Regalo de navidad

Unos amigos se reúnen en casa de una mujer cuyo marido, está trabajando en otra ciudad. Ella está muy caliente y necesita el sexo que su marido ausente no le proporciona. Su amigo más íntimo se encargará de satisfacerla y además desvirgar su culito

Él es uno de mis grandes amigos, compañero de universidad, y de muchas andanzas. Desde que lo conozco esta con Paula, y desde hace unos cinco años se casaron. "La mujer de mi amigo para mí es mujer muerta"; en eso creía. Este año Patricio se fue a trabajar al Norte del país, su señora seguiría en la Capital, al menos por unos meses, hasta que él se instalase en su nueva ciudad.

La vida fue normal, los amigos seguíamos viéndonos; aún cuando Patricio ya se había ido, Paula de todas formas se juntaba con los amigos, a veces era la única mujer del grupo, y tenía que soportar los chistes doble sentido que siempre hacíamos. La confianza fue aumentando, día a día.

Hoy, Navidad fuimos con un amigo a ver a Paula, estaba sola, y además Patricio nos pidió que no la dejáramos sola, ya que era la primera navidad después de muchos años en que no estarían juntos. Al llegar y saludarnos todo fue normal, yo me senté en un sofá, y ella se sentó en una silla del comedor frente a mí, nuestro amigo estaba en otra silla frente a Paula, pero con la mesa de por medio.

La conversación giraba de un tema a otro, muchas risas, somos buenos amigos y nos tenemos mucha confianza. De pronto me percaté que el vestido que llevaba Paula tenía una gran abertura al frente por lo que al cruzarse de piernas éste caía hacía sus lados, dejando a mi vista dos estupendas piernas. Mis miradas se fueron haciendo más persistentes, hasta que ella lo notó y se cubrió las piernas. Yo seguía mirando por si nuevamente su vestido caía hacia los lados. Después de unos minutos volvió a escurrirse el vestido y sus piernas nuevamente quedaron frente a mí, solo que esta vez ella abrió sus piernas y pude ver sus bragas blancas. La visión hizo que mi pene se pusiera a mil de inmediato. Mi mirada fue tan penetrante que ella pareció sentirla, porque al darse cuenta del espectáculo cerró sus piernas de inmediato y se cubrió nuevamente. Mi erección fue tremenda y no la podía ocultar, mi otro amigo seguía hablando y hablando; Paula se sintió un tanto incómoda, y al darse cuenta del bulto en mi pantalón, se sonrojó un poco, pero disimuló.

La situación seguía normal, mi pene erecto y Paula con sus manos entre las piernas, tapándose, pero de vez en cuando mirando mi bulto. Luego el tema derivó a algo que resultó fundamental. Nos contó Paula que en el departamento de arriba del de ella, una pareja hacía el amor casi todas las noches, y los jadeos y los gritos se escuchaban desde abajo. Nosotros empezamos a inquirir detalles, los que ella fue detallando, tanto así que dijo que con la lejanía de Patricio se le hacía insoportable el escuchar a una pareja teniendo sexo. El tema siguió ahí, ella nos detallaba los jadeos, las palabras que escuchaba, poco su vestido se fue abriendo nuevamente,(y mi bulto aumentando), ahora sus piernas se abrían y cerraban, la visión de su braga era para mi casi insoportable, en mi cabeza había sólo una cosa, sexo. De pronto mi amigo fue al baño, ella abrió sus piernas aún más, la visión ahora era espectacular, y me seguía hablando de sus vecinos.

Luego de unos minutos, fuimos a la cocina a preparar el té, la cocina es bastante estrecha, así es que aprovechando la situación pasé por detrás de ella, pasando mi pene por su nalgas; ella se sorprendió, pero su inquietud fue más el que Claudio se diera cuenta. Claudio jamás se imaginaría la situación.

Volví a pasar por detrás de Paula, claro que ahora prolongué un segundo el momento. Yo estaba completamente empalmado, casi como loco. La once pasó lento, pero nuestro jueguito seguía. Hasta que llegó la hora de irnos. Claudio se despidió primero, al hacerlo yo, la besé suavemente en los labios; su sorpresa fue enorme. Nos fuimos con Claudio hasta la esquina, el tomó su auto, yo me dirigí al mío, solo que me volví al departamento de Paula. Toqué el Citófono, me abrió inmediatamente, al entrar en el departamento, no hubo palabras, solo mirarnos en silencio, ella miró hacia el suelo y me dio la espalda, sin pensarlo la abracé por detrás, inmediatamente mi bulto lo deposité entre sus nalgas; le besé el cuello, mientras mis manos las dirigía a su senos, lo suficientemente grandes como para no poder tomarlos en mis manos. Sus pezones se endurecieron, se dio vuelta y nos besamos apasionadamente; atrás quedaron los remordimientos, mi amigo, la mujer prohibida; etc. etc solo existían una mujer sedienta de sexo por la lejanía de su marido, aumentada por los jadeos de sus vecinos, y el caliente de un amigo que respetó mujer alguna.

