La infidelidad de leticia

Nuestro protagonista acaba de presenciar la infidelidad de su hermosa mujer, cómo reaccionará y qué hará después?

Se encontraba perplejo por lo que había pasado minutos antes, el temblor de todo su cuerpo mostraba lo excitado que estaba, un hilillo de sudor resbalaba por su mejilla, el rostro pálido, las manos frías.

Atravesó la calle sin siquiera poner atención a los autos que es acercaban aceleradamente. Momentos antes había llegado a su casa sorpresivamente, cosa que no acostumbraba hacer pues siempre daba aviso a su esposa al salir del trabajo. Era un hombre muy predecible pero ese día fue la excepción. Debido a la auditoría que tuvieron en la empresa, Esteban salió de trabajar apenas unas horas después de haber iniciado su día de trabajo.

Su esposa, una chica de 29 años, de estatura mediana, blanca, complexión regular y con un cuerpo deseable, sobre todo con unos senos grandes y una piernas muy torneadas. Se diría que formaban una familia típica de clase media, con dos hijos aun pequeños. Esteban por su parte era un hombre de 30 años, 1.70 m, complexión regular, blanco, normal.

Ese día Esteban llegó a su casa y abrió la puerta. Eran las 11 de la mañana, dejo su portafolios sobre el sillón. Su esposa no estaba en la sala por lo que supuso que estaría en el piso de arriba. Subió las escaleras y a medida que se acercaba a la habitación percibía algo extraño y se puso alerta. Caminó con cuidado sobre la alfombra procurando hacer el menor ruido posible y se acercó a la habitación de donde emergían ruidos extraños. Sin querer su pulso se aceleró a medida que se aproximaba, las manos sudorosas denotaban la ansiedad que sentía ante lo inevitable, ante lo que quería negar a toda costa y sabía que vería. Finalmente se colocó cerca de la puerta y pudo ver angustiado por ese espacio pequeño abierto entre la puerta y su realidad. Ahí estaba su esposa, ¡Cogiendo con otro, convertida el la gran puta! y ese otro era nada menos que su vecino, el Sr.Pedro Almarás. Un señor de aproximadamente 45 años, entrecano, robusto, moreno¡y con la herramienta dentro de su esposa!

Una sensación extraña invadió su cuerpo, esa sensación que embriaga los sentidos, una mezcla de celos, impotencia, desconcierto y lo más desconcertante¡excitación! Esta sensación lo paralizó.

Ayyyy! Así, Uyy que rico!, dame más, si.. si.. si.. Los gemidos de Leticia lo regresaron a la realidad. Se encontraba con las rodillas sobre la cama e inclinada hacia el frente, de tal manera que el Sr. Pedro se la estaba jodiendo por detrás como a ella le gustaba.

El Señor Pedro le sujetaba las caderas fuertemente a cada embestida; el choque de las nalgas de su esposa contra los inflamados testículos de su amante fue algo que quedaría grabado por mucho tiempo en la memoria de Esteban y esa verga, verga enrojecida y palpitante, con la rigidez que produce la joven carne que se le entrega sin prejuicios, con obscenidad y la sensación de fornicar con la chica que día tras día, desde que llegaron a esa colonia, a esa calle, se le insinuaba discreta pero sensualmente a todo momento. Esteban no lo supo hasta ese momento, pero su esposa a pesar de su personalidad tranquila tenia fuego en las venas, ganas de experimentar algo más que las breves sesiones de sexo que le dedicaba su esposo cuando podía y el cansancio del trabajo y la monotonía se lo permitían. No, esto era prohibido y por tanto mucho más erótico, más carnal. Y sin querer ese frenesí estaba llegando a él a través de sus ojos.

Desde la posición que guardaba, Estaban podía observar las nalgas del Sr. Pedro, sus testículos y parte de su tranca entrando y saliendo una y otra vez de la vagina de su esposa. Sudoroso, disfrutaba en grande cada parte de ella, maniobraba con destreza sabedor del efecto que estaban produciendo sus movimientos. Ambos empezaron a acelerar el ritmo buscando dar alivio a sus cuerpos y Esteban, petrificado, vio como el esperma del tipo inundaba la vagina de su esposa, el líquido blanco escurría por entre las piernas de Leticia mientras ella gritaba fuera de si ¡métemela, quiero tu leche , así dámelaa, me gusta, me guuustaaahhh.. Después de unos momentos en que ambos cuerpos se convulsionan al unísono, se desplomaron en la cama y Esteban como alertado, temiendo ser descubierto se retiró lentamente de la puerta, tomó su portafolios y se marchó sin hacer ruido.

Sumamente confundido, estuvo vagando por el resto del día, no terminaba de comprender la sensación que le produjo esa escena, una gama de sentimientos encontrados se debatían en su interior, desde los celos más penetrantes hasta la excitación y el deseo más profundos.

Después de estar vagando por mucho tiempo, y viendo que anochecía, decidió regresar a casa, no decir nada a su esposa y esperar a que se aclararan sus sentimientos, definir lo que sentía. A medida que emprendía el retorno le era difícil controlar el temblor de su cuerpo, no podía quitarse de la mente los gemido de Leticia mientras la penetraban, la forma en que su amante la poseía, la forma de ese pene entrando y saliendo de su vagina. Sin apenas percibirlo, y al amparo de la obscuridad se bajó el zipper de su pantalón y empezó manipular su instrumento mientras recordaba esas escenas. Su esposa gimiendo y en esa posición que resultaba extremadamente impúdica, obscena. Las nalgas al aire mientras la cabeza de la verga de su vecino entraba abriéndose paso, y la forma en que ella se mojaba. Desde que eran novio no se mojaba de esa manera, al grado de escurrir el líquido entre sus piernas, prueba innegable de lo cachonda que estaba. Mientras pensaba esto aceleraba la fricción en su pene hasta que explotó descargando toda la tensión acumulada y eyaculando sobre su pantalón, manchando el asiento de su coche. Como pudo se las arregló para tomar unos kleenex y limpiarse mientras daba vuelta en el semáforo y recorría las últimas calles hacia su casa.

