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La sonrisa de los ángeles
Autor: Andy Tres seres humanos. Dos hombres. Una mujer. Y los ángeles. Para alcanzar mejor el hombre le quita las gafas. Ella se sorprende; el gesto tiene una carga inesperada de sensualidad. El hombre está detrás de Ella y continúa tocando su pelo, pero algo ha cambiado. El ambiente del cuarto de repente es diferente. Nadie dice nada. En aquel momento Ella se encuentra con la mirada del Otro. Un tácito acuerdo lo hace levantarse para acercarse a Ella. Como si le guiara una fuerza invisible, el Otro se agacha para estar en frente de Ella, y sin imitir palabra empieza a desabotonar sus vaqueros. El Otro le baja el cierre de los pantalones, lentamente, despacito. Nadie dice nada, pero algo a Ella le hace levantar la colita para que lentamente el Otro pueda empezar a sacarle los vaqueros. Simultánemente Ella siente los dedos del hombre por su cabello, sobre su mejilla, en su frente. No lo esperaban. No lo buscaban. Ahora lo quieren. Están por entrar a un país desconocido. Ninguno de los tres quiere ya detenerse. Ella empieza a tocar sus pechos con las manos. Los pezones están erectos. Levanta el corpiño. Su mano masajea los senos, con la punta de los dedos aprieta cuidadosamente los pezones. Le invade un deseo mágico de abrirse, de compartir. El Otro se posiciona con cuidado entre sus piernas abiertas. Acaricia sus piernas, despacito, de arriba para abajo. Las manos del hombre atraviesan su pelo. Con un dedo acaricia su cuello. Corre las tiras del corpiño y con las palmas comienza a masajear sus hombros recién desnudos. Son tres seres humanos. Una mujer. Dos hombres. Los ángeles, sonrientes, recorren lentamente el cuarto. Ella siente una leve corriente de aire contra su concha. Su aliento se aproxima al centro más íntimo de su cuerpo. Acerca sus labios a la textura de la bombacha. La muerde brevemente, levemente. De nuevo Ella levanta su colita. El Otro le quita con lentitud la bombacha, con un movimiento que dura una eternidad y un segundo. Siente con más intensidad la superficie ápera contra sus nalgas. Cuando los labios del Otro se encuentran con su concha Ella mueve las manos de sus pechos para apresar firmemente la cabeza del Otro. Con ternura, pero con decisión, empuja su cabeza para abajo, hacia el centro de su existencia. Se agarra de su pelo para forzar su cabeza hacia su regazo. El hombre se agacha detrás de Ella y toca su espalda con sus labios y su lengua, al mismo tiempo que acaricia sus senos con las manos. Masajea sus pechos. Toca sus pezones. El Otro le chupa la concha. Sus manos recorren sus nalgas. El Otro se afirma contra su vientre, al mismo tiempo que El le masajea los pechos y le besa la espalda. Los labios y la lengua del Otro se reúnen con la concha de Ella. Ella le sostiene la cabeza. Cada vez con más firmeza. El Otro sigue lamiendo, muerde prudentemente, labios con labios, por un momento la lengua desaparece en la abertura, Ella que le agarra la cabeza, su lengua que pasea por caminos húmedos, con una mano Ella le busca la mano del hombre, el Otro le agarra firmemente, la lengua que lame, desparece en la abertura, aparece de nuevo, los labios en reunión con el clítoris, las manos de Ella y de El, reunidas, juntas, los movimientos de la lengua, las manos que se aprietan, despacito, despacito, rápido, rápido, rápido… Tres seres humanos. Una mujer. Dos hombres. Los ángeles sonríen. Nuevamente. |
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