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LLAMADA A TRES
El sonido del móvil me despertó en mitad de la noche. Estiré el brazo y cogí el teléfono de la mesilla sin mirar, sin tener muy claro si sonaba o lo estaba soñando.
¿Si?- dije entre sueños.
Solo te llamo para que lo oigas, sé que te encantará oírlo.- enseguida reconocí su voz. Inconfundible. Sensual a cualquier hora del día o la noche. Los ojos se me abrieron como platos. Eran las tantas de la mañana de un día normal, entre semana incluso. Y él, me llamaba para que le oyera.
Sabía perfectamente a lo se refería.
Hacía unos días le había mandado un mensaje al móvil contándole una de mis fantasías más morbosas. Anhelaba ver como era sodomizado por otro hombre. Verlo, oírlo, olerlo incluso. Y que a su vez el me penetrara a mi. Saliese y entrase de mi cuerpo impulsado por las embestidas del otro.
Me incorporé en la cama, estaba completamente desnuda, siempre duermo así.
Después de esa gran frase comencé a oír gemidos.
Descríbemelo, todo, todo lo que está pasando, con todo los detalles.- le ordene ya completamente despierta. Una risa burlona se oyó desde el otro lado del aparato.
Estamos los dos denuedos. Él es… enorme, como a ti te gustan, con la espalda ancha y los brazos fuertes. Y su polla… ¡qué polla! Y lo bien que sabe, estoy seguro de que te habría encantado su sabor.- notaba como se me aceleraba en corazón con cada palabra. Pero no quería empezar a tocarme hasta que él me lo pidiese, porque estaba segura de que lo iba a hacer.- Mmm.- los gemidos se intercalaban con su conversación.- Ahora yo estoy a cuatro patas, de rodillas, a ti también te gusta así ¿verdad?
Ya sabes que sí.- mi excitación y mi sorpresa crecía por momentos.
¡Uf! Uno de sus dedos empieza a entrar dentro de mí… Mmm… Ahora son dos…
Te gusta ¿eh?
Sí tú también lo sabes.- hubo un pequeño silencio, solo se oía algún ruido que no supe del todo identificar.- Ahora está colocado justo detrás de mí. Acercando la cabeza de su gran polla a mí estrecha grupa. Estas húmeda, ¿a qué sí?
Todavía no me he tocado nada de nada, pero sí, estoy chorreando lo noto.
Empieza a la vez que nosotros.
Aja.- mi mano derecha recorrió mi ombligo para acabar paseando por mi ingles preparándose para empezar a jugar, deseando hacerlo.
Ah…- era un gemido raro, ahogado como contenido que mezclaba el dolor con el placer. Mis dedos se detuvieron en mi clítoris y le respondieron con otro gemido más. Él suspiraba, supongo que intentando relajarse para que entrara mejor esa polla que tanto ansiaba.
Buf, tienes que probar esta polla Sandra.- casi le costaba hablar, por experiencia se que la primera embestida es la más dura.
Dime cómo lo hace, ¿rápido o despacio? ¿Ha empezado fuerte o va aumentando poco a poco?
Eres una cabrona…Ha empezado lento pero profundo, muy profundo, hasta le fondo. Ahora le… está dando más… mmm… velocidad, más fuerte.
Dentro de poco no vas a poder ni habar ¿eh cabrón?
Se oían los gemidos del uno y del otro, aunque el otro no había dicho ni una sola palabra, no sabía si lo conocía o no, y la verdad, es que no me importaba.
Yo seguía masturbándome sin piedad, un dedo en mi clítoris y otro jugando en la entrada de mi ano. Hay un punto ahí que con un solo roce me derrito de placer.
Sujetaba el teléfono entre la oreja y el hombro, pero cada dos por tres, tenía que recolocarlo porque se me caía con los movimientos. Mis gemidos empezaron a hacerse más altos.
Dime qué te estás haciendo.
Mi mano derecha juega con mi clítoris… sin parar. De vez en cuando un dedo se escapa para meterse dentro de mi coño, así sale más húmedo todavía…
¿Y la otra? ¿Dónde tienes la otra mano?- no le respondí simplemente me dedique a meterme un dedo en el culo y dejar que ellos oyeran los gemidos que consecuentes.- La tienes en el culo ¿verdad? Te lo estás atravesando tú misma ¿no? Que cabrona estás hecha, casi eres peor que yo! Mmm. Ahora va mucho más rápido…, más… fuerte…, más profundo. Creo que va a partirme en dos. Me voy a correr. Se va a correr. Córrete con nosotros.
Sus palabras fueron el empuje que necesitaba para correrme yo también. Empecé a sentir ese fuego en el vientre que me era tan conocido, las cosquillas en las piernas, el nudo en el estómago.
Mi gemidos se convirtieron en gritos de placer que se fusionaban con los de él y el otro gracias al manos libres del teléfono.
Después de unos segundo de silencio a ambos lados de la línea, solo se oía el ruido de la respiración que quiere volver a la normalidad.
Me acerqué el teléfono al oído, ya que se me había ido un poco lejos con tantos movimientos.
Sabía que te encantaría. Esto ha sido sólo el preludio.
Colgó, dejé el móvil en la mesilla y, como me pasa siempre que me corro, caí en un profundo y húmedo sueño.