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AL FINAL GOZO CON LOS TRES Le propuse varias veces introducir a otro hombre en la cama y se negó rotundamente, hasta que le hablé a dos amigos para que compartieran la cama conmigo |
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Siempre
que hacemos el amor con mi mujer me parece que queda insatisfecha. No se
si es porque yo ya no tengo la plenitud de mis 20 años o porque ya no
me quiere como antes. Reconozco que el juego amoroso previo no es muy
intenso pero lo que pasa es que cuando me parece que ella está
preparada la penetro y cuando acabo noto que ella no lo hizo y pretende
seguir. Lo intento por un rato pero después se me pone fláccida y
entonces me retiro porque veo que ya es inútil continuar. Es
el momento en que sale disparada para el baño y se queda por un buen
tiempo ahí. Sospecho que se masturba pero nunca me lo reconoció. Es más,
cuando le pregunto si está todo bien me dice que sí y no me reprocha
para nada mi forma de actuar. Así
que por más que no me dice nada me empecé a preocupar. Cuando éramos
más jóvenes no quería que se la sacara aunque no estuviera erecta y
así nos quedábamos dormidos. Por eso mis dudas respecto si ella se está
ahora demorando más o soy yo el que se apura y entonces ella nunca goza
hasta que no se acaricia sola en el baño. Le
propuse varias veces introducir a otro hombre en la cama y se negó
rotundamente. Solo aceptó que comprara un consolador que cuándo se lo
pongo hace tremendos esfuerzos para no llegar al orgasmo, como si le
diera vergüenza acabar con ese aparatito y no conmigo, pero yo continuo
penetrándola con él hasta que se lo quita bruscamente y queda
extenuada. Pienso que ahí sí acabó. La
verdad es que no me gustaba realmente que otro hombre se la cogiera pero
si la felicidad de ambos dependía de que ella fuera feliz y quedara
satisfecha luego de sus relaciones sexuales no dudaría en aceptar
cualquier cosa para ello. Pensé que lo mejor era convencerla de una
vez, así que insistí con mi propuesta y siguió negándose, por lo que
le dije que el día menos pensado se encontraría con otro u otros tipos
en la cama además de mí que la harían gozar como nunca. Me sonrió y
me dijo que estaba loco, lo que me dio pie para jugármela. Le
hablé a dos amigos para que compartieran la cama conmigo porque no quería
meter a ningún extraño en casa.. Ellos no podían creer lo que les
estaba pidiendo pero cuando les conté el motivo de mi petición
accedieron sin reparos. Otra
vez la duda, lo hacían para hacerme un favor a mí o porque los muy
caraduras les encantaba la idea de cogérsela ya que ella tiene muy
buenas tetas y muy lindas piernas. El culo es un poquito chato pero no
está caído y además, no me puedo olvidar las veces que me pidió que
se la metiera por ahí. Eran otros tiempos. La
condición que le había impuesto a los muchachos además de discreción
total era que podían no usar preservativo pero que cuidaran la
circunstancia de acabarle dentro de su conchita, no fuera que después
nos encontráramos con una sorpresa y se complicaba todo. Sí
podían hacérsela chupar y retribuirle la atención y también atacar
por detrás si ella no se oponía. Se sorprendieron que les dejara hacer
esto último porque según confesaron con sus esposas nunca lo habían
hecho porque no se lo permitían. Llegó
el día. Era sábado y aprovechando que los chicos estarían ausentes
hasta la noche programo todo. Los llamo y ellos con la excusa de
encontrarse para ver un partido salen sin problema de sus casas sin
problemas y entran en la nuestra sin que ella se de cuenta. Con
una excusa la invito a recostarse un rato y acepta de buen gusto porque
dice estar algo cansada. Sin dejar que se duerma la empiezo a acariciar
y me rechaza al principio pero poco a poco va cediendo ante el avance de
mis manos por sus zonas erógenas. Después
de un buen rato de caricias le vuelvo a preguntar si no le gustaría
hacerlo con otros hombres y me repite que no, que no hinche más con
eso. ¡Qué
lástima! le dijo al oído porque te tengo una sorpresa. En cualquier
momento se nos unen dos amigos y juntos vas a ver que la pasaremos muy
bien. Me dice que no me cree que haya llegado a eso pero e empieza a
poner nerviosa y su respiración se acelera. Gira
su cabeza hacia la puerta y como no ve a nadie me mira con una sonrisa
burlona como queriéndome decir que era todo verso y continuamos con las
caricias. A esta altura estamos los dos desnudos y ella encima mío tratándose
