta que sintió que su polla había vuelto a su estado de flacidez. Sin decir nada, escupió el semen en un vaso de plástico vacío que había en el suelo, y dejó a Mateo allí, tratando de recuperar el aliento y la cordura. "¿Ha sido real o me han echado algo en el calimocho?", se dijo mientras se subía la bragueta. La sombra de Giulia alejándose aun era visible en la otra punta del patio, con lo que se hizo a la idea de que era real. "¿Me ha hecho esto para que deje de atosigarla o porque quiere guerra?", pensó. "¿Por qué no hemos ido a su cuarto a terminar la faena?". Demasiadas preguntas para una cabeza que empezaba a dolerle. Decidió irse a dormir, y se echó en la cama sin quitarse la ropa.

A los pocos minutos, y sin que Mateo se enterase, Luis entró también en la habitación sin hacer ruido y se acostó sin dejar de sonreír. Había sido una noche maravillosa, aunque dolorosamente corta. Apenas había tenido unos minutos para aprender a besar, pues Sandra debía madrugar al día siguiente, pero lo suficiente para confirmar que quería a esa chica. Y después, el miedo. Había malgastado casi una semana, y en pocos días volverían a España. Allí, 600 kilómetros les separarían, pero no era cuestión de amargarse, sino de disfrutar cada momento con ella. "Una semana da para mucho", pensó Luis justo antes de quedarse dormido.