Nuestras lenguas juguetearon la una con la otra, apreté sus nalgas, eran duras y paraditas. Ella intentó separarse de mí, algo la hizo desistir, yo ya no iba a permitir eso, así que en el suave forcejeó, me agaché entre sus piernas y rápidamente lamí sus piernas llegando a su vagina, por encima de la braga, lamí su chochito, retrocedió unos pasos y se dejó caer sobre el mismo sillón donde yo estaba sentado hace un rato atrás. Abrí sus piernas y sin más demora, saqué sus braguitas, que ahora estaban húmedas, y contemplé un depilado coñito; era exquisito , lamía como si fuera un caramelo, sus jugos eran suaves y de rico sabor; ahora era ella la que jadeaba; mi cabeza entre sus piernas no le daba respiro, sus orgasmos se sucedieron uno tras otro. Mi dedo medio entraba con facilidad en su coño, ella gemía y se retorcía de placer, alternaba mi lengua con el dedo, lengua y dedo, lengua y dedo. Ella aprisionaba mi cabeza contra su vagina, así es que aproveché de meter mi dedo en su ano. Su agujerito estaba muy cerradito, costó que entrara, pero su gemido fue un gesto de aprobación. Comencé el mete y saca del dedo, mientras mi lengua seguía en su concha. Yo ya no daba más, me bajé como pude el jeans, sin dejar de magrearla. Me puse entre sus piernas, ella levantó su coñito, antes de metérselo, me dediqué a recorrer sus labios vaginales con mi pene; ella estaba con los ojos cerrados, movía su cabeza a ambos lados como desesperada. Mi pene recorría su vagina, hasta su ano; sentía que se estremecía cuando tocaba su ano con mi pene. La situación me fue advirtiendo que ella era virgen por ahí, lo que me hacía latir el corazón más fuerte. Me dirigí más a su orificio pequeño, a magrear más por ahí, cuando me puse a la entrada de su ano, sentí que empujó hacía mí, no resistí más y me decidí a penetrar su ano primero, empujé suavemente, estaba muy apretada, pero caían suficientes líquidos de su vagina como para lubricar la entrada. Empujé un par de veces más hasta que la cabeza del pene entró, ahora los gemidos eran de ambos; seguí entrando en ella, hasta que mis huevos golpeaban sus nalgas. El mete y saca era descomunal, mi pene sonaba como si estuviera pisando un charco. La corrida fue descomunal, salvaje. Caímos rendidos.

Sin palabras nos besamos nuevamente; ella comenzó a inculparse, me dijo que había sido su culpa, que ella me había provocado. La besé y le dije que esto no se trataba de culpas, que simplemente se había dado, era tan solo una situación especial. Era la primera que engañaba a Patricio, y nada menos que conmigo, uno de sus mejores amigos. Yo seguía besándola, en su cara, labios, cuello. Le pregunté lo que yo ya sabía, si había sido su primera vez por el ano, me dijo que sí, le pregunté que qué otra cosa no había hecho, "supongo que muchas" me respondió. Desabotoné su vestido, quedamos ambos desnudos, me subí sobre ella, y dirigí mi polla entre sus senos, los tenía grandes y esa oportunidad no había que desaprovecharla, comencé un bombeo salvaje entre sus senos, le dije que abriera la boca, así le daba lamidas a mi pene de vez en cuando. Cuando sentí que me corría le metí mi pene hasta los más profundo de su boca, no alcanzó a darse cuenta cuando mi descarga de leche inundó su boca; se tragó gran cantidad, pero igual caía semen por sus labios. Descansamos un rato, y nos fuimos a la ducha, pero yo no estaba dispuesto a dar por terminada las sesión de sexo. En la ducha seguimos besándonos, abrazados, estábamos pegados, mis manos recorrían sus nalgas. Por primera vez me pidió algo y me dijo "métemelo por favor", la situación, sus palabras me pusieron a mil nuevamente. La levanté tomándola de las nalgas, ella abrió sus piernas rodeándome y quedó en mi cintura, de a poco la fui bajando hasta que se ensartó completamente en mi pene; como es más baja de estatura que yo quedó completamente ensartada, casi colgando, yo me agachaba un poco, así ella podía darse un respiro, pero luego volvía a estirarme clavándole mi estaca hasta el estómago. Nos corrimos una vez más; la ducha demoró más de la cuenta. Salimos y al estar secándonos, yo me senté en el retrete, oportunidad que ella aprovechó para darme una nueva mamada; yo ya no daba más aun así mi pene se endureció otra vez, para no desperdiciar la oportunidad la senté de frente a mí sobre mi pene; la hice que me cabalgara un rato; luego la di vuelta y la ensarté por el ano nuevamente; esta vez ella dirigió la entrada; se sentó suavemente, hasta clavársela hasta lo más profundo. Me corrí otra vez, claro que esta vez no tanto.

Me vestí, ella siguió cubierta solo con la toalla; en la puerta nos besamos apasionadamente, oportunidad que aproveché para tocarla nuevamente e introducirle dedos en su vagina y ano... nos despedimos, y al llegar a casa, como no podía contarle a ningún amigo mi experiencia, me senté a escribirles; del futuro no sé qué vendrá, sólo sé que todo cambió, tal vez perdí un amigo...

 

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