de meterse mi poronga que ya estaba toda erecta en su agujerito. Cuando
sintió que otra mano que no era la mía le acarició su cola giró rápidamente
y se encontró con nuestros amigos desnudos al lado de la cama. Se separó
inmediatamente de mí y se sentó sobre la cama tratándose de taparse
con ambas manos su desnudez. Estaba preciosa así y daba una imagen por
demás erótica a pesar de la bronca que denotaba su rostro. Les
gritó que se marcharan, que éramos todos unos degenerados y que ella
no era una puta. Se puso a lagrimear y preguntó por qué le hacían
esto a ella y a sus esposas. Por qué la humillaban de esa manera si
ella nunca les había dado motivos para ello. Los
dos se quedaron sin decir palabras hasta que el más serio le dijo que
tenía razón, que los perdonara, que podía pensar cualquier cosa de
ellos y de mí, pero que no lo hacían con mala intención, que acudían
a mi llamado porque yo pensaba que ella ya no disfrutaba de nuestros
encuentros y que necesitaba más sexo del que yo le podía brindar y
ellos luego de mucho pensarlo accedieron a ayudarme. Le juraron que
nadie se enteraría nunca de ello salvo que ella hablara y que sería
esa sola experiencia y después volverían a su vida normal siendo nada
más que amigos como hasta ahora. Mi
mujer poco a poco fue aflojando. Me dijo que era un hijo de puta, que
ella conmigo solo estaba bien pero que si yo consideraba que lo
necesitaba estaba dispuesta a probarme que ello no era cierto. Me
preguntó si mi gustaba verla coger con otros hombres y eso me hizo
sentir mal y no le contesté nada. Le
dí un beso en la boca y comencé a acariciarle los pechos. Ella
entonces casi sollozando se volvió a subir mío y empezamos a movernos
de nuevo. Me sentí mal y casi suspendo todo pero dudé un instante y en
ese momento el más fiestero le acercó su pija a la cara y ella sin
mediar palabras empezó a acariciársela y después, mirándome de
reojo, se la introdujo lentamente en su boca. No dije nada y continué
en lo mío. El
otro que estaba ubicado a nuestros pies le empezó a lubricar el
agujerito del culo, Primero besándoselo y luego con un gel que había
traído expresamente. Ella exhaló un gemido pero no le negó la entrada
así que el viendo que se estaba dilatando acercó su verga también
lubricada y empezó a metérsela suavemente. Yo
seguía con mis movimientos y parecía que iba a acabar. No solo por lo
que estaba haciendo sino por lo verla de tal manera a mi mujer. Estaba
siendo cogida por los tres y se la bancaba como una lady. Ella
sin dejar de mamar la pija
se acomodó para recibirnos a los dos simultáneamente. Yo por la
concha y el otro por el culo. En ese momento me pareció que nuestras
pijas se tocaban debido a lo delgado de las paredes. Pero era solo
impresión. El
espectáculo era inenarrable. Ella estaba con todos sus agujeros
ocupados y gemía de gozo. El primero en acabar fui yo pero se la dejé
adentro y por suerte la mantuve erecta un buen rato. Luego acabó el que
se la ponía por detrás sacándola y tirándole la leche por su cintura
y nalgas. Ella
ya no aguantaba más y aceleró los movimientos de su boca ayudada por
sus manos. Cuando sintió el primer chorro en su boca se la sacó salpicándose
su cara y las tetas y parte de mi cuerpo que estaba debajo. Después
de un rato de relax se fueron invirtiendo las posiciones y al tiempo que
se la chupaba a uno se dejaba coger por el otro mientras yo observaba
todo con calentura y resignación a la vez. Descansamos
otro poco mientras nos masturbaba y chupaba indistintamente para que
nuestros miembros estuvieran erectos con prontitud cosa que no ocurrió
fácilmente. Al
primero que se le paró totalmente fue al fiestero, que era además el más
joven, y entonces se le subió encima y comenzó a cabalgarlo. Se lo
cogió prácticamente en pocos movimientos y acabaron simultáneamente
en un grito de gozo y placer. Luego
el otro la dio vuelta y se la introdujo suavemente desde atrás (no por
el culo) mientras ella me la estaba chupando. Ahí
sí mis amigos se dieron cuenta que no les había mentido y que ella
necesitaba más sexo del que yo le podía dar. Después
de un rato de seguir tocándonos dijo que se quería dar una ducha y se
retiró de la cama dejándonos a los tres solos sin decir palabras. Cuando
regresó lucía maravillosa y nos invitó a compartir un café con ella.
Charlamos de cualquier tema y ninguno de los presentes hizo alusión a
los momentos vividos.
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Datos del autor: euge46@tutopia.com
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