- Espérame un momento ya salgo- contesta Esteban a su esposa desde el cuarto de baño, mientras se cepilla los dientes para ir a dormir.

Durante la cena no notó nada extraño en la actitud de Leticia y él por su parte no se atrevió a comentar nada aunque se moría de ganas de saber todos los detalles de la relación que estaba sosteniendo con su vecino. Sobra decir que la verga se le paraba solo de imaginar y saberse cornudo. Terminando de enjuagares la boca se inclinó sobre la toalla par secar el exceso de agua de sus comisuras justo sobre el cesto de la ropa sucia. Ordinariamente su esposa se despoja sus bragas y el sostén todas las noches y los arrojaba sobre el cesto antes de dormir, ya que acostumbra irse desuna a la cama; pero ese día solo el sostén se encontraba ahí lo que despertó la curiosidad de Esteban, quién empezó a hurgar entre la ropa. Vació el cesto sobre el piso y ahí, oculta entre uno jeans de mezclilla, se encontraba una pantaleta negra manchada con lo que él intuyó era semen cristalizado. Excitado, olfateó la prenda mientras friccionaba suavemente su endurecida verga, se enardecía al pensar como se jodían a su mujer, como la

- Date prisa que necesito entrar amor!- La voz de Leticia lo sobresaltó y como pudo regresó toda la ropa a su lugar- ¡Ahora salgo!- Se acomodó la verga como pudo y abrió la puerta.

Me estoy orinando - dijo Leticia sentándose en el baño- Esteban fingió lavarse las manos, dando la espalda a su esposa y ocultando el bulto entre sus piernas que lo hubiera evidenciado.

-Cómo te fue el día de hoy, que hiciste?- no pudo evitar preguntar a su mujer-

- Nada en particular, arregle la casa, vi la televisión, hable con mi mamá por teléfono, siempre con los problemas de papa, ya sabes nunca faltan ¿y a ti como te fue?- preguntó mientras secaba su vagina y bajaba la palanca del baño

- Bien, salí muy temprano de trabajar porque hubo un problema en la oficina, llegó auditoría

- A que hora saliste?- No pudo evitar cierto nerviosismo en su pregunta

- Como a las dos de la tarde- mintió

- Y que hiciste el resto del día, por que no llegarte a casa?- preguntó acercándose al lavabo par lavarse las manos, un poco más tranquila.

Esteban contestó cualquier cosa, colocándose detrás de su esposa, acariciando sus senos mientras pasaba su lengua por el cuello y pegaba la verga al culo de su señora.

Espérate- Le increpó su Leticia- pero Esteban hizo caso omiso a los reclamos mientras deslizaba una de sus manos hacia su vagina. Con sus dedos masajeo suavemente el clítoris, sintiendo como su cavidad se mojaba poco a poco

-Espérateno Esteban! - Esteban le frotaba la verga entre las nalgas mientras continuaba con el trabajo de manos y boca. La Inclinó hacia delante, con las manos apoyadas en el lavabo y desde atrás hundió su boca en la espesura de su vagina, queriendo saborear lo que unas horas antes había disfrutado su vecino. Introdujo su lengua, moviéndola hacia arriba y hacia abajo mientras ella gemía. Sus manos sujetaban ambas nalgas, separándolas para permitir una mejor penetración de su boca. Sorbió una y otra vez el líquido que emanaba de su dulce rincón.

Esteban se levantó, bajo su trusa mojada por sus propios líquidos y hundió su verga mientras sus manos regresaban a los senos, acercando la boca al oído de su mujer.

- Sabes que me calientas mucho mamita?-

- Sí- contesta ella entre jadeos, con los ojos cerrados, mientras se aferra a los bordes de lavabo con cada arremetida

- Te gusta que te la meta?

- Sí me encantaoohh!

- Sabes, hay algo que siempre me a intrigado, que me calienta mucho.es la posibilidad de poder compartirte, que alguien disfrute de este cuerpoque lo goce

- Aaahhhsi? - Esteban sintió la reacción ante su propuesta. Leticia se movió atrás y adelante queriendo sentir más el roce de su verga. Esa posición siempre le permitía imaginarse sometida por un extraño. No pudo evitar recordar el encuentro por la mañana e imaginó que era él quien la penetraba en ese momento, alentada por los comentarios de Esteban.

- Sí pequeña, alguien que te hunda su verga, se coma tus tetas, te disfrute toditaOhh.te gustaría?

- Sí.. . si me gustaría

Ambos empezaron a moverse con mayor ritmo inmersos en su propios pensamientos, que a la vez eran uno solo: su vecino. Se movieron más aprisa

Sí , si si másAhhh- Gemía Leticia mientras llegaba

Que rica estás mamita, un poco más... Oooohhhh - La visión de esa verga entrando y saliendo de las nalgas de su esposa fue el detonante para inundar de semen esa vagina, mientras con sus manos se aferraban con desesperación a sus caderas.

Por un momento se quedaron quietos mientras regresaban a la realidad.Esteban se sintió satisfecho pero con cierto dejo de culpabilidad, no era lo mismo estar caliente que ver las cosas fríamente. Decidió dejar pasar el incidente y no pensar por el momento.  

 

                 Datos del autor: Alejandro H